La artesanía y la necesidad de preservarla está hoy en boca de todos. Es el término más utilizado en las descripciones de las prendas y se repite sin cesar en los despachos creativos, así como en las entrevistas periodísticas y las presentaciones de colección. Sin embargo, la democratización de la moda ha desvirtuado el término de igual manera que lo hizo en su momento con el concepto sastrería. Hoy, una americana o un pantalón de pinzas recibe por parte de la sociedad el sello de “traje de sastre” o “prenda sartorial” sin tener en cuenta cómo, dónde y quién lo ha confeccionado. “El traje es una forma de construir el cuerpo. No solo viste, también cambia la postura, la actitud, la manera de moverse. La sastrería no solo cubre el cuerpo, sino que lo dibuja y lo define”, explica la diseñadora
Carlota Barrera.
Bianca Jagger, junto a su hija Jade, con un traje blanco de doble botonaduraExpress NewspapersPara poder preservarlo y entender en qué punto se encuentra este preciado y escaso arte hay que comprender primero su origen etimológico. Porque sastrería viene de sartor, que significa ‘remendar o reparar’, y contiene el sufijo -ería, que hace referencia al lugar donde se hace o vende. El término, pues, debería atribuirse exclusivamente a las casas de sastrería y aquellas firmas que disponen entre sus filas de un sastre de oficio. Allí ofrecen tres técnicas para la confección de un traje de sastre: bespoke, hecho a medida y su misura. En la primera —que se practica en célebres casas como Anderson & Sheppard o
Cifonelli— el cliente escoge todos los detalles del traje, incluso el patrón se hace de cero, y se realiza mayormente a mano; mientras que en la segunda, la más común, el esqueleto del traje se cose a maquina y después se realizan los cambios necesarios. Por último, en la tercera, la pieza se personaliza partiendo de un traje estándar y los posibles cambios que se pueden hacer en la estructura de la pieza son menores. Este estilo de confección lo ofrecen firmas como
Emidio Tucci o
Zegna. Las técnicas avanzan y las casas se adaptan a las nuevas necesidades para sobrevivir.Chaleco de lana, camisa y pantalón de traje. De Miu MiuEdward BerthelotUno de los cambios más significativos que se cuece en el sector es el de conquistar al público femenino. La famosa casa londinense H. Huntsman & Sons dispone de una pequeña selección de trajes femeninos y de un servicio de sastrería a medida capitaneado por
Magdalena Handwerker, y en
Madrid, la sastrería
Serna presenta ambos servicios, el masculino y el femenino, con el mismo peso.Otras casas han decidido sumarse a esta tendencia de una forma más gradual, casi experimental. Es el caso de Brioni. Conocida por sus maestros sastres y su famosa clientela —que a lo largo de la historia ha incluido a presidentes y estrellas de Hollywood— la firma lanzó en febrero La Donna Atelier, un proyecto Su Misura dedicado a la mujer e inspirado en el concepto atelier. Nuevos gestos, nuevas proporcionesLa Donna Atelier es la nueva colección cápsula femenina de la firma especializada en sastreríaBrioniLa línea que sirve de base recupera el legado del icónico power suit de Brioni e incluye entre sus piezas principales blazers magistralmente confeccionados, abrigos, camisas, prendas de punto ligeras para todo el año y pantalones que reflejan plenamente la reconocida tradición sartorial masculina de la casa.En la misma línea, Boggi se embarcó en esta nueva era del traje femenino al lanzar en el 2025 su primera colección para mujer. Presentada bajo el lema “Boggi Milano for her”, la línea se centra en traducir los códigos del vestuario masculino al femenino pero con tejidos distintivos, volúmenes suaves y líneas que reinterpretan el cuerpo de la mujer. Como una de las voces más potentes de la industria de la moda y la construcción del traje contemporáneo, Barrera disecciona estos cambios en la sastrería y explica que a pesar de que haya un motivo comercial detrás, también es algo cultural: “El menswear es un sistema muy codificado, lleno de reglas, y eso como diseñadora es muy interesante porque me permite cuestionarlo desde dentro. Una modelo luce un traje de la línea femenina otoño-invierno 2025 de BoggiCortesía de la firmaEl traje siempre ha estado ligado a ciertos espacios de poder y representación, y a medida que más personas ocupan esos espacios, se apropian del lenguaje. Lo interesante es que la sastrería femenina ya no se está copiando, sino reinterpretando. Se mantiene la técnica, pero cambian las proporciones, los gestos, la manera de llevarla”.La percepción del traje ha cambiado entre las nuevas generaciones y el motivo principal es que ha perdido su obligación. “Ya no es algo que nos ponemos porque tenemos que hacerlo, sino porque queremos. Eso cambia mucho su significado, porque pasa de ser un uniforme a ser una herramienta de expresión. Ya no se entiende solo como algo formal, sino como una base que se puede reinterpretar constantemente en diferentes contextos”, sentencia Barrera.