El viaje espacial de
Artemis 2 innova con ambiciosos experimentos científicos, incluyendo proyecto AVATAR, estudios de Medidas estándar para vuelos espaciales o el monitoreo del sueño, actividad física y estrés. El objetivo es comprender cómo el cuerpo humano se adapta al espacio profundo y preparar futuras expediciones lunares y marcianas.Órgano en un chipEl proyecto AVATAR (Respuesta Análoga de tejidos Virtuales de Astronautas) emplea tecnología “órgano en chip”, dispositivos del tamaño de una unidad USB que replican tejidos humanos —en este caso médula ósea— para estudiar cómo la radiación cósmica y la microgravedad afectan la biología humana en tiempo real. “Cada chip de tejido es una pequeña muestra creada de forma única para que podamos examinar cómo los efectos del espacio profundo afectan a cada explorador humano antes de partir, y así asegurarnos de llevar los suministros médicos adecuados, adaptados a las necesidades de cada individuo, en nuestro viaje de regreso a la
Luna y, posteriormente, a
Marte”, declaró
Nicky Fox, administradora asociada de la Dirección de Misiones Científicas en la sede de la
NASA en
Washington.Esta tecnología permitirá observar cambios en procesos celulares y respuestas inmunitarias sin depender únicamente de modelos animales o simulaciones terrestres. Conectados entre sí, pueden recrear sistemas fisiológicos completos acelerando la observación de cambios que en la Tierra tomarían años, como pérdida ósea o aterosclerosis. La
NASA afirma poder “contribuir a la mejora de la atención médica, como los tratamientos contra el cáncer”.Se han instalado cuatro chips de órganos para realizar pruebas de fluidos durante toda la misión
Artemis 2 Space TangoMuestras biológicas y pruebas físicasLa tripulación de
Artemis 2 también se convertirá en el primer grupo de astronautas en el espacio profundo en participar en el estudio de Medidas estándar para vuelos espaciales, una investigación iniciada en 2018 que recopila datos de astronautas de la
Estación Espacial Internacional y otros entornos. El objetivo es obtener una panorámica completa de cuerpos y mentes mediante un conjunto coherente de mediciones fisiológicas básicas.Como parte del estudio, los astronautas proporcionarán muestras biológicas de sangre, orina y saliva desde seis meses antes del lanzamiento para evaluar nutrición, salud cardiovascular y función inmunitaria. Además, participarán en pruebas de equilibrio, actividad muscular, cambios en el microbioma y salud ocular y cerebral. Durante el vuelo también se evaluarán los síntomas de mareo por movimiento, y después del regreso se realizarán pruebas adicionales de movimientos de cabeza, ojos y cuerpo, continuando la recopilación de datos durante un mes más. Toda esta información estará disponible para científicos mediante solicitudes al Archivo de Datos de Ciencias Biológicas de la
NASA, y podría guiar futuras intervenciones, tecnologías y estudios para misiones a
Marte.Los cuatro astronautas participan además en estudios como ARCHeR, que monitoriza actividad física, sueño y estrés, y análisis de biomarcadores inmunológicos a través de muestras de sangre y saliva para evaluar cómo responde el organismo fuera de la protección del campo magnético terrestre.El humano como instrumento de observaciónMás allá de los estudios centrados en la salud y la fisiología de los astronautas, su misión principal es la observación directa de la
Luna. Durante su paso por la órbita lunar, los astronautas tomarán fotografías cámara en mano, realizarán dibujos y grabarán notas de voz describiendo todo lo que vean. Esta documentación complementará los experimentos biomédicos, permitiendo a los científicos analizar características geológicas y planificar futuras misiones con mayor detalle.“Dependiendo de la hora del lanzamiento, dependiendo de la iluminación de la cara oculta de la
Luna, podríamos observar partes de la
Luna que nunca antes han sido vistas por ojos humanos. Y, aunque resulte difícil creerlo, los ojos humanos son uno de los mejores instrumentos científicos que tenemos”, declaró Christina Koch para la BBC antes del lanzamiento.Christina Koch es iluminada por una pantalla dentro de la nave espacial Orión durante el tercer día de la misión. A la derecha se ve a Jeremy Hansen mirando por una de las ventanas NASAArtemis 2 también está cargada de ciencia fuera de la nave. Junto a la misión principal, se han desplegado ya varios CubeSats —microsatélites de bajo coste— desarrollados por agencias de Alemania, Corea del Sur, Arabia Saudí y Argentina. Entre ellos está K Rad Cube de Corea, diseñado para medir radiación en las zonas más peligrosas de las cinturones de Van Allen, y ATENEA, un microsatélite argentino que probará métodos de protección contra radiación y sistemas de comunicación de largo alcance.Los datos recogidos en esta misión redefinirán protocolos de salud astronauta, mejorarán el diseño de naves y sistemas de protección biológica, y sentarán las bases para futuros alunizajes, incluida la misión Artemis 3 que planea aterrizar en la superficie lunar.