El primer cruceBanderas espa�olas en
Barcelona durante el partido de Espa�a contra
Egipto.ARABA PRESSActualizado S�bado, 4 abril 2026 - 00:11Audio generado con IAJug� la selecci�n espa�ola contra
Egipto en Cornell� y muchos aficionados espa�oles pitaron el himno egipcio y cantaron �Musulm�n el que no bote�. El partido no se suspendi�, pero las condenas fueron inmediatas, aunque no un�nimes. Entre quienes no censuran el c�ntico hay dos grupos: la
Voxemia y
Arcadi Espada. Yo discrepo de la
Voxemia, como casi siempre, y de Arcadi, como cuando habla de percebes deconstruidos.Sostiene Arcadi que esos gritos no son racistas ni xen�fobos, pues no se dirigen contra rasgos no elegidos, como la raza. As�, el �Musulm�n el que no bote� ser�a an�logo al �Fascista el que no bote�. La cr�tica al musulm�n quedar�a, por tanto, amparada por la libertad de expresi�n porque la fe religiosa no es ineluctable. Dejar� de lado la paradoja -no sea que me acusen de ad hominem-, pero sorprende que Arcadi, que niega el libre albedr�o, conf�e en nuestra capacidad para elegir (�precisamente!) una religi�n. Si algo parece poco elegible son los marcos en los que nacemos y nos socializamos.Pero lo relevante no es la supuesta capacidad de elegir de los se�alados, sino las intenciones de quienes cantaban. Es inveros�mil que �Musulm�n el que no bote� sea una cr�tica al dogma religioso, es decir, una versi�n poco refinada de
Christopher Hitchens. No conozco el grado de ilustraci�n del grader�o, pero intuyo que su objetivo no era el dogma, sino el moro. Atendiendo a su funci�n en el discurso, el c�ntico no critica una religi�n, sino que se�ala un colectivo. �Musulm�n� opera aqu� como metonimia reductora: no designa una fe elegida, sino una etnia. Y en ese desplazamiento, el t�rmino deja de ser descriptivo y pasa a ser esencializante.Las justificaciones de la
Voxemia son m�s rudimentarias: en otros contextos se pita el himno de Espa�a, se canta �espa�ol el que no vote� o se ridiculiza lo cat�lico. Es comprensible la irritaci�n ante un ecosistema que ha tolerado estas expresiones, pero la compensaci�n simb�lica solo refuerza la degradaci�n. Hay que despenalizar las ofensas a los sentimientos religiosos, s�, pero no dejar de condenar el se�alamiento identitario.Llama adem�s la atenci�n el desplazamiento del objeto de agravio: quienes se presentan como agraviados por los insultos a lo espa�ol no dirigen su respuesta contra las aficiones o espacios medi�ticos vinculados al nacionalismo vasco o catal�n, sino hacia los musulmanes. Lejos de resolver el agravio inicial, lo instrumentalizan contra ellos. Quiz� porque han asumido que los musulmanes son la ant�tesis de lo espa�ol y, por tanto, el objeto ideal de su venganza.Es plausible sostener que existe un cierto �despertar� del espa�olismo frente a lo que se percibe como agravios acumulados o un trato desigual en el espacio p�blico. Sin embargo, ese despertar no se est� canalizando hacia la exigencia de reglas m�s consistentes y universales. En lugar de impugnar el patr�n de descalificaci�n identitaria, una parte de la reacci�n social opta por incorporarlo como repertorio leg�timo propio. Con esta reacci�n se ampl�a el n�mero de actores que participan en la perversa l�gica circular del agravio y el insulto, y se difumina el principio que permit�a denunciarla. Es una pena que, m�s que un despertar contra el odio, lo que se observa en estos episodios es un esp�ritu competitivo, en el sentido m�s triste del t�rmino.