Tengo un amigo que cada tanto —cuando un libro tiene un éxito inesperado o cuando un autor se la pega con una novela que no funciona— me escribe por WhatsApp: “debería hacernos pensar”. Yo le digo que si, que si, pero por dentro cavilo: “¿Qué quieres pensar? Los lectores se mueven por impulsos que los que somos del gremio no acabamos de entender. Tan pronto se enamoran de un libro con una lengua postiza e incomprensible como de otro escrito con la naturalidad más absoluta. Unos y otros conviven en una zarzuela que, convenientemente amplificada por una industria editorial que en los últimos tiempos alquila teatros para montar presentaciones, pega carteles por las esquinas y le da al bombo a todas horas, crea un remolino vertiginoso que dura meses. La única lógica que funciona es la del éxito, el éxito de caja llega a menudo por razones insospechadas, no hay manera de sacar agua clara. No sabes hasta qué punto interviene la calidad y originalidad del autor, las ganas del público de leer cosas distintas, el prestigio de un sello editorial que ha sabido crear su lugar en un mercado previsible y el efecto de multiplicación matemática que se activa a partir de cierto número de ejemplares vendidos. Les calces al sol (2022) de
Regina Rodríguez Sirvent (Puigcerdà, 1983) ha sido uno de los grandes éxitos de la edición catalana de los últimos años, con más de 100.000 libros que han pasado por caja y un montón de traducciones. A posteriori, la receta parece explicable: frescor, naturalidad, un buen tema —la historia de una chica que por accidente acaba cuidando niños en
Estados Unidos—, vida nocturna y sexo, de cara y con humor, aliñado con la identificación —que siempre suma— de una autora abierta y simpática con la protagonista del libro.⁄ En el mundo de hoy, tan fragmentado, algunas personas viven en conexión constante con los demás Crispetes de matinada, que es su continuación, mantiene algunos elementos y prescinde de otros. Mantiene la protagonista: el alter ego de la autora,
Rita Racons. Mantiene la naturalidad de la escritura, que es muy dinámica y dialogada, con transiciones entre la vida cotidiana, las apariciones, visiones, lecturas, músicas y series de televisión que articulen el mundo mental de la chica. Mantiene el humor, el sexo (y el hablar de sexo sin tapujos), la descripción de la precariedad laboral, sentimental y emocional de los que tienen —o tenían en el momento de la acción— un poco más de treinta. Mantiene la idea de que, en el mundo de hoy, fragmentado e individualista, algunas personas viven en conexión constante con los demás, que pueden ser compañeras de colegio, a las que no has perdido de vista, o los nuevos amigos de cuando buscas trabajo. Todo esto, que está muy bien, otorga a Crispetes de matinada un ritmo y un estilo. El tema del libro —creo yo— es el impulso de recuperar la adolescencia: esperanzas, amor, inocencia, la seguridad tutelar de la abuela castellana, que es uno de los grandes personajes del libro. Para volver a los dieciséis años,
Rita Racons va dando rodeos, algunos interesantes, otros no tanto.Un problema principal de Crispetes de matinada es que no tiene un buen argumento. Empieza muy valiente, con la extrañeza de un viaje a Tokio, Rita en el papel de comercial de vinos. Pero se alarga, sin aportar un gran qué al desarrollo de la trama. Después nos acompaña a Puigcerdà, donde las amigas preparan el asalto a la casa tapiada de unos ricachones, los Weyler. Esta nueva historia se superpone a la primera sin continuidad. La historia, de hecho, arranca cuando
Rita Racons entra en el coworking y empieza a explicar historias de la gente que allí conoce. El hilo de la novela que quiere escribir (que no es Les calces al sol, sino una historia de contrabandistas a partir de recuerdos de familia) y los problemas administrativos con la Escuela de Escritura, no los veo claros. Si no te sale la novela, no nos lo expliques, espera a que te salga. Vale para el último libro de Carlota Gurt.En definitiva, una novela entretenida y adrenalínica que deja la sensación de que le falta un hervor. Dios (el mercado) dirá.