Actualizado S�bado, 4 abril 2026 - 15:25En la cuenta atr�s para el hist�rico y comprometedor viaje de Estado de
Carlos III a EEUU, otro monarca europeo tiene previsto adelantarse y tratar de cortejar a
Donald Trump en sus dominios. Y es que entre el 13 y el 15 de abril, el rey
Guillermo Alejandro de los Pa�ses Bajos, junto a su esposa, la reina M�xima, va a cruzar tambi�n el charco para protagonizar una importante visita de car�cter sobre todo econ�mico, que llevar� a la pareja real hasta Filadelfia, Washington D.C. y Miami. El objetivo es el relanzamiento de las relaciones bilaterales fundamentalmente en materia empresarial. La visita a Florida tambi�n se centra en los s�lidos lazos con la parte caribe�a del Reino de los Pa�ses Bajos. Estados Unidos es el socio comercial m�s importante de Aruba, Curazao y Sint Maarten, y Florida (en particular Miami) funciona como el principal centro de tr�nsito y comercio hacia Estados Unidos y Latinoam�rica.Sin embargo, el viaje se ha tornado de pronto en uno de los m�s relevantes desde que
Guillermo Alejandro asumi� el trono en 2013, ya que se ha anunciado un gesto de cortes�a m�s que significativo por parte de Trump hacia los monarcas neerlandeses, que supone una oportunidad de oro para los Pa�ses Bajos de afianzarse como uno de los socios de Europa m�s estrechos de la actual Administraci�n estadounidense.
Guillermo Alejandro y M�xima no s�lo ser�n recibidos por Trump y mantendr�n con �l una cena oficial, sino que pernoctar�n en la misma
Casa Blanca. La invitaci�n es del todo inusual y m�s llamativa a�n si se tiene en cuenta que los soberanos neerlandeses no acuden a EEUU en visita de Estado -sino que lo hacen en una "de trabajo"-, que es el m�ximo nivel de los viajes que pueden realizar los mandatarios conforme a los usos y costumbres de la alta diplomacia global.Los medios de Pa�ses Bajos no han dudado en calificar de "fiesta de pijamas" la excepcional velada que van a compartir los Orange y los Trump en Washington D.C. Y, junto a la iron�a, igual que le est� sucediendo a
Carlos III en el Reino Unido, crecen las cr�ticas al desplazamiento de los reyes en el actual contexto, marcado por la guerra en Ir�n y con un Trump entregado en cuerpo y alma a lanzar cr�ticas furibundas contra la OTAN y contra la decadente Europa. De ah� que los analistas pol�ticos de Pa�ses Bajos subrayen que "la visita de trabajo m�s comentada de la historia", como la ha denominado la televisi�n p�blica nacional, obligue a los reyes a hilar muy fino y a extender todas sus dotes diplom�ticas a la m�xima potencia. Pero, a la vez, se destaca que el privilegio de dormir en la
Casa Blanca al alcance de contad�simos mandatarios internacionales es un verdadero puntazo para la pol�tica exterior de �msterdam.El debate est� servido. Una campa�a ciudadana lleva recabando firmas desde mediados de marzo con la petici�n de "detener el viaje a EEUU de los reyes", que se quiere remitir a la C�mara Baja del Parlamento. Pero los partidos que conforman la actual coalici�n gobernante en Pa�ses Bajos han defendido la visita, con el argumento de que "es costumbre y buena educaci�n aceptar cualquier invitaci�n de un pa�s aliado" y de que es una gran ocasi�n para fortalecer los lazos hist�ricos entre el reino y los Estados Unidos, en el 250� aniversario de su independencia. El profesor de Derecho Constitucional Wim Coermans afirmaba d�as atr�s en el medio NOS que la cancelaci�n de la visita ser�a un desastre: "La
Casa Blanca se pondr�a furiosa y tanto los Pa�ses Bajos como la Uni�n Europea podr�an sufrir las consecuencias".Primer ministro gay, progresista y
Europe�staHay otro motivo m�s para la enorme expectaci�n ante este viaje. Y es que
Guillermo Alejandro y M�xima van a estar acompa�ados en Washington D.C. por el primer ministro, el reci�n elegido Rob Jetten. El dirigente, del que se sigue destacando su condici�n de homosexual dado que por desgracia a�n llama la atenci�n que un gay o una lesbiana encabecen un Gobierno, es un mandatario progresista y profundamente europeo. Sus pol�ticas y convicciones est�n, desde luego, en las ant�podas de lo que predica
Donald Trump.Claro que los ojos del mandatario norteamericano en este caso no estar�n puestos en �l, sino en sus hu�spedes reales. Y es que Trump tiene una gran sinton�a con
Guillermo Alejandro y se podr�a decir que incluso m�s con la reina M�xima, quien, con su carisma y sus dotes diplom�ticas, se ha metido al republicano en el bolsillo.As� se comprob� el pasado junio, durante la Cumbre de la OTAN que se celebr� en La Haya, con los monarcas neerlandeses como anfitriones. La recepci�n oficial tuvo lugar en el Palacio Huis ten Bosch, residencia oficial de los soberanos. Y se hicieron virales las im�genes del recibimiento de
Guillermo Alejandro y M�xima a Trump, junto al resto de l�deres de los pa�ses que integran la Alianza Atl�ntica, porque en un v�deo parec�a que la reina imitaba, campanuda, al norteamericano y que se burlaba de �l. En realidad, lo que hizo M�xima, como es su costumbre, fue exhibir su campechan�a, naturalidad y magnetismo, que dej� completamente cautivado a Trump, quien tras la Cumbre se deshizo en elogios hacia los monarcas neerlandeses. Estos jugaron muy bien sus cartas. E instaron al rey de reyes a hospedarse aquella noche en el mismo Palacio Huis ten Bosch, cosa que �l hizo encantado, en vez de irse a dormir a un hotel de la ciudad de Noordwijk, tal y como estaba previsto.
Donald Trump disfrut� enormemente de su desayuno con los reyes. El presidente estadounidense describi� a la pareja real como "personas bellas y espectaculares", en su cuenta en la red Truth Social. Ahora Trump les devuelve a los reyes la deferencia. "Con una cena y una noche de alojamiento, el ambiente se vuelve m�s �ntimo y, precisamente por eso, m�s tenso. Cuanto m�s cerca se sientan, menos espacio habr� para la diplomacia a distancia. Ah� reside precisamente el riesgo de esta visita", destacaba ayer en un art�culo de prensa la experta en realeza neerlandesa Justine Marcella.Pero, como dijo el mismo
Guillermo Alejandro tirando de pragmatismo, "no podemos limitar las visitas s�lo a aquellos pa�ses que mantienen relaciones perfectas con Pa�ses Bajos. De lo contrario, no visitar�amos muchos".