En la era del fútbol microscópico, es probable que el Barça gane la Liga por un hombro de diferencia. El de Lewandowski, para más señas. En el Metropolitano se disputó el segundo tiempo de un largo partido de siete horas. Lo perdió el
Real Madrid en Mallorca, contra pronóstico y con todos los viejos defectos del equipo. La derrota dejó el campeonato en una situación perfecta para el Barça, que pasó las angustias de rigor con el Atlético, privado en la segunda parte de un jugador, tras la expulsión de
Nico González. A última hora, a Cancelo le salió el extremo que lleva dentro, y a Lewandowski, la garantía de goleador. Musso, el estupendo portero del Atlético, rechazó el remate, y la pelota se dirigió al hombro del polaco. Uno de esos goles feos que brillan como diamantes.En el Metropolitano quedó claro que el Barça y el Atlético protagonizan la secuencia de partidos más fascinante del fútbol europeo. Gran fútbol, alternativas constantes, profusión de goles y, si es necesario, una buena dosis de discordia.En los años noventa se estableció una mitología de los Atleti-Barça que va reapareciendoTodo empezó en diciembre: Baena marcó pronto en
Montjuïc, residencia temporal blaugrana, y el Barça se exprimió para remontar 3-1. La reciente semifinal de Copa derivó en dos encuentros memorables –siete goles en total– que significaron la clasificación del Atlético, no sin ruido y polémica tras el gol anulado a Cubarsí. En el inventario de sucesos ya figura la revocación de la tarjeta roja a Gerard Martín, que había incluido media libra de una tibia en el recorrido natural de su despeje.El encuentro activó nuevamente el protocolo de tensión que tradicionalmente presiden estos partidos. En los años noventa se estableció una mitología de los Atleti-Barça, y viceversa, que reaparece con frecuencia. Fue el caso de este partido. El Barça venía avisado del encuentro de Copa en el Metropolitano, donde el vértigo colchonero destrozó los sucesivos despistes defensivos del equipo de Flick.Lamine Yamal busca la escuadra entre tres defensores del AtléticoDani DuchEl técnico alemán prescindió del ariete tradicional. En términos numéricos, el Barça añadió un jugador más para el control del juego. Simeone también había movido pieza. Desechó la figura del delantero centro para colocar al astuto Griezmann. Decisiones de ajedrez tanto para el partido en cuestión como para los que llegan en estos diez próximos días en la Champions.Fue un primer tiempo primoroso. El balón corrió con rapidez y precisión en los jugadores del Barça. Cuando terminaba en pies de Lamine se afilaban tanto las jugadas que
Nico González, su marcador, se sentía superado. Le cayeron las tarjetas por sus tremendas dificultades para contener al extremo. Lamine no marcó, pero destrozó a su marcador y dejó al Atlético de Madrid con un futbolista menos.Antes de alcanzar ese punto de inflexión, la defensa del Barça volvió a interpretar mal el fuera de juego y permitió el gol de Giuliano Simeone. No hubo tiempo para la frustración. Rashford empató el encuentro dos minutos después, con la inestimable ayuda de Olmo, que le tiró una pared fantástica. En medio, dos nítidas ocasiones desaprovechadas por Griezmann, de las que no acostumbra a desperdiciar.Cuando el Atlético se amuralló, y no le quedó otro remedio, el reloj comenzó a correr para el Barça. Lamine no concretó la jugada del año, Musso detuvo un par de remates que sonaban a gol, Bernal se retiró lesionado, Gavi regresó... El partido se afeaba, pero mantenía buena carga de emociones.Se echaba la hora final encima y a Cancelo le salió el extremo interno, por contradictorio que parezca. Es un futbolista sin prejuicios cuando ataca. Le tiró dos recortes a Almada y eligió el remate en lugar del pase. El resto es historia. Rechazó el portero y Lewandowski marcó con el hombro. Un gol de grandes consecuencias.