En el corazón de
Nueva Orleans, en 1897,
Fernando García Ballesteros nos introduce en burdeles para todo tipo de apetencias, en opulentas mansiones señoriales, en los rincones donde se gestó el jazz, en revueltas obreras, en leyes segregacionistas y en el pulso de una sociedad con rasgos muy diferentes al resto de Estados Unidos. Pero el autor de La sangre (
Alfaguara) no nos invita a un curioso paseo, sino a un descenso al infierno del alma humana, con una epidemia de fondo que mostrará lo más oscuro de nuestra condición.Farmacéutico de profesión, García Ballesteros emplea sus conocimientos en La sangre para recrear la propagación de un virus que libera de inhibiciones culturales y deja al descubierto lo que hay detrás de la máscara. Pero el contagio solo afecta a unos cuantos, y, a ritmo de thriller, define un momento histórico y una particular sociedad alejada del foco de la novela histórica.La protagonista,
Isabella, es una española nacida en
Cuba que simpatiza con los independentistas cubanos que triunfarían en 1898. ¿Qué opinaría ahora si viera lo que está ocurriendo en su añorada
Cuba?Creo que
Isabella sufriría muchísimo. Es del tipo de personas que anteponen las necesidades de los demás a las suyas propias. Le conmueve el sufrimiento ajeno y no soporta las injusticias.Una historia sobre una pandemia en
Nueva Orleans en 1897…, ¿no se inspiraría, por casualidad, en otra pandemia más reciente?Sí, exacto. La primera idea de la novela se me ocurrió durante la pandemia. La inspiración provino de un artículo de
La Vanguardia: “Cómo la fiebre amarilla agravó las desigualdades sociales en
Nueva Orleans hace 200 años”. Me intrigó la idea de que los inmigrantes irlandeses, que eran muy pobres, lo primero que hacían era intentar contagiarse de fiebre amarilla. Allí la enfermedad era endémica, y el valor de los trabajadores aumentaba si eran inmunes. También se consideraba que las personas negras eran resistentes, de forma natural, a la infección. Se me ocurrió la idea de una enfermedad en la que unas personas fueran inmunes y otras no. El miedo, la extrañeza y el hecho de que no sabemos qué va a suceder encajaban perfectamente en un thriller.Barcos de vapor en
Nueva Orleans en la segunda mitad del siglo XIXDominio públicoAntes de que ocurra su epidemia ficticia,
Nueva Orleans padeció en 1878 otra de fiebre amarilla. ¿Cómo afectó a la población?La relación de la población con la fiebre amarilla era ambivalente. Por un lado, la enfermedad tenía una tasa de mortalidad muy elevada en quienes no habían estado expuestos antes. Los que podían permitírselo se marchaban al campo o a otras regiones, lo que agravaba la economía local. Los inmigrantes recientes y los sectores más pobres fueron los más afectados, porque no tenían inmunidad previa ni recursos para escapar. Por otro lado, la población autóctona se enorgullecía de ser inmune a la enfermedad: era algo distintivo, una marca de identidad. Incluso durante la guerra de Secesión pensaban que la fiebre amarilla los liberaría, diezmando al ejército yanqui. Curiosamente, durante aquel año, no hubo pandemia, porque la guerra había acabado con los arrozales donde proliferaba el mosquito transmisor de la enfermedad.Usted es farmacéutico, así que de contagios, medicinas y venenos sabe un rato. ¿Qué elementos son ciertos y cuáles inventó para la pandemia de La sangre?La cadena epidemiológica, la forma en la que se transmite y propaga la enfermedad es correcta desde un punto de vista científico. Sin embargo, la forma en la que se puede adquirir inmunidad es invento mío. Quería que hubiera cierta justicia poética en ello.Sin concretar para no hacer espóileres, la novela introduce un elemento que desinhibe los más bajos instintos. ¿Llevamos todos una bestia dentro o solo algunos?En cada uno de nosotros existen diversas capas: nuestra persona pública, que es la que conoce la gente; nuestra persona privada, la que conocen nuestros familiares y amigos; y nuestra persona secreta, la que solo nosotros conocemos. Creo que en algunas personas ese ser secreto es un monstruo, y en otras, un niño perdido.Fernando García Ballesteroscortesía AlfaguaraEl escenario de la novela y las costumbres de la época están más radiografiadas que descritas. No falta ni un detalle. ¿Cómo fue el proceso de documentación?
Nueva Orleans es una ciudad amada por muchos, y, además de libros y películas, hay innumerables blogs en los que mucha gente se dedica a detallar de forma altruista costumbres, folclore, recetas de cocina antiguas, edificios desaparecidos. Hay, por ejemplo, un bloguero que recopila información sobre viejas comisarías, uniformes de policía y prisiones desde los inicios de la ciudad, lo que me fue de gran utilidad.La novela muestra una sociedad segregada por el racismo. ¿En qué consistían las leyes Jim Crow?Jim Crow es un personaje de ficción. Fue popularizado por un actor blanco, Thomas Dartmouth Rice, que se pintaba la cara de negro (por eso sigue siendo tan controvertido el “blackface”). El personaje era alguien tonto y estúpido del que se podían burlar y reír. Las leyes tomaron de manera popular el nombre del personaje, aunque no de modo oficial.Thomas D. Rice como Jim CrowDominio públicoImpusieron una brutal segregación racial en todos los aspectos de la vida pública y privada. Se aplicaron principalmente tras la retirada de las tropas federales del sur durante la era de la Reconstrucción y a mediados del siglo XX, cuando fueron finalmente desmanteladas por la legislación de derechos civiles.
Nueva Orleans era el único enclave en el que ser descendiente de los ingleses que llegaron a Estados Unidos en el Mayflower no era cuestión de orgullo; más bien, al contrario. ¿Cómo determinaba el orden social la ascendencia familiar?Durante mucho tiempo
Nueva Orleans era el lugar de Estados Unidos en el que los anglosajones no estaban en la cúspide social. En esa cima estaban los franceses descendientes de los primeros colonos, los fundadores. Veían a los yanquis como unos advenedizos, unos nuevos ricos ostentosos y con mal gusto. Pero entre los franceses también había clases sociales. No eran lo mismo los descendientes de las primeras familias que los de la segunda oleada (campesinos pobres que habían huido del hambre), o los que habían escapado de la Revolución francesa o los de la Revolución de Haití. Además, mezclado con todo ello, estaban los criollos, la mezcla de franceses y población negra libre, que tenían mucho peso en la ciudad.La novela sucede en Storyville, ¿cómo consiguió este distrito ser el único que legalizó la prostitución y cómo funcionaba?El nombre proviene de Alderman Sidney Story, un concejal del ayuntamiento con afán reformatorio. A finales del siglo XIX hubo una corriente de pensamiento científico llamada higienismo, que vinculaba la salud pública con las condiciones socioeconómicas, promoviendo mejoras en la salubridad urbana, viviendas y hábitos de higiene para prevenir enfermedades, también las venéreas.Los burdeles estaban dispersos por toda la ciudad, y se decidió concentrarlos en unas determinadas calles, muy céntricas, al lado de la estación de tren y cerca del barrio francés. Cada uno competía con los otros para ofrecer lujosas habitaciones temáticas y diversas amenidades.Vista general de Storyville en 1906Dominio públicoUno de sus personajes, el doctor Schmidt, representa las siniestras corrientes pseudocientíficas de finales del siglo XIX que justificaron el racismo. ¿En qué consistieron?En mi anterior novela, La luz más cruel, ya daba cuenta de esas corrientes. Su máximo exponente era la frenología, según la cual la forma de los cráneos, sus protuberancias, formas y depresiones indicaban el carácter de la persona. En el contexto del racismo científico, los frenólogos utilizaron medidas craneales para argumentar, sin base científica, que la raza negra era inferior. Estas mediciones, conocidas como craneometría, se distorsionaron para validar estereotipos y justificar la esclavitud y la discriminación.En La sangre también trata los albores del jazz y su relación con los burdeles. Para ello incluye a Kid Ross…Kid Ross fue un personaje real. En los más lujosos burdeles se contrataba a un pianista, al que llamaban “profesor”, para amenizar las veladas. En esos burdeles no tenían reparos en contratar a músicos negros, que no podían actuar en salas respetables de la ciudad. Mezclaban ritmos africanos con música popular o incluso sinfónica, y dieron lugar a un nuevo género musical.Caricatura de 1890 que representa a una banda afroamericana tocando en Nueva OrleansDominio públicoEn el libro cita la huelga general y multirracial de los estibadores de 1892 en
Nueva Orleans. ¿Qué supuso y por qué decidió incluirla en su novela?Fue un extraño momento de unión entre los trabajadores, sin importar el color de su piel. Trabajadores negros y blancos colaboraron para paralizar la ciudad. Los miembros de la patronal boicotearon esa unión, ofreciendo mejoras solo a los blancos, pero estos las rechazaron. O todos o ninguno. El evento confirmó el poder de la organización obrera unificada.Una de las primeras afectadas por la epidemia acepta la ayuda de Markus, a pesar de ser un médico negro, y recuerda a su marido, que murió defendiendo un sindicato unido entre trabajadores, sin importar la raza. Por eso decidí incluirla.¿Qué dice de nosotros nuestra sangre?Que por muy diferente que sea nuestro color de piel, el color de la sangre es siempre el mismo, y eso es lo que importa.