El británico
Robert Harris es un maestro en la novela de intriga política, campo que conoce de primera mano (fue periodista en la
BBC y
The Observer). Para el cine y la TV, su narrativa constituye un filón. Obras como Patria o Munich figuran en el podium del relato histórico bien documentado; esta última, sobre la reunión de Chamberlain y Hitler en 1938, inspiró recientemente una serie en Netflix. De El poder en la sombra se dijo que estaba directamente inspirada en su trato con el premier
Tony Blair, al que asesoró (y que en cine encarnó
Pierce Brosnan). Cuando ha pasado de la política de su país a la vaticana, el resultado fue Cónclave , también adaptada con éxito -casi le vale un oscar a Ralph Fiennes-, a la gran pantalla. Su trilogía sobre Cicerón, el político, filósofo y orador romano, es una delicia. Harris, en fin, resulta un autor imprescindible para devotos del relato atractivo sobre los vericuetos del poder.El novelista Robert HarrisDANI DUCHUnas pocas de sus novelas no me han convencido demasiado, como El índice del miedo o las recientes El despertar de la herejía y V2 . Pero la última, Precipicio (Grijalbo), se integra con mención destacada en la banda alta de su producción. Especialmente porque el material de partida que ha utilizado es de los que dejan atónito.⁄ La muerte de dos jóvenes durante una francachela en el
Támesis pone en marcha la investigaciónEl primer protagonista es
Herbert Henry Asquith, destacado político liberal que fue primer ministro del Reino Unido durante ocho años, hasta bien entrada la primera Guerra Mundial. Asquith, casado dos veces, tenía siete hijos (cinco de su primera esposa, dos de la segunda). Varios de ellos pertenecían a la “juventud dorada” londinense, tan ácidamente retratada por autores como
Evelyn Waugh. Y además, el primer ministro disfrutaba de amoríos clandestinamente desarrollados en un marco de palacios aristocráticos de la ciudad y espléndidas casas de campo.La muerte de dos jóvenes de la citada “juventud dorada” durante una francachela en el río
Támesis pone en marcha una investigación que llevará a un policía novato a percatarse de la relación entre el relevante político y la joven
Venetia Stanley, una belleza de la época, amiga de sus hijas, con la que Asquith realiza largos paseos y prolongados desplazamientos en coche con las cortinillas bajadas.Lo que descubre el investigador es que, en su pasión arrebatada, Asquith comparte con Venetia documentos del consejo de ministros y despachos ultraconfidenciales que una vez leídos, a menudo rompe a trocitos y lanza por la ventanilla de su coche, y en su nutrida correspondencia le revela uno tras otro jugosos secretos oficiales. Una indiscreción que cuando Gran Bretaña entra en guerra pasa a generar un riesgo real, porque los espías alemanes acechaban.Cubierta de 'Precipicio'La historia es verídica, en su día no se hizo pública, y sorprende constatar tanta irresponsabilidad en un estadista supuestamente respetable. Harris ha partido de las ¡560 cartas! del premier a su amada, propiedad de la familia y conservadas en Oxford (una selección reducida fue editada en 1982).Asquith fue sucedido en el poder por Lloyd George en 1916 y siguió en política hasta su muerte, diez años más tarde. Una de sus hijas, Elizabeth Asquith, princesa Bibesco, mantuvo una relación sentimental con José Antonio Primo de Rivera cuando su marido era embajador en España. Su hijo Anthony Asquith fue un celebrado director de cine (Pigmalión, El Rolls Royce amarillo). Y la actriz Helena Bonham Carter es su bisnieta.
Venetia Stanley, por su parte, contrajo matrimonio, dicen que blanco, con Edwin Montagu, que había sido mano derecha de Asquith en el gobierno. Toda una constelación -y un enredo- muy británicos.Redactor Jefe del suplemento Cultura/s. Premio Nadal de Novela 2013. Premio Nacional de Periodismo Cultural 2020.