La
Fundación Bancaja de
Valencia presenta en sus exigentes y diáfanos espacios expositivos un despliegue contundente:
Tàpies, la última década (2000-2012). El artista barcelonés es todavía, y cómo, una figura astral de la práctica contemporánea, que podemos ver ahora a través de un conjunto de obras decisivas para comprender su esencia artística, su verdad, diríamos. La despedida deslumbradora de una vida plena. La lección postrera del maestro resulta así decisiva y envolvente, en su enérgica recapitulación de los momentos cardinales de la evolución plástica, en la ordenada figuración de los símbolos que definen un itinerario visual único –cruces, letras, señales– y configuran a su vez un vocabulario personal impecable e implacable. Nadie queda indemne frente a la provocación potente de la gestualidad viva del creador.La experiencia punzante nos acerca a la potencia de las formas del arte para rehacer la trayectoria del artista, un arriesgado viaje por las fronteras de la sensibilidad y la activa percepción visual: un ensamblaje que entrevé lo sagrado en lo íntimo y cotidiano para convertirlo en una vivencia personal de proyección certera sobre el tiempo.
Tàpies lleva al extremo la objetividad del objeto que rehace transfigurado en obra de arteLa muestra reúne en coincidencia diría mágica más de veinte obras de formato considerable y significado de excepción, algunas inéditas, insisto, que han de fascinar al visitante. Morat a veritable, Sis signes, Boques y Autoretrat, que perturbarán sin respiro al espectador desprevenido y le permitirán incorporarse forzosamente al proceso creativo del artista: símbolos, signos, gestos, caligrafías complejas incrustadas literalmente en fragmentos vivos y configuran una obra que aúna materia y concepto, difuminando a la vez elegidos objetos significativos en el candente espacio visual que ordena la obra magna del artista.He sabido que la producción de
Antoni Tàpies es de una diversidad que sencillamente abruma. Lleva al extremo la objetividad del objeto que rehace transfigurado en obra de arte, con una diversidad que satura la mirada más incisiva cuando rehace imaginativamente la tradición del arte de nuestro tiempo:
Pablo Picasso,
Joan Miró,
Louise Bourgeois,
Giacometti e incluso, vaya,
Lucio Fontana, cuyas incisiones no dejaron jamás indiferente al pintor catalán. Sin eludir la presencia de estelas gráficas contemporáneas que matizan y marcan el imaginario del artista a lo largo del tiempo, que incluye además, y no es caprichoso insistir en ello, la persistente sabiduría oriental que provoca imperiosamente asociaciones transcendentes en su activa creatividad, pero que denota asimismo la huella profunda de lo lejano que jamás descuida su presencia sensible y nada casual en toda manifestación genuina del arte.‘Boques’ (2011), uno de los trabajos que se exponen en
Tàpies, la última décadaAna Escobar / EFENinguna manifestación sensible, es una manera de hablar, resulta irrelevante a la mirada ávida de
Tàpies. Bibliófilo exquisito, persigue la ardua evidencia de la memoria para sostener un relato cardinal en su definición de las formas sensibles a la ansiedad del tiempo que ya no es nuestro, cierto. Una aventura callada de reconocimiento respetuoso a las afinidades artísticas que son a menudo un desafío cabal de la historia.En el fondo y en la forma, la obra aguda y prodigiosa de
Tàpies visualiza los matices del difícil ejercicio creativo, el trabajo de las intuiciones sensibles y las evocaciones plásticas más diversas. En decisiva concisión, la obra de arte entendida como un enigma a desafiar y construir que admira y hace renacer con destreza en nuevas experiencias visuales que espolean la indagación de la compleja opacidad de los esquivos indicios sensibles.He disfrutado a lo largo del tiempo, y ha transcurrido más de medio siglo de amistad, de la cercanía de
Tàpies en cambiantes momentos de verdad compartidos, genuinos desafíos a la sensibilidad magnética del artista. No puedo dejar de mencionar el incómodo e inmediato viaje a
Valencia del artista, apenas inaugurado el IVAM, que todavía era de todos, para presentar al público sorprendido la revista de arte que acompañaba la iniciativa coleccionista, cuando iniciaba su osada andadura que el azar, como casi siempre, canceló tempranamente. En definitiva, memoria perdurable de una experiencia de excepción para quienes la vivimos.