La gran nevada de
Filomena no solo dejó estampas de postal en
Madrid. También pasó factura a algunos de sus rincones más delicados. Uno de ellos fue
Parque de El Capricho, donde el peso de la nieve y la caída de ramas dañaron dos de sus joyas más singulares: el
Fortín y el
Salón de Baile. Ahora, tras una restauración minuciosa, el
Ayuntamiento planea abrirlos al público entre semana "a la vuelta de verano", según ha informado desde el propio jardín el delegado de Urbanismo, Medio Ambiente y Movilidad,
Borja Carabante."El Capricho es una auténtica joya desde el punto de vista histórico, cultural y también ecológico", resumía el delegado
Borja Carabante durante la visita a las obras ya terminadas. Y por eso requiere un cuidado extremo. En la actualidad solo abre fines de semana y festivos, con un máximo simultáneo de 1.000 personas. Ahora, estudian abrir de martes a domingo —cerrando los lunes para mantenimiento— pero con aforos muy reducidos entre semana, de apenas 150 a 200 personas y mediante reserva "para no romper el sensible equilibrio del parque", apunta el delegado.También estudiarán abrir a grupos pequeños los caprichos de la
duquesa de Osuna —quien diseñó el parque en el siglo XVIII— que están cerrado al público por su delicadeza o peligro de deterioro. Es el caso del Salón de Bailes, cuyo interior está cerrado al público por ser una de las arquitecturas más delicadas del parque, pensada por la duquesa para el encuentro, el paseo y el lucimiento. Aquí, el daño de
Filomena se tradujo en humedades, suciedad acumulada, grietas y un interior que había perdido su esencia con el paso del tiempo.Una limpieza "exhaustiva" para devolver el esplendorLa intervención ha limpiado exhaustivamente las superficies, recuperando la bóveda de ladrillo y reforzando los muros con morteros tradicionales. También se ha impermeabilizado la terraza y restaurado carpinterías y pavimentos. "El objetivo ha sido devolverles su estado inicial, el esplendor que habían perdido", resumía
Antonio Morcillo, subdirector general de Parques y Viveros del
Ayuntamiento de
Madrid. Si el Casino de Baile es el capricho de la vida social, el
Fortín es el capricho que simboliza la guerra. En concreto, es una pequeña fortificación que recrea escenarios bélicos en clave paisajista del siglo XVIII y sobre la que cayeron varios pinos durante
Filomena."Había algunos ejemplares muy grandes que cayeron en el centro del
Fortín y dañaron de forma importante la estructura", explicaba Morcillo. A eso se sumó el hielo, que se coló en las juntas del ladrillo y las fue abriendo poco a poco. Además de esto, la restauración ha consistido en la limpieza manual de fábricas, rejuntado de ladrillo, consolidación estructural y recuperación de elementos perdidos como la garita, reconstruida a partir de documentación histórica y planos antiguos. También se ha recuperado el pavimento interior y añadido pasarelas de madera para el tránsito de peatones. "Ha sido una actuación muy cuidadosa, porque cada elemento tiene valor en sí mismo", explican fuentes del área de Medio Ambiente.El Capricho nació de 14 hectáreas y 2.000 metros cuadrados verdes y, en la actualidad, es el jardín más cuidado y con más jardineros por metro cuadrado de
Madrid. En 1974, se abrió al público para que los madrileños puedan visitar estos jardines franceses de estilo paisajista romántico, pero siempre con restricciones para intentar conservarlo de la manera más fiel posible. No es un parque para estar, sino para visitar como si fuese un museo. Por eso están prohibidos los animales, la comida, la bebida y el aforo es limitado a 1.000 personas los fines de semana. Aunque parece que esto último podrá cambiar en unos meses.