Cuando el
Real Madrid recuperaba, tras semanas en las que lo que ha pasado en la enfermería ha sido más noticia que lo que sucedía en el césped, a sus mejores jugadores, regresaron los nubarrones al equipo de Álvaro Arbeloa a apenas dos días de medirse al
Bayern en la ida de los cuartos de final de la Champions (mañana, 21 h). La derrota en
Mallorca por 2-1, con puñalada final de
Muriqi, no solo aleja al equipo blanco del título (a siete puntos del Barça con 24 en juego), sino que además devuelve los estigmas que parecía que el técnico salmantino había arrancado tras la ronda ante el
Manchester City.Esa media hora final fue un augurio poco prometedor. Salvo 13 minutos ante el Atlético de Madrid antes del parón, hacía nueve semanas (63 días) que no coincidía en el césped el tridente mágico de
Florentino Pérez con la misión de remontar un partido:
Vinícius Júnior, Kylian Mbappé y
Jude Bellingham. El inglés, ante el Rayo Vallecano el 1 de febrero, se retiró a los diez minutos por una lesión en un muslo. Desde entonces, solo el brasileño se ha mantenido inalterable y fuerte ante las lesiones, con Mbappé protagonizando el sainete de su rodilla con los servicios médicos del club. No le fue nada mal al Madrid con ambas ausencias. Liquidó al
Benfica y al City en la Champions y se mantuvo a cuatro puntos del Barça en la Liga. Sus dientes de sierra se estaban convirtiendo en un llano. “Es complicado pensar que un equipo sea más competitivo sin el mejor jugador del mundo”, llegó a decir en la sala de prensa del Etihad el propio Arbeloa.Fuera del Madrid se les ve compatibles, pero su anarquía genera más problemas que solucionesCon los tres en el campo y 1-0 perdiendo, el Madrid lo tenía todo para, al menos, asediar la portería de Leo Román, pero no sucedió nada de eso. En esa última media hora, el equipo blanco no lanzó de jugada entre los tres palos. En la hora anterior, lo hizo hasta cinco veces, con el delantero francés (tres remates) como el más incisivo. Vinícius intentó sus regates (75% de efectividad), pero el
Mallorca encontró siempre un defensor más para frenarlo; Mbappé perdió su espacio y pasó de puntillas, mientras que Bellingham no dio una. El inglés altera el sistema del
Real Madrid, que se había hecho fuerte con una especie de 4-4-1-1 con Brahim por detrás de Vinícius.Aunque la historia del Madrid en la Champions lo transforma en un mejor equipo, las dudas se ciernen nuevamente sobre el banquillo como ya sucedió con Xabi Alonso por el rendimiento de las estrellas y su impacto en el equipo. “Lo complicado es que los jugadores sepan entender que sin dar el 200% no íbamos a ganar”, se quejó el técnico, avivando el debate sobre la actitud de algunos futbolistas, como Eduardo Camavinga, señalado por su primera mitad y por dejar solo a Morlanes en la acción del 1-0.El
Real Madrid que eliminó al City con Pitarch en el mediocampo, Valverde y Vinícius de jugadores resolutivos y Brahim y Güler de acompañantes se tornará mañana en el equipo de Mbappé como jugador franquicia, acompañado por Vinícius y, teóricamente, por Bellingham, con Valverde más sacrificado en labores de mediocampo y con Pitarch repitiendo junto a Tchouaméni.Desde fuera, consultadas otras direcciones deportivas, se piensa que los tres jugadores pueden llegar a ser compatibles por ejemplo en un 4-4-2 en rombo con el inglés de mediapunta y Vinícius y Mbappé alternándose los costados en ataque, ya que a ambos les gusta partir desde la izquierda. Pero, en su contra, son tres jugadores anárquicos y con una voluntad defensiva en ocasiones dudosa, por lo que, al ser los tres que deben iniciar la presión, puede generar un déficit muy grande si no se arremangan en esa faceta como sí hacen los Güler o Brahim habitualmente.Ese es el galimatías de Arbeloa. Una palabra francesa como Mbappé, a quien se le caen los goles de los bolsillos, pero no los títulos en el
Real Madrid.