El enanito y el gigante
Botía no lee la mente, la provoca, estudia cómo percibimos y por qué acabamos pensando que decidimos lo que en realidad solo justificamos, en Inteligencia natural (
Almuzara) explica cómo interpretar a los demás en situaciones cotidianas, lo resume con una imagen: dos compañeros de piso que no se hablan, el consciente, que guía, y el subconsciente, que ejecuta, “el enanito lleva al gigante con una cuerda”; y ahí está la clave, basta con llevar la conversación para que la persona que tienes delante hable más de la cuenta, se equivoque o se corrija sola, “el ego es una puerta abierta, y la culpa, aún más”; tampoco mentimos sin motivo, siempre hay algo que ganar o que ocultar; y en ese terreno, donde creemos elegir pero en realidad reaccionamos, es donde se mueve, convencido de que somos más básicos y predecibles de lo que nos gusta creer. ¿Cómo actúa su mente sobre mi mente? Lo que actúa es tu mente sobre ti, y yo actúo sobre lo que tu mente percibe para que haga lo que yo quiero. Eso es mucho poder. Tu subconsciente ve más que el consciente. Vas caminando, ves un buzón, y si luego te preguntan, dices: “Sí, estaba allí”. ¿Cómo lo sabes? Porque lo has registrado sin darte cuenta. Eso sucede constantemente. Piense en una figura geométrica. Listo. Por visión periférica puedo sugerirle un triángulo con mis dedos. Esa información entra en su subconsciente. Y usted dice: “Un triángulo”. El consciente no puede con todo. Es limitado. El subconsciente es un gigante. ¿Tanto? Se ocupa de miles de millones de procesos químicos y funciones involuntarias. El consciente es un enanito con una cuerda que intenta guiarlo. El enanito tiene habilidades sociales, habla, decide… pero su poder es limitado. Pero el gigante, que es el realmente poderoso, es sumiso: se deja llevar. Para influir en alguien hay que hablar con su gigante. Sí, ¿qué hace un hipnotizador? Distrae al enanito con un péndulo y corta esa cuerda. El gigante, sin guía, acepta otra dirección. En una emergencia pasa lo mismo: el consciente intenta ordenar, pero el gigante arrasa. Por eso en un incendio hay estampidas. ¿Cuál es la clave? El equilibrio entre ambos. No hay que hablar con el consciente –que sabe mentir–, sino con el subconsciente, que no habla… pero tampoco calla. Se expresa en gestos, en el parpadeo, en microseñales que no controla. Por eso el polígrafo funciona. ¿En qué se diferencia un mentalista de un ilusionista? El ilusionista crea artificios para generar una sensación. El mentalista tiene tres patas. Una es esa: el ilusionismo. Otra es la ciencia: comportamiento, hipnosis, lenguaje corporal. ¿Por ejemplo? Estás ligeramente inclinada a la izquierda, lo que indica atención racional. Cuando alguien crea, se inclina a la derecha; cuando escucha o analiza, a la izquierda. ¿Y la tercera pata? La parte espiritual: ancias, aura, adivinación… Un mentalista debe estudiar espiritismo y astrología entre otras cosas para detectar los trucos. ¿Usted qué cree? Estoy trabajando en otro libro, Empatas, sobre personas con una empatía extrema. No ven el futuro: leen muy bien a los demás y pueden anticipar sus comportamientos. Yo no tengo una creencia concreta. Solo creo que la ciencia aún no lo explica todo. Hay mentalistas en el campo de la ciencia. Sí, y muchos estudios sobre la percepción, autosugestión y el lenguaje corporal que demuestran que somos más predecibles de lo que pensamos. Que actuamos por patrones. Deme un ejemplo. Cuando alguien sufre ansiedad, le damos agua. No porque tenga sed, sino porque beber implica que no hay peligro. El subconsciente lo interpreta así, es muy básico. ¿Y usted sabe cómo comunicarse con él? Usted también. Por ejemplo, con repetición. Yo, cuando veo números “especiales”, me repito un objetivo. Eso hace que ambos hemisferios se alineen y el mensaje entre mejor. No es magia: es foco y repetición. ¿Puedes programarte a ti mismo con el lenguaje corporal? Sonreír, aunque no estés contento, genera dopamina. Fruncir el ceño la reduce. El cuerpo influye en la mente. Y es universal: mostrar las palmas, abrir los ojos, inclinarse, todos lo hacemos igual cuando pedimos ayuda. Los políticos estudian sus movimientos. El color de la corbata, la ropa, la postura, todo comunica. Azul es credibilidad. Rojo es contundencia. En catástrofes, todos los políticos visten informal para parecer cercanos: “Soy uno de vosotros”. Siempre vendiéndose. ¿Cómo se gana un debate? Esto se entendió con el debate Kennedy-Nixon, quienes lo escucharon por la radio pensaron que ganó Nixon, quienes lo vieron por televisión, que ganó Kennedy, el mensaje era el mismo, lo que cambió fue la imagen, la seguridad, la presencia, por eso en un debate no gana quien tiene razón sino quien resulta más convincente. ¿Cómo usar la mente a nuestro favor? Conociéndola. Pero la hemos hecho vaga, consumimos contenido pasivo, no imaginamos, no pensamos. Hay que recuperar el aburrimiento. Ahí pensamos de verdad. Me han dicho que usted mira los pies para detectar al líder. A quien apuntan más pies suele ser el líder. Dígame eso que no debo olvidar. Que no ves la realidad, ves lo que tu cerebro interpreta, y lo inquietante es que no tienes manera de saber si se está equivocando.