En la primera página de la nueva novela de
Eduardo Mendoza, que llega a las librerías el miércoles día 8, sus fans van a intuir una noticia tremenda: el ya célebre detective majareta —
Ceferino, para los amigos— tiene toda la pinta de ser el muerto en un funeral, que no se celebra en una de las capillas del tanatorio, sino en un rincón de su aparcamiento “dado el bajo nivel económico y moral del interfecto”. La intriga del funeral inconveniente se abre —y se cierra— con dos sueltos periodísticos, firmados por R.V., iniciales de
Ramoncito Valenzuela: un joven de 17 años que, pese a ignorarlo todo y escribir fatal, desoyendo además el consejo de su padre, que aspira a convertirlo en cirujano coronario, siente una irresistible vocación periodística, y parece el elegido de Mendoza para situarse en el centro de la narración.⁄ Hay nuevos personajes, desde un aspirante a periodista que escribe fatal a un acosador comercial telefónicoNo será el único en tan privilegiada posición. El autor nos irá presentando a los otros miembros de un elenco de derribo: algunos debutan en la plaza, como un factótum del protocolo funerario, un eclesiástico con pasado mexicano (y debilidad por el tequila) o un acosador comercial telefónico (que aprovechar cualquier circunstancia para vender su moto); otros son viejos conocidos, ya repitan personalmente, como
Cándida, la hermana prostituta de
Ceferino, o a título de fenotipo, caso del policía irascible, expulsado del cuerpo y aficionado al travestismo que se apellida Jarana.Si en el anterior título de Mendoza, Tres enigmas para la Organización (2024), el equipo llamado a resolver la intriga estaba formado por profesionales tirando a apolillados, aquí se compone de amateurs sin más armas que su inconsciencia, enfrentados, cómo no, a unos delincuentes expertos en tejemanejes financieros que se mueven en círculos sociales superiores. Se trata pues de una brigada peculiar, que nutre los elementos de sátira y absurdo que se subrayan como definitorios de la obra en la contraportada, junto a la lucidez moral de su autor.⁄ La trama es compleja, pero incluye dosis de humor descacharrante y los habituales choques de registros lingüísticosLa parodia del género detectivesco, tan querida por Mendoza, se sitúa en esta novela —la vigésimo primera del autor; la sexta con
Ceferino, ausente desde El secreto de la modelo extraviada (2015)— en un escalón desnudo y esencial. Su trama es ciertamente compleja, pero se sirve sin circunloquios, con encadenados expeditivos, presuponiendo quizás la complicidad del lector, gratificado con dosis de humor descacharrante y choques de registros lingüísticos, dos acreditadas especialidades de la casa. Y sin eludir cierto aire auto paródico, como si la historia se contara entre conocidos, en un ambiente incluso familiar, en el que resuenan los ecos de anteriores títulos mendocinos. Todo ello, organizado en tres capítulos que responden a los conceptos integrantes del título del libro: el funeral, la intriga, el inconveniente.La acción transcurre en una Barcelona manifiestamente contemporánea, “abarrotada de turistas”, donde los protagonistas de la trama están al día y usan mucho, aunque mal, el teléfono móvil y sus aplicaciones, ante un telón de fondo en el que distinguimos heladerías, hipsters , centros de wellness y demás alegrías del presente urbano.⁄ La acción transcurre en la Barcelona actual, llena de turistas y con sus heladerías de moda y centros de ‘wellness’Aun a riesgo de cometer spoiler, y para no prolongar la inquietud de los seguidores de Mendoza, desvelaré que
Ceferino, en pleno uso de sus facultades detectivescas, es el eje del tercer y último capítulo. Lejos de acusar el paso de los años —su debut data de El misterio de la cripta embrujada (1979)—, despliega gran maestría en la investigación criminal, aunque podría ser ya octogenario si el tiempo pasara para él como para los mortales. Esta intriga con secuestros y baile de cadáveres puede haberle parecido al lector enrevesada, pero es resuelta por
Ceferino sin despeinarse, con naturalidad y soltura propias de un sabueso muy experimentado.Tras leerla, habrá quien añore, una vez más y no sin razón, al Mendoza de los grandes desafíos literarios. Y habrá también quien celebre su constancia —¡y la de
Ceferino!— en este tipo de novelas mal llamadas menores, que tantas horas de lectura amena y tantas risas nos han dado, salpimentadas con alguna reflexión a contrapié, pero apreciable. Como esta: “Enamorarse es una decisión no exenta de peligros que las personas audaces toman dos o tres veces en la vida; las prudentes, una sola vez, y las timoratas, ninguna” .Eduardo MendozaLa intriga del funeral inconveniente Seix Barral. 251 páginas. 20,90 euros