Pocos días antes de que el Parlament votara la declaración de independencia el 27 de octubre del 2017, colaboradores de
Carles Puigdemont se reunieron en
Montserrat para valorar las opciones del entonces president. Se había estudiado la legislación de países europeos y se planteó el margen de maniobra político. Con los Jordis ya en prisión, qué modelo debía seguir Puigdemont: “¿Otegi o Assange?”. Concluyeron que era más rentable refugiarse en el extranjero y mantener vivo el relato político que ser un mártir silenciado tras los muros de una cárcel.Han pasado más de 3.000 días desde que el expresident se fue a Bélgica, 2.300 desde la condena a los líderes independentistas por el 1-O, y un año y diez meses desde que el Congreso aprobó la ley de Amnistía. La dependencia de
Pedro Sánchez de los votos de
Junts y
ERC y su “hacer de la necesidad virtud” posibilitaban una vía de normalización política que sigue atragantándose en las filas independentistas. La ley instaba a su cumplimiento en dos meses, pero, en manos de los tribunales, Puigdemont sigue en
Waterloo y Junqueras inhabilitado. El calendario se ha ido ajustando desde hace un año para un momentum que cada vez lo es menos porque no acaba de llegar.Un cartel con las caras de Junqueras y PuigdemontXavier CerveraHace seis meses, en
Junts imaginaron que el retorno de Puigdemont llegaría como el Sábado Santo Rojo de 1977 con la legalización del Partido Comunista. Pero las previsiones se han vuelto a demorar. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea no ha resuelto sobre la ley, y no lo hará antes de mayo o junio; el Constitucional retiene su sentencia para transitar por el ancho de vía judicial europeo, y, sin presión, el Supremo mantiene la resistencia a la estrategia de reconciliación de Sánchez.Ni Sábado Santo independentista, ni Puigdemont comiéndose la mona en la pastelería familiar de Amer. No eran más que hipótesis, pero mantienen a los líderes sin margen de maniobra.
Jordi Turull,
Raül Romeva y
Dolors Bassa están inhabilitados hasta el 2031; el Tribunal de Cuentas mantiene en suspenso su sentencia desde julio del 2024… La última amnistiada ha sido la exconsellera republicana
Natalia Garriga este miércoles por decisión del TSJC.El ‘momentum’ del retorno de Puigdemont suma retrasos y crecen las necesidades en JuntsEn
ERC son escépticos a la hora de hacer previsiones sobre la rehabilitación de Junqueras. Circula el convencimiento de que “si las cosas pueden ir peor, lo harán”, así que el líder republicano ha apostado por la amnistía política de la mano de Sánchez. La foto en la Moncloa es clave en su estrategia, y sus reuniones privadas apuntalan su restitución de facto. La inhabilitación le impide ser candidato, pero en la dirección de
ERC aseguran que no les condiciona en las negociaciones con los socialistas. No se dio “ni un minuto” de credibilidad a la amenaza de un posible adelanto electoral en Catalunya si no votaban los presupuestos de Salvador Illa. Junqueras es el candidato in pectore, y la amnistía no iría acompañada de una proclamación oficial ni de una gira de reparación, como sí preparan en
Junts para Puigdemont desde hace meses.Hay más diferencias. Junqueras ha echado mano de su paso por prisión para apuntalar su hoja de ruta. Despachó el no a los presupuestos con un “si las prisiones no nos han rendido, tampoco lo hará ninguna presión”; y reincide al sostener que fue “a la cárcel por Catalunya, no para que Ada Colau sea diputada de
ERC” para desembarazarse de la propuesta de lista de las izquierdas de Gabriel Rufián.El retorno de Puigdemont tiene otro guion: el de un president que no se sometió a las estructuras “represivas” del Estado, aunque el retorno se deba a la aritmética electoral española. El expresident es hoy el comodín de
Junts pendiente de entrar en juego. El “artefacto político” que Puigdemont y su equipo crearon en tres días en una habitación de hotel ha demostrado una gran resiliencia electoral, pero ahora sufre el desgaste de ser oposición con cuestionadas perspectivas en las municipales frente al auge de Aliança Catalana. A falta de unidad independentista, hay unanimidad en un diagnóstico: a nadie le interesa un adelanto electoral en Catalunya y, acostumbrados a improvisar durante casi una década por imperativo judicial,
ERC y
Junts aspiran ahora a recuperar su particular y distante normalidad.Subdirectora de La Vanguardia desde 2014. En la actualidad estoy al frente de la edición digital. He sido jefa de la sección de Política (2006-2014) . En Europa Press (1995-2006) pasé por Sociedad, Tribunales y Política.