No es que ver a
Rosalía en directo sea caro. Lo que pasa es que conseguir una entrada a un precio razonable es estadísticamente improbable. Vamos, que hay que calzarse, hay que atarse los machos, respirar hondo y no temer al fracaso. Cuanto más fan se sea de la diva, más empinada parecerá la cuesta. Los listillos de la reventa se las saben todas. No importa que
Rosalía recurra a mecanismos disponibles, como la preventa para fans registrados: quienes se registran en su web o fan club pueden acceder antes que el público general. Pero los fans también compiten con bots dentro de la preventa. Tampoco parece muy democrático recurrir a la preventa con bancos y clubes: ¿acaso tu fidelidad bancaria vale más que tu pasión musical? Y lo de registrarse en apps oficiales que exigen verificación de correo es para iniciados: irónicamente, cuesta más aprender a navegar apps complejas que saberse la coreografía de
Rosalía. Qué decir, también, de las entradas electrónicas con código QR único: aunque la tecnología impida copiar las entradas, los fans siguen sufriendo colas virtuales, esperas, frustración y estrés, para a veces quedarse sin ticket. Un mundo cruel.La tecnología está matando hoy en día el amor de los fansHay otras estrategias a aplicar para evitar la reventa. Lo de las entradas nominativas, validando al entrar con el
DNI o el pasaporte, como si se tratase de un vuelo, casi elimina la reventa fuera de la plataforma, pero complica lo de regalarle una entrada a un amigo. Luego está la posibilidad de sustituir la venta directa por el sorteo entre fans. Así se evita la ansiedad del clic rápido y todos los fans tienen una oportunidad real, pero ¿todo mi entusiasmo se fía a la suerte? Otro modo de casi eliminar la reventa y el descontrol de precios es el sistema de reventa oficial limitada, que permite que los fans revendan dentro de la plataforma con precio máximo fijo: eso manda al carajo a los pros de este negocio que con
Rosalía se vuelve tan lucrativo. Y, bueno, lo de la reventa masiva impune se acaba solo con activar un QR solo horas antes del concierto, lo cual invalida cualquier falsa entrada, pero que a nadie se le ocurra llegar tarde a la cita con
Rosalía.Apasionarse por un icono musical siempre ha sido un camina o rev(i)enta. Money money. Pero la tecnología está matando hoy en día el amor de los fans. Aquella íntima emoción que se va edificando entre las cuatro paredes de tu habitación cuando siendo adolescente conectas con un artista, puede acabar en amargos llantos y desilusión. Y no porque seas pobre de solemnidad, sino porque la escalada de precios es inadmisible para cualquier adulto con dos dedos de frente. ¡Suerte y que veamos la Lux la próxima semana en Barcelona!Es redactora de La Vanguardia desde 1989, responsable en los últimos años de las áreas de ópera, danza y música clásica para la sección de Cultura. Anteriormente se especializó en temas de igualdad entre sexos y solidaridad. Ha publicado series sobre la prostitución y la evolución de las costumbres sexuales. Nacida en 1967 en Tortosa, en la comarca del Baix Ebre, es licenciada en Periodismo por la Universitat Autònoma de Barcelona y en fotoperiodismo por el International Center of Photography de Nueva York