“Esto es muy heavy ”. Habrá oído usted esta expresión, ya de uso común en la calle. ¿Acaso sea esta la mayor contribución de la subcultura metal a la cultura popular? Bueno... quizás sería un poco injusto afirmar algo así de un género cuya influencia estética, más allá de la música, ha sido enorme. Desde el pelo largo, las chupas de cuero o el imaginario satánico hasta los gestos universales del headbanging o la ‘mano cornuda’, son incontables las aportaciones del heavy metal a la cultura pop.Sin embargo, incluso en sus tiempos de más popularidad, el metal nunca ha gozado de gran prestigio intelectual, no digamos ya en la alta cultura. Alejado ya del mainstream, paradójicamente esto podría estar cambiando. En países anglosajones ya existe una amplia literatura académica al respecto, tanto desde el punto de la vista musical como sociocultural. En nuestras coordenadas, las librerías se llenan de títulos —en el contexto de un boom general de libros sobre música—, aunque la mayoría no estén dedicados tanto al género en sí como a las desmedidas y apasionantes biografías de las viejas glorias.Una muestra: Últimos ritos (Cúpula), las memorias del icónico
Ozzy Osbourne, que atrae no solo por la vida desenfrenada del ex
Black Sabbath sino por la narración tragicómica del protagonista; Iron Man: autobiografía de
Tony Iommi (Kultrum ), contrapunto de la anterior al exhibir la cara del otro gran ex
Black Sabbath;
Iron Maiden. El ADN de la bestia, de
Tomeu Canyelles y
Gabriel Vives (Sílex), un texto más ensayístico que biográfico sobre la influencia popular de la banda británica;
Motörhead In & Out. Historias de una vida exuberante, de
Lucas Fox (Cúpula), otro recorrido por una trayectoria llena de excesos; o
Metallica. Nos veremos en el infierno, biografía al uso y muy completa a cargo de
Jesús Casañas (Alianza). También recientes son El poder del metal, de
Miguel de Lys (Redbook), un repaso al género para ya iniciados, o Història i poder del metal català, de
Eduard Cremades y Dani Ferrús (Enderrock), primera gran recopilación de grupos catalanes que sorprende por su multiplicidad y variedad. La publicación de estos títulos el último año da pie a reflexionar sobre si, por fin, el metal —quizás por la madurez de sus fans— está en la posición cultural que le tocaría. O si, por el contrario, solo queda cierta mitomanía y ya está bien que así sea. Al fin y al cabo, el metal no nació para agradar: su actitud rebelde y su dureza acústica no lo hacen apto para todos los públicos.⁄ El género se puede leer como un movimiento neorromántico: exalta lo extremo, lo acelerado, lo oscuro y lo fantásticoPero existe un poso cultural mucho más hondo de lo que pueda parecer. El heavy es la traslación musical del gusto por lo extremo, lo acelerado o lo oscuro. Conecta con el terror o el fantástico, la revisión mitificada de lo medieval o el paganismo, y se inspira en los universos de un Lovecraft, un Stephen King o un Tolkien, por citar a algunos. Ahí están las letras de los grupos que lo confirman. “Yo defiendo que es un movimiento cultural neorromántico, que bebe directamente del Romanticismo más exacerbado. No ha inventado nada, sino que ha recogido y revisitado toda esa forma tan pasional de ver el mundo”, apunta Fernando Galicia Poblet, Doctor en Historia y Ciencias de la Música por la Complutense de Madrid y autor de varios libros especializados. Y señala una segunda influencia: el futurismo. “Recoge ese gusto por la velocidad, por las máquinas y la carretera, o esa tendencia a plantear una ruptura con la tradición”.Unas referencias culturales que deberían situarle en otro nivel. Como también debería hacerlo una calidad musical que no siempre la crítica ha valorado. Muchos avances técnicos adoptados, por ejemplo, por el pop, tienen su origen en intérpretes de metal. Comenta Galicia Poblet: “El estilo va más allá de estrofas y estribillos melódicos con un mero acompañamiento: necesita energía, base rítmica sólida, guitarristas solistas capaces de transmitir a la vez que interpretan con velocidad y técnica, cantantes con buena capacidad de afinación y técnica vocal, buenos arreglos… En definitiva, buenos músicos”.Su evolución se resume en el adverbio ‘más’. Más rápido, más fuerte, más ruidoso, más agresivo, más tenebroso, más épico, más complejo. En cada uno de estos adjetivos se esconden los múltiples subgéneros con sus respectivas tribus (y filias y fobias): trash, black, speed, death, nu, power, grindcore, progresivo... “Con tanta parcela, la sensación es la de haberse convertido en minoritario, pero estoy convencido de que si sumamos esos pequeños nichos, el metal sigue manteniendo una base de seguidores muy grande y sólida”, indica Galicia Poblet. Las decenas y decenas de festivales especializados en toda Europa, auténtico epicentro hoy del género —como el Rock Fest de Santa Coloma de Gramanet, que ya va por la décima edición—, corroboran esta vigencia. EE.UU., por su parte, escapa de la lógica del ‘más’ y aporta un estilo más alternativo, mezcla con otros géneros “bastardos” como pop, rap o electrónica y que incluso abandona la estética de melenas y calaveras. Aunque quizás no sea del gusto de puristas, no deja de ser otro signo de evolución y madurez.⁄ El estilo ya penetra en otros productos culturales pop con naturalidad y se proyecta como un clásicoY es que cuando el metal emerge a la superficie, raramente es de forma positiva —lo que le da su aura, también. Ya sea por un escándalo, como el turbio episodio de asesinatos y quemas de iglesias del movimiento del black metal escandinavo en los noventa —que retrata la crónica Señores del caos, de Michael Moynihan y Didrik Søderlind (Es Pop). O parodia, como el famoso falso documental This is Spinal Tap, de Rob Reiner (1984), que se burla sin piedad —pero con mucha gracia— de un grupo de heavy. O un poco ambas, como es toda la vida del propio Ozzy, figura mediática llena de leyendas escandalosas, pero también de autoparodia a través de sus apariciones televisivas en la MTV.Pese a todo, parece que el metal empieza a entrar con más normalidad en nuevos productos fuera del gueto. Por ejemplo, canciones de
Metallica en Stranger Things, Judas Priest en Pluribus o
Iron Maiden en Slow Horses. O a la miniserie documental Una historia muy heavy (2025) de RTVE, un viaje por el metal español en tres capítulos. Quizá el metal ya no sea mainstream ni nunca fuera muy cool, pero ya es un clásico de culto.Licenciado en Periodismo y Humanidades, en La Vanguardia desde 2008. Actualmente es redactor del suplemento Cultura/s. Antes pasó por la sección de Última Hora.