Fueron solo cuatro palabras. El tuit de
Gabriel Rufián de octubre de 2017 quedó suspendido en el imaginario catalán como el resorte que cambió el curso de los acontecimientos. Probablemente es exagerado atribuir tanto poder a aquel “155 monedas de plata” dirigido a
Carles Puigdemont para acusarle de traidor por plantearse convocar elecciones en lugar de declarar la independencia. Confluyeron más factores en el cúmulo de errores cometidos en los años del procés . Pero el escueto mensaje lanzado en
Twitter destapó la habilidad del joven político de
ERC para surfear por las redes sociales. El equipo de
Oriol Junqueras lo había fichado para hacer llegar el independentismo a la generación de los hijos de inmigrantes del cinturón barcelonés. Hoy, Rufián se reinventa y en su partido se ponen nerviosos. Ya no ejerce tanto de adalid de la independencia, sino de predicador de la unidad de la izquierda con un dominio de las nuevas formas de comunicación que llevan incluso a plantearse si es más un político o un influencer.¿Por qué es tan popular Rufián? Es indudable su destreza para conectar con gente a la que no le interesa la política, sea a través del lenguaje “de la calle”, como él dice, o de un manejo fluido de los códigos de las redes sociales. Rara vez agota los 280 caracteres máximos de X. No lo necesita. Sus frases son cortas y contundentes. Suele enfrentar conceptos opuestos para inducir al lector a elegir. Sabe mezclar sus mensajes con la actualidad para que sean categorizados bajo epígrafes como entretenimiento, sociedad, fútbol… y se cuelan así en el hilo de personas que no siguen contenidos políticos y, en especial, le permite acceder a audiencias más jóvenes.Rufián domina los códigos de las redes sociales como si no fuera un políticoPor ejemplo, tras el partido de la selección española en Cornellà, Rufián opinó contra el racismo y la xenofobia. Pero no es lo mismo que un político se pronuncie en contra de esas actitudes de forma convencional que hacerlo así: “Si gritas contra los musulmanes con la camiseta de un futbolista musulmán puesta (como
Lamine Yamal), no es que te molesten los musulmanes, es que te molestan los musulmanes pobres”, como tuiteó él. Para las redes, Rufián no es solo un diputado en el Congreso (lo que las plataformas llaman una “Persona Políticamente Expuesta (PEP)” o “cuenta gubernamental” o de un “candidato”), sino un “creador de contenido” que domina el clickbait con mensajes que provocan una interacción (de apoyo o de irritación) y que el algoritmo suele mimar con más exposición.Viene a cuento esta disertación por el papel que el diputado de
ERC está teniendo en el debate sobre la unidad de la izquierda. Rufián asegura que él no desea protagonismo en una hipotética candidatura unitaria y lo cierto es que nada garantiza que su popularidad digital se tradujera en votos. Es más, en su partido creen que lo que ganara por la izquierda lo perdería por el flanco independentista (en Catalunya por serlo poco y en el resto de España por demasiado). Incluso cunde el malestar en
ERC por considerar que su portavoz en el Congreso, queriendo hablar por toda la izquierda, acaba por no representar a su propio partido.Rufián con Ione Belarra e Irene Montero en una sesión del Congreso en 2023Dani DuchEl resto de las formaciones a las que interpela han sido muy cuidadosas al rechazar la propuesta de unidad porque saben que el electorado penaliza las peleas cainitas. Pero eso no significa que estén dispuestos a asumir la idea de unir a fuerzas de izquierda que se presentan en toda España o de implantación autonómica con las independentistas. Sin embargo, sea por el eco de la iniciativa de Rufián o por el desastre de los resultados electorales de estos meses, lo cierto es que está aflorando una mayor conciencia entre esos partidos de la necesidad de articular un cierto frente común para sobrevivir. Intuyen que no podrán decir que no se les avisó.Quizá lo significativo es que el factor Rufián ha coincidido con el paso al lado de la vicepresidenta Yolanda Díaz. El anuncio de que no concurrirá a las elecciones deja a su partido, Movimiento Sumar, sin referente visible, pero también cae una de las líneas rojas que impedían acuerdos con Podemos. La dirección de los morados ha dejado que los suyos en Andalucía se incorporen a la lista de IU-Sumar que encabeza Antonio Maíllo. Y, lo que es más importante, lo ha hecho con relativamente pocos aspavientos y sin buscar siquiera relatos justificativos pese a las tiranteces de los últimos tres años.¿Es factible una lista conjunta con Podemos, Sumar, IU y Comuns para las generales?¿Es el caso andaluz premonitorio de las legislativas? De momento, no. Aunque desbroza el camino, su traslación a unas generales depende de otros factores. El principal escollo es elegir al cabeza de lista. Suele ser el candidato por la capital y ahí Más Madrid podría jugar fuerte, lo que aleja a Podemos. A no ser que se busque a alguien que no esté afiliado a ninguno de los partidos que conformarían la coalición. De hecho, es el mismo problema que ya tienen las cuatro formaciones que ya van juntas bajo el apelativo de Sumar (nombre que quieren cambiar). Con Podemos aún sería más difícil. Además, aunque las diferencias programáticas son imperceptibles, sí hay una brecha estratégica de calado: ¿qué haría Podemos si después de las elecciones fuera viable un gobierno de izquierdas?, ¿se quedaría fuera?El revuelo causado por Rufián refleja hasta qué punto la contienda de las generales va a girar en torno a la dicotomía entre las derechas más o menos condescendientes con el trumpismo y los que ya han empezado a bautizarse como “frente democrático”. En esa dirección trabaja Pedro Sánchez, que en abril reunirá en Barcelona a líderes progresistas de todo el mundo para subrayar ese “eje de la resistencia”. En 2023, Podemos calculó erróneamente que Sánchez se situaría en una posición más propia de la realpolitik clásica del PSOE. Pero el escenario es otro. Ya empiezan a darse cuenta de que tildar al presidente de “señor de la guerra” tiene poco recorrido. El espacio que les deja Sánchez es reducido. Si se lo disputan demasiados, no cabrán ni a una migaja por partido. Ésa es la tecla que percibe Rufián con instinto de influencer y poca traza política. Sabe que las generales irán de reducirlo todo a un combate entre demócratas y autoritarios. También en Catalunya.Licenciada en Periodismo y Políticas. Directora adjunta de La Vanguardia. Autora de la newsletter 'Política', que se publica cada jueves, y de los libros 'El naufragio' y 'El muro', sobre el conflicto catalán