Hay profesiones que deslumbran. Oficios que fascinan, inspiran y estimulan la imaginación desde la infancia, pero que solo revelan toda su dimensión cuando nos la cuentan quienes la viven desde dentro. Ser piloto es una de ellas. Porque, más allá del uniforme, la cabina o esa seguridad casi contagiosa que transmiten, existe una experiencia tan apasionante como profundamente humana.Quizá por eso merece la pena detenerse en lo que significa esta profesión. Volar exige precisión, conocimientos, criterio, templanza y una atención milimétrica al detalle. Pero también es una manera muy particular de estar en el mundo. La de quien aprende a convivir con la responsabilidad sin perder la emoción. La de quien es consciente de que cada día, cuando va a su trabajo, está cumpliendo un sueño.Volar exige precisión, conocimientos, criterio, templanza y una atención milimétrica al detalleY una magnífica forma de celebrar el Día del Piloto, que se conmemora este 7 de abril, es dialogar con quienes hacen posible que volemos, con tres perfiles que representan distintos momentos de una misma carrera. Con
Albert Latorre, comandante e instructor de
Vueling con más de tres décadas volando y 18.000 horas de vuelo a sus espaldas. Con
Maite Pagés, First Officer de la compañía desde hace diez años. Y con
Edgar Fuentes, también First Officer, quien se incorporó a
Vueling hace dos años. Tres voces distintas y tres momentos profesionales diferentes en un mismo horizonte.
Albert Latorre, comandante e instructor de VuelingVuelingLa vocación empieza en tierraUno de los grandes malentendidos alrededor de la labor del piloto es pensar que todo empieza cuando el avión avanza sobre la pista. En realidad, el vuelo comienza mucho antes. Muchísimas horas antes del embarque. Antes, incluso, de la propia formación.El Día del Piloto se conmemora anualmente el día 7 de abril Porque realmente se inicia en ese instante en el que alguien entiende que no quiere limitarse a ser pasajero o a admirar los aviones desde tierra. Le ocurrió a Albert con 15 años, cuando tuvo la oportunidad de acompañar a un piloto privado en el aeródromo de
Lleida, la ciudad en la que nació. “Cuando bajé de ese vuelo dije: esto es lo mío”, recuerda.Edgar sintió esa llamada incluso antes. No tenía referencias familiares en el mundo aeronáutico, pero con ocho o nueve años lo tenía claro: “solo quería estar cerca de los aviones”, nos dice. Esa fascinación temprana, sin embargo, es solo el principio. Porque una cosa es soñar con la cabina y otra muy distinta es ocuparla.Cuando bajé de ese vuelo dije: esto es lo mío”
Albert Latorre, comandante e instructor de VuelingUn camino sin atajos y que demanda un aprendizaje continuoPara llegar a ser piloto hay que superar un recorrido exigente que requiere muchas horas de estudio y una constancia y disciplina férrea. La aviación no admite atajos. Es necesario pasar por exámenes, simuladores, licencias, procedimientos, horas de preparación y ser capaz de acostumbrarse a tener una relación muy temprana y madura con la responsabilidad.Aun con todo,
Maite Pagés recuerda esa etapa con cariño, muy exigente pero también de cambios y crecimiento y en la que pudo “conocer a personas con intereses muy similares a los míos”, explica. Lo cierto es que para ningún piloto es fácil ese proceso de formación, pero todos coinciden en recordarlo con una mezcla de esfuerzo y gratitud.
Maite Pagés, First Officer de VuelingVuelingLa aviación exige pasar por exámenes, simuladores, licencias, procedimientos, horas de preparaciónY una vez que se logra, la formación nunca se detiene. La profesión de piloto se vive como una evolución constante. Sus 33 años volando y 18.000 horas de vuelo no parecen haber reducido ni un ápice la sensación de exigencia para
Albert Latorre. “Siempre me he formado lo máximo posible para poder dar lo mejor de mí”, observa. Y hoy, además de pilotar, también es formador y se dedica a preparar como instructor a nuevas generaciones de pilotos.Ser piloto supone aceptar que nunca se deja de aprender. Los aviones cambian, las tecnologías evolucionan y los procedimientos se actualizan. Por eso, cada seis meses, como nos explica Edgar, todos los pilotos vuelven al simulador y se enfrentan de nuevo a escenarios exigentes que deben superar para continuar operando.Siempre me he formado lo máximo posible para poder dar lo mejor de mí”
Albert Latorre, comandante e instructor de VuelingY es que el cambio y la capacidad de adaptación es algo intrínseco en la profesión. “En aviación, cada día es diferente”, explica
Maite Pagés. “Cambian los equipos, los aviones, los destinos… y eso te obliga a ajustarte constantemente a nuevas situaciones”, comenta.Esta dinámica también moldea la personalidad del piloto, su forma de pensar y de organizarse. Por ejemplo,
Albert Latorre confiesa que “me ha ayudado a tener siempre un plan B y a saber valorar riesgos”. Edgar, por su parte, se enfoca en algo muy importante para compatibilizar esta profesión con la vida personal, la gestión del tiempo. “Tienes que tener un nivel de organización muy alto en tu vida”, dice el copiloto de
Vueling.
Albert Latorre, comandante e instructor de VuelingVuelingEl cambio y la capacidad de adaptación es algo intrínseco en la profesión de la aviaciónY en esa reflexión de
Edgar Fuentes cabe una parte importante de la profesión que rara vez se cuenta. Los pilotos tienen horarios que no se parecen a los de nadie, descansos diferentes, la necesidad de planificar vacaciones con muchos meses de antelación. En cierto modo, dedicarse a su vocación también demanda que aprendan a pilotar su propia vida personal.El vuelo empieza mucho antes de despegarPorque, lo decíamos antes, ser piloto es mucho más que avanzar sobre las nubes. Lo es en la vida personal, pero también en la profesional. Volar empieza mucho antes de entrar en la cabina.
Albert Latorre, con su dilatada experiencia, puede dar buena fe de ello. En realidad, nos dice, “una jornada de vuelo empieza ya el día antes”.Pilotar es también prever. Revisar la meteorología, anticipar escenarios, preparar la operación y construir equipo con el resto de personas que van a formar parte de la tripulación y a las que, muchas veces, se conoce por primera vez en la reunión que precede al vuelo. En el fondo hay una coreografía silenciosa y coordinada que antecede a cualquier despegue y que rara vez se ve.
Edgar Fuentes, First Officer de VuelingVuelingPilotar es también revisar la meteorología, anticipar escenarios, preparar la operación y construir equipo con el resto de personas que van a formar parte de la tripulaciónPara Maite se trata casi de un ritual. Su jornada comienza antes de salir de casa. “Desde que me levanto entro en modo trabajo”. ¿De qué manera? “Reviso la información de los vuelos y destinos mientras desayuno”, nos dice. “Eso me ayuda a organizarme y a hacerme una idea clara de cómo puede desarrollarse la jornada”. Después llega el momento de cuidar otros detalles también importantes como “el uniforme, la preparación y la imagen”.Edgar comparte buena parte de esta rutina. Antes de cada jornada revisa el aeropuerto, la meteorología, el avión o la tripulación. Después, ya en el aeropuerto, llega el despacho de vuelo, el espacio en el que se analizan multitud de todo tipo de factores para garantizar la seguridad de los viajeros y tener respuesta ante cualquier imprevisto. Hablamos de analizar aeropuertos alternativos, combustible, hacer informes, o profundizar en la planificación y la coordinación. “Lo que va a pasar en el vuelo lo preparamos antes”, resume
Edgar Fuentes.Desde que me levanto entro en modo trabajo. Reviso la información de los vuelos y destinos mientras desayuno”
Edgar Fuentes, First Officer de
Vueling Una emoción por volar que no se desgastaCon todo, hay algo realmente fascinante en todos ellos: su emoción se mantiene intacta. “Me sigue apasionando volar”, nos confiesa Albert, tras toda una vida en el aire. Y esa emoción se manifiesta al hablar de la profesión de forma general, pero también en los pequeños detalles. “Ver salir el sol desde la cabina”, reconoce
Maite Pagés “es algo que nunca deja de impresionarme”.Edgar admite que aún le asombra aterrizar en grandes aeropuertos, ver inmensos aviones y volver a sentirse como aquel niño que fue y que acudía con una libreta al aeropuerto a apuntar los modelos que contemplaba.Y, por supuesto, una parte esencial de esta pasión es ayudar a que los pasajeros puedan vivir sus propias experiencias. “Al final, saber que cada pasajero lleva su propia historia y que tú formas parte de ese momento es lo que hace que cada día siga siendo diferente y especial”, confiesa Maite.
Maite Pagés, First Officer de VuelingVuelingEdgar admite que aún le asombra aterrizar en grandes aeropuertos y ver inmensos avionesLa profesión del piloto ofrece satisfacciones únicas. Ver amanecer desde la cabina, sentir el silencio de un vuelo estabilizado, entender que detrás de cada asiento ocupado hay alguien que va a reencontrarse con un ser querido, que va a empezar unas vacaciones, a volver a casa o a vivir algo importante. “No es un trabajo, es un disfrute”, resalta el comandante.
Vueling como lugar de crecimientoEn ese recorrido,
Vueling aparece en el relato como algo más que una compañía aérea. Surge como el lugar donde esa vocación ha encontrado continuidad, crecimiento y forma. Así ha sido para Albert. “En
Vueling me hice comandante, instructor; me lo ha dado todo”, reconoce. “Ha sido la culminación de mi carrera”.En
Vueling me hice comandante, instructor; me lo ha dado todo. Ha sido la culminación de mi carrera”
Albert Latorre, comandante e instructor de VuelingIgual de satisfecha de su trayectoria en la aerolínea se muestra Maite, cuyos diez años en la misma le han permitido construir una experiencia, adquirir confianza y también encontrar un lugar propio desde el que ejercer una profesión que, antes de dedicarse a ella “no tenía claro si era un camino para chicas”.Edgar, por su parte, recuerda su llegada a
Vueling con una sensación de asombro por la dimensión de la aerolínea, por su innovación, por su digitalización y por la sensación de entrar en una estructura preparada para facilitar el trabajo. Pero, por encima de todo, destaca algo más importante: “Todos los que empezamos en aquel momento nos sentimos acogidos desde el minuto uno”.Detrás de la vida de cada piloto hay alguien que un día miró hacia el cielo y entendió, casi sin saber todavía cómo, que quería dedicar su vida a eso. Alguien que, después de todo lo aprendido, de todo lo recorrido y de todo lo que aún le queda por volar, sigue sintiendo algo muy parecido a la felicidad cada vez que despega.