El timo de la estampita es una estafa clásica, principalmente dirigida a personas mayores, en el que un supuesto “tonto” muestra una bolsa llena de recortes de papel aparentando que es dinero y su cómplice “listo” convence a la víctima para comprar la bolsa barata y acaba robándole sus ahorros. Las variantes del modus operandi son conocidas: el tocomocho con los décimos de lotería, monedas antiguas o sellos… El otro timo de la estampita es político y lo hemos visto esta Semana Santa. Políticos que se disfrazan de devotos en busca del voto católico y que, cuando llegan al poder, se creen liberados de sus compromisos.
Isabel Díaz Ayuso posa con varios procesionarios mientras asiste a las procesiones de la Esperanza Macarena y Los Gitanos de la Madrugá de
Sevilla este Viernes Santo. Comunidad de
Madrid / EFEFederico Jiménez Losantos aseguraba ayer que
España vive una “resurrección popular” del sentimiento católico. Su argumento es de todo menos religioso. Sostiene que, tras décadas de decadencia, los españoles han llenado las calles durante las procesiones como respuesta a una “profunda crisis de identidad nacional”. Y la respuesta está en “la historia de sus abuelos y la pertenencia a sus cofradías”.La cantidad de imágenes de procesiones de Semana Santa en las redes y de políticos devotos es inversamente proporcional a la realidad del
Instituto Nacional de Estadística. En la última década, las bodas religiosas han caído un 42,5%, pasando de 50.031 en el 2015 a 28.759 en el 2024. Según la última Memoria de Actividades de la
Iglesia Católica, elaborada por la
Conferencia Episcopal, caen todos los sacramentos: bodas, bautizos, comuniones, confirmaciones y extremaunción. ¿Lo de Semana Santa es religiosidad efímera?Durante los últimos días, hemos visto el tour de
Isabel Díaz Ayuso: el Jueves Santo en el traslado del Cristo de la Buena Muerte en
Málaga; en la Madrugá de
Sevilla con el periodista
Carlos Herrera de anfitrión y el viernes, ya en
Madrid, en la Pasión de Daganzo. ¿El último concierto de Rosalía en la capital cuenta como acto de devoción?Los internautas recuerdan que la presidenta de
Madrid confesó en una entrevista en el 2019 que perdió la fe “a los nueve años”, pero ahora dice que es católica y va a misa “todas las semanas”. Ese giro podría justificar la confusión del mensaje de Ayuso en el que aseguraba que estaba viendo la Madrugá con una imagen de una procesión que salía a la calle a las tres de la tarde, avisa @Manotepas. “Lo raro es que no haya confundido la Semana Santa con la Feria”, replica en X @MarcoA_GM, diputado socialista en el Parlamento balear.Compite en omnipresencia y sin errores Juan Manuel Moreno Bonilla, que ha hecho de su participación en las procesiones su mejor álbum de campaña electoral. El maratón del presidente de la Junta de Andalucía ha sido retransmitido casi en directo por las televisiones locales y provocado los comentarios sarcásticos de Óscar Puente: “el titán Juanma”, el “superhéroe sin capa”, su “hercúleo esfuerzo”, “gesta de proporciones épicas”... Pero las ocho horas bajo el trono del Cristo de la Exaltación en
Málaga de Moreno Bonilla no lucen tanto en las redes como el emperador Fernando López Miras y su cuádriga.El presidente de Murcia ha vuelto a ser el protagonista de los desfiles de Lorca, caracterizado como Teodosio el Grande, el último emperador del imperio romano. Estableció el cristianismo niceno como religión única… Prohibió el paganismo, cerró templos, persiguió las creencias no cristianas y hasta prohibió los antiguos Juegos Olímpicos. Después dividió el imperio entre sus hijos. El principio del fin de Roma… ¿Quién querría ser Teodosio?El presidente de la Región de Murcia, Fernando López Miras, participó en el desfile bíblico pasional del Viernes Santo en Lorca Cuenta oficial de López Miras en X / EfeLa batalla que se libraba en las procesiones no era religiosa, sino ideológica. Los católicos se sitúan políticamente más a la derecha que la media española; en los últimos años, el PSOE ha visto cómo caía un tercio de sus votantes de ese segmento mientras crecían para el PP y
Vox. El catolicismo se ha convertido en sinónimo de conservadurismo; la derechización de los discursos devuelve a la religión un rol importante y el partido que se ordene como referencia de ese votante tendrá parte de la batalla cultural ganada. En ese marasmo se incluyen los discursos que cuestionan derechos consolidados como el aborto, la eutanasia o incluso la gestión de la inmigración, donde la derecha diferencia entre los migrantes musulmanes y los cristianos. Pero cuando el PP llegó al Gobierno no derogó la ley del aborto, ni la del matrimonio homosexual y ahora, ante la eutanasia de Noelia, Alberto Núñez Feijóo promete una ley de cuidados paliativos que existe desde el año pasado. La pregunta es si el PP se dejará arrastrar por
Vox para acabar con derechos avalados por el Tribunal Constitucional.Pero en las redes la disputa de las procesiones no era cuestión de fe, sino de dinero. Un muro de vallas restringiendo el acceso, tribunas a precios solo al alcance de unos pocos y muchas quejas digitales: “¿Os acordáis cuándo os decían que la izquierda os iba a quitar la Semana Santa?... Pues al final os la ha quitado la derecha”. “O pagas o tienes que verlo por la televisión”, “Y Jesús dijo: aquellos que tengan pasta podrán pagarse un palco vip para ver las procesiones. Los pobres, no. Esos que se jodan”.Según Jiménez Losantos, la de este año era la Semana Santa que Pedro Sánchez “no quería ver”. No se refería al costalero futbolero viendo el Rayo-Elche mientras portaba el paso o a la proliferación de fieles de cada día en el metro de
Madrid: “La procesión de nuestra señora de Quirón. Esperando el paso de la Santísima línea 10”.El presidente del Gobierno se fue a Doñana, pero dejó el recadito ante tanta procesión en forma de canción recomendada: Pesadillas, de Cora Yako, aunque la letra dé para otras interpretaciones. Y, a la vuelta, en lugar de ponerse la túnica de nazareno, se enfundó una camiseta de la selección española para celebrar los 22 millones de ocupados.Hay otra tradición de Pascua que ofende o se aplaude en función del protagonista. En Burgo (
Málaga) han quemado un muñeco de Beniamin Netanyahu para derrotar al mal en el Domingo de Resurrección y en Coripe (
Sevilla) se fusiló a un Judas con la cara de Putin y fotos de Trump y Netanyahu. Una “costumbre” de esa Semana Santa renacida que pasa por linchar al personaje más “malvado” del año. Según la derecha, ¿ese no era Sánchez? Otro timo.Subdirectora de La Vanguardia desde 2014. En la actualidad estoy al frente de la edición digital. He sido jefa de la sección de Política (2006-2014) . En Europa Press (1995-2006) pasé por Sociedad, Tribunales y Política.