El momento esperanzador que vive el
Barça potencia las virtudes y los defectos de una tribu unánimemente ilusionada. Los resultados del sábado amplían el liderazgo, y al interpretar las victorias, el pragmatismo de los puntos se impone a la exigencia estética más sofisticada. ¿Que
Lewandowski marcó de rebote, casi sin querer? ¿Y qué? A estas alturas, el horizonte del desenlace desbarata nuestra capacidad de concentrarnos en los capítulos del presente. Afortunadamente, el entrenador y líder espiritual
Hansi Flick nos marca el camino con afirmaciones que, en un mundo propenso a la ingravidez intermitente, nos hacen mantener los pies en el suelo. Son afirmaciones que se deberían proyectar en los marcadores del estadio y en otros lugares estratégicos de la ciudad y del país.Tomemos nota: “Faltan ocho partidos, nada está hecho”. La afirmación choca contra el lobby de las lecheras y los vendedores de pieles de oso que todavía no se han cazado. Cinco minutos después de acabar el partido contra el
Madrid" class="entity-link entity-organization" data-entity-id="46632" data-entity-type="organization">Atlético de
Madrid, ya circulaba, con la estridencia de los tubos de escape tuneados de motocicletas robadas, la teoría de que, si el
Barça le gana al
Madrid (domingo 10 de mayo, a las 21 h), podría consagrarse como nuevo y flamante campeón de Liga.Lee tambiénEnvidio a los culés que se proyectan hacia el futuro con cálculos fantasiososEnvidio a los culés que participan de esta permanente proyección hacia un optimismo mil veces desmentido por la historia. Envidio su satisfacción y como se recrean en un dato que es pura ucronía. Envidio el entusiasmo con el que se retroalimentan y menosprecian evidencias tan racionales como que, para llegar al 10 de mayo, antes tendrás que ganar al
Espanyol, al
Celta, al
Getafe y al
Osasuna. Y envidio la seguridad con la que afirman que “el
Madrid volverá a pinchar” y como interpretan que, con la ventaja que ya tenemos, eso nos permitirá pinchar sin perder el liderazgo.Estas dos corrientes conviven con armonía, aunque, mediáticamente, la explotación de los cálculos triunfalistas (encuestas, tertulias monográficas, trigonometrías varias) siempre será más rentable que la austeridad agria y fatalista de los que, apretando las nalgas, nos enfrentamos al futuro con una extraña mezcla de ilusión y pánico.El entrenador del Barcelona,
Hansi Flick, el pasado sábadoJuan Barbosa / ReutersPor eso conviene volver a Flick y a su “faltan ocho partidos, no hay nada hecho”. Es una afirmación que tiene la ventaja de rebajar el malentendido, más mediático que real, del 10 de mayo. Centrando toda nuestra atención en el
Barça-
Madrid se menosprecia la posibilidad de llegar a esta fecha sin que la Liga esté decidida y que tenga que resolverse en el tramo final contra el Alavés, el Betis y el Valencia. Es verdad que, en la Escala Orgásmica de Richter, ganar la Liga en el Camp Nou contra el
Madrid produce una sobredosis de serotonina que no se puede comparar con la de un título digamos convencional. Por eso, sin ponernos de acuerdo, sospecho que los culés nos repartimos los dos estados de ánimo. Y para contrarrestar el lobby emocionalmente arrasador representado por las lecheras y los vendedores de pieles de oso que aún no se han cazado, algunos nos mantenemos fieles para siempre a la doctrina, igualmente ilusionante por metódicamente responsable, de
Hansi Flick.