Todas las mesas del bar Bahia, en el centro de
Oujda, están llenas de hombres hipnotizados. Mientras afuera las luces blancas de los escaparates se difuminan con el humo que emana de los locales que tuestan mechouis o brochetas de cordero en las parrillas, en las tres pantallas gigantes del Bahia se juega un partido decisivo entre el
RS Berkane, uno de los clubes más importantes del nordeste marroquí, y el
Al Hilal Omdurman sudanés de la CAF Champions League . En un momento de la segunda parte, la retransmisión apunta el ambiente en la grada –el club sudanés juega en Kigali, Ruanda, por la guerra en su país– y aparece en pantalla una bandera gigante de Palestina sostenida por los aficionados y otra más pequeña de Irán. Varias mesas del Bahía arrancan en un aplauso espontáneo y algún grito en árabe de apoyo.No es un sentir reservado a los cafés de
Oujda: en el trayecto en coche hacia la ciudad costera de Saidía, a resguardo de oídos ajenos, el ingeniero Mohamed B. aprovechará horas después la discreción de un coche para desatar sus reparos hacia
Rabat. “El gobierno apoya oficialmente a Estados Unidos e
Israel por sus intereses, pero a la población en su mayoría no le gusta. Trump atacó sin motivo ni provocación a Irán, mató a su líder, y es una guerra ilegal que traerá muchos problemas y está subiendo los precios de la gasolina y de todo”.“Trump atacó sin provocación a Irán, es una guerra ilegal que traerá problemas”, critica MohamedLas bombas en Irán y los países del Golfo han puesto de manifiesto una brecha entre la postura del gobierno marroquí y el sentir popular. Pese a la poca simpatía social que despierta la alianza gubernamental marroquí con el eje Washington-Tel Aviv y el impacto económico de la guerra –el 94% de la energía de Marruecos es importada y es una de las naciones más golpeadas por las secuelas del conflicto
Iraní-, la monarquía alauita mantiene firme su postura ante la espiral de violencia en Oriente Medio: pragmatismo ante todo. En su primer comunicado tras los bombardeos en Teherán y la réplica
Iraní a los países del Golfo, Marruecos calificó la agresión de “violación flagrante de la integridad y la seguridad de los estados árabes hermanos, a saber, los Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Catar, Kuwait, Jordania y Arabia Saudita”.En ningún momento citó las bombas caídas en Irán.A cambio de los Acuerdos de AbrahamRabat está condicionado por los acuerdos estratégicos y económicos con EE.UU., que en el año 2020 reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara OccidentalPara el analista y periodista marroquí Jamal Amiar, la actitud del gobierno marroquí no es una sorpresa ni por el hoy ni por el ayer. “Uno tiene que mirar al pasado –explica Amiar- para entender lo que pasa actualmente. Cuando el último sha de Irán, Mohammad Reza Pahlaví, fue expulsado de Irán por Jomeini tras la revolución islámica de 1979, Marruecos le acogió en exilio antes de que fuera a EE.UU., así que las relaciones con el régimen
Iraní desde entonces no han sido muy serenas…”.Según Amiar, más allá de rencillas históricas, el posicionamiento de
Rabat está condicionado por los acuerdos estratégicos y económicos con la administración Trump, que en el año 2020 reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, a cambio a su vez del reconocimiento diplomático a
Israel tras la firma de los Acuerdos de Abraham. Voces discordantes con el discurso oficialOpositores políticos y líderes religiosos han mostrado su solidaridad con Irán, a quien admiran por su resistencia ante
Israel“Ese acuerdo afianza a Marruecos en una línea de cooperación militar y diplomática con el gobierno estadounidense, que se ha ampliado a colaboración en el ámbito tecnológico, cultural o incluso de intercambios universitarios. Luego, el apoyo de Marruecos a los estados del Golfo es algo normal, de solidaridad, entre monarquías árabes cercanas a EEUU, y un poco menos a
Israel”. Al pragmatismo marroquí se suma una hostilidad antigua con Irán, que en los años 80 reconoció el movimiento independentista del Frente Polisario y en el año 2018 se recrudeció cuando
Rabat acusó a Teherán de enviar armas a la causa saharaui y reunirse con sus cabecillas en Argelia.Aunque el gobierno alauita ha silenciado las protestas en las calles de
Rabat o Tetuán –en otros países del Magreb como Túnez, Libia o Argelia hubo manifestaciones tras las primeras bombas de Trump-, han habido voces contrarias que han alzado el tono. El Partido de la Justicia y el Desarrollo o la Federación de la izquierda democrática condenaron los ataques contra Irán y pequeñas asociaciones activistas como el Grupo de Acción Nacional por Palestina denunciaron la “agresión sionista-americana” a Teherán.El Golfo era como los Alpes de Oriente Medio y ahora están en guerra. ¿Si hoy quisieras invertir en un país árabe donde irías? En Marruecos hay estabilidad, un proyecto de desarrollo económico y social y es un país abierto. Esta situación puede ser una oportunidad”Jamal AmiarAnalista y periodista marroquíEl rechazo también ha surgido desde la esfera religiosa. En un comunicado firmado por varios ulemas marroquíes, los líderes religiosos expresaron su solidaridad con Irán, en tanto que país musulmán, y su presidente, Ahmed Raïssouni, puso palabras a su desafío al rey. “Estoy con Irán porque son musulmanes y porque están siendo oprimidos. Estoy en contra de los agresores criminales y sus aliados”, dijo. Por encima de las diferencias de las ramas del Islam (suní en Marruecos y chiís en Irán), muchos marroquíes, que consideran a
Israel un ocupante colonial en Palestina, guardan simpatía con la resistencia durante décadas del gobierno
Iraní ante Tel Aviv.Pese a las turbulencias políticas y económicas de la ola expansiva de las bombas en Irán, Amiar abre una ventana de aire fresco al futuro de Marruecos. Habla incluso de ocasión de oro. “Hasta hace un mes, el Golfo era los Alpes de Oriente Medio y ahora están en guerra. ¿Si hoy quisieras invertir en un país árabe donde irías? En Marruecos hay estabilidad y tiene un proyecto de desarrollo económico y social, es un país abierto. Creo que esta situación puede ser una oportunidad”.Licenciado en Periodismo y eterno estudiante de Ciencias Políticas. Amante de las maletas improvisadas y de abrir bien los ojos al viajar, tengo predilección por África y sus gentes