Alberto MartínezMadrid 04/04/2026 23:37 Actualizado a 04/04/2026 23:57
Lamine Yamal no es
Muhammad Ali. No se ha cambiado el nombre, no es lenguaraz ni aún -es joven- se ha erigido en portavoz mundial del antirracismo, aunque esta semana ya hizo sus pinitos por todo lo sucedido en el
España-Egipto. El talento va construyendo su carácter; también la imagen que quiere transmitir (se marchó enfadado del Metropolitano), todavía líquida por su edad (18). Pero sobre el verde se mueve como una mariposa y pica como una abeja. Y sus virguerías y talento decidieron este pesaje entre el
Atlético y el
Barcelona en el Metropolitano justo antes del gran combate en la Champions.Quizás porque era un duelo de patrocinadores entre
Ruanda (
Atlético) y la
República Democrática del Congo (antiguo Zaire), donde Ali y Fraizer disputaron el famoso The Rumble in the Jungle, el partido lo tuvo todo como preludio de una gran velada: polémica, empujones, acciones de calidad, goles y agitación en los banquillos, aquello que captan los espectadores curiosos que desvían la atención.El auténtico Simeone, más comedido que en otros partidos, brotó al filo del descanso, cuando
Dani Olmo y
Koke se enzarzaron en una disputa de barrio chungo. Aquello se convirtió en una bandada de aguiluchos. La sangre no llegó al río pero alimentó la tendencia de este nuevo clásico de sangre caliente. Y desde lo emocional el
Atlético siempre tiene el viento a favor. Tanto, que ese Flick que cada vez es menos alemán y más mediterráneo, se alteró una y otra vez, como un Araújo que, sustituido por molestias (le dieron hielo nada más llegar al banquillo), siguió jugando el partido desde la banda. El Barça se jugaba la Liga. El
Atlético, cargarse de razones y minar a su rival para el doble partido que les espera entre ocho días.Pero el hombre que saldrá este Domingo de Resurrección en todas las fotografías será
Nico González, lateral por urgencia, expulsado antes del descanso y desesperado con
Lamine Yamal. En su carrera, solamente había jugado dos ocasiones de lateral (130 minutos ante Osasuna y Oviedo según Transfermarkt), por lo que llevaba la L. Y Simeone lo metió a competir ante un piloto de Fórmula 1.Eso es ahora mismo lo que exige parar a Lamine, autor de un caño de aquellos que el espectador no se cansa de ver y de varias asistencias con el exterior con una precisión molecular; también de una acción individual en la que se marchó de cuatro defensores en dos baldosas. Su cerebro es un software avanzado y su técnica le permite encontrar cualquier recurso y corregir, además, en décimas de segundo sus movimientos, como si fluyera en vez de moverse. Su velocidad provocó la expulsión de Nico, que entró sin medida y decantó el partido, resuelto finalmente de la forma más inverosímil, por la audacia de Cancelo y la espalda de Lewandowski, quien seguramente ha marcado goles con todas las partes del cuerpo en su carrera. Todas.Como ya sucedió en la eliminatoria de Copa (4-0 en el Metropolitano y 3-0 en el Camp Nou), el papel del árbitro es de una dificultad extrema y en este partido Mateo Busquets se mostró dubitativo, como en la expulsión a Gerard Martín que luego rectificó por el VAR. O la de
Nico González que nadie acabó de entender el porqué de la consulta. Un mal cálculo puede echar al garete una ronda tan equilibrada, porque si el Barça dio un paso adelante en la Liga, el
Atlético lo somatizó en su cerebro en la Champions: sin Sörloth, Julián Álvarez, Lookman y hasta otros seis titulares le plantó cara al Barça, le aguantó 45 minutos con diez y defendió con rigor. El pesaje lo decidió Lamine. Pero el gran combate promete. El que mejor encaje los golpes dará el de gracia.