“Mereces un amor que te quiera despeinada…” escribió
Frida Kahlo en un poema que inspiró su opera prima, Mereces un amor, tirada adelante por pura fuerza de voluntad. Han pasado siete años desde que Herzi debutó como directora con aquella película sobre el mal de amores, y diecinueve desde que obtuvo el César a la mejor actriz revelación por Cuscús, de
Abdellatif Kechiche –el director de La vida de Adèle–, para formar de una nueva generación de actrices como
Leïla Bekhti o
Lyna Khoudri que, en la estela de
Isabelle Adjani, han tenido que dar demasiadas explicaciones sobre sus orígenes magrebíes. Eso en una sociedad como la francesa, más diversa que la nuestra.Herzi nació hace treinta y nueve años en
Marsella, hija de madre tunecina y de padre argelino. Ha tenido que luchar, pero ya es una actriz más que consagrada, galardonada con el César por la reciente Borgo, y una directora aclamada en
Cannes por su adaptación de la novela autobiográfica de Fatima Daas La hija pequeña –publicada en España por Cabaret Voltaire–, sobre las vicisitudes de una joven lesbiana musulmana. Tras su paso por los cines, llegará a Filmin el 15 de mayo.Ha tenido que luchar, pero ya es una actriz más que consagrada y una directora aclamada¿En qué se parecieron su adolescencia y la de Fatima Daas?En el ambiente familiar. Crecí en los barrios del norte de
Marsella, aunque yo era básicamente una buena niña. Era tranquila, me gustaba ir a colegio, no era para nada rebelde. En parte porque era la pequeña de cuatro, no conocí a mi padre, que murió cuando tenía un año, y siempre vi a mi madre sufrir tanto y trabajar tan duro que nunca quise causarle molestias.Le rindió un bonito homenaje en su segunda película como directora, 'Bonne mère'.Esa fue mi intención. Además ella siempre me animó a dedicarme al cine, porque ella sabía que era lo que yo quería. Sólo me pidió que acabara los estudios, porque ella no tuvo la suerte de poder ir al colegio. Tuve suerte, porque si tu familia no te apoya todavía es más complicado.Herzi enundesfile de
Christian Dior durante la Semana de la Moda de París, en eneroGetty Images for
Christian Dior¿Siempre quiso dedicarse al cine?Sí, y no quería ser sólo actriz. Cuando se me presentó la oportunidad de rodar Cuscús no la dejé pasar, aunque tuve que engordar quince kilos para el papel, y luego hice todo lo posible para seguir actuando. Pero ya entonces había empezado a escribir, y pensaba en dirigir.¿Ganar el César a la actriz revelación fue clave para seguir?Claro, cuando recibes un premio de ese calibre, la gente se fija en tu trabajo, te hace propuestas.Como mujer de orígenes magrebíes, ¿se sentía representada en el cine francés?La verdad es que no. Ese fue uno de los motivos que me animó a continuar. Aunque no fue fácil: además de mis orígenes, tenía un fuerte acento marsellés. Nací y crecí en Francia, mi educación fue totalmente francesa. A Argelia o Túnez sólo ibamos de vez en cuando de vacaciones. Pero desde entonces las cosas han mejorado mucho. Aunque todavía hay comunidades que están muy poco representadas, como los asiáticos cuyas familias llegaron de Vietnam o de China, hay más conciencia de que la sociedad es una mezcla de gente con distintos orígenes. El cine no tiene fronteras, y por eso yo también cuido que esa diversidad se vea reflejada en el equipo.El conflicto entre homosexualidad e islam tuvo que ser complicado de afrontar para Nadia Melliti, que también es musulmana, ¿cómo afrontó el reto?Cuando acepté el encargo, sabía que me iba costar encontrar a la actriz adecuada, incluso si buscaba entre las profesionales. Nadia no había actuado nunca, pero enseguida entendió muy bien la importancia de la película, y yo siempre fui muy transparente con ella: le pasé el guion, lo leyó, y lo comentamos. Tenía que estar segura de que estaba preparada para todo lo que implicaba esta historia.La película encierra un doble aprendizaje: el de Fatima, pero también el suyo, que está casada con un hombre –el ciclista Nacer Bouhanni–, ¿cómo se preparó para filmar una sexualidad que no es la suya?Sí, no tengo nada que ver con el personaje en el aspecto sexual. Así que me preocupaba tener la mirada adecuada, legítima. Como actriz, siempre me preparo los personajes investigando sobre el terreno, cosa que me apasiona porque te permite descubrir muchas cosas. En este caso, reescribí la novela como si la fuese a protagonizar yo misma. Así obtuve todas las claves para dirigirla y estar lo más cerca posible de la verdad. Para mí era muy importante que las personas que se identifican con esta historia no se sintieran traicionadas. Esta película es para ellas.Fotograma de ‘Lahija pequeña’, tercera películade Herzi como directora©2025 June films Katuh studio Arte
France mk2films¿Cómo fue esa investigación?Fui a hablar con la gente. Me interesaba el contacto humano, los testimonios directos. Conocí a muchas personas de la comunidad, fui a sus casas. Hablé con gente de todas las edades para saber cómo salieron del armario, cómo lo vivieron y cómo reaccionó su entorno. Enseguida me di cuenta de que, más allá del origen o la clase social, siempre es complicado. Está claro que depende mucho de los padres, de poder hablarlo. Pero hay muchas Fatimas que no han salido del armario y no saldrán nunca. Hay muchas más de las que creemos.Era importante que se sintieran representadas.Es importante que no se sientan tan solas. Al principio, Fatima lucha contra sus deseos, aunque la naturaleza es más fuerte. Se sentía muy sola. Quería que se sintieran identificadas con la película, y que abriera el diálogo.¿Y lo ha abierto?Sí, era prioritario que sirviera para abrir la conversación. Empezar en
Cannes ya fue muy fuerte, lo vivimos con mucha emoción, como un sueño. Ahí me dije que todo iba a ir bien. El premio para Nadia también fue muy importante a nivel simbólico. Mucha gente, de todas las edades, ha venido a darnos las gracias. La película ha sido buena tanto para las Fatimas como para sus padres, que acaban entendiendo que la homosexualidad no es algo que se elija.Ahora que Melliti tiene una carrera por delante, ¿le ha dado algún consejo?Lo único que le he dicho es que tiene que seguir, aprovechar la ola, que ser actriz es mucho trabajo, y que a veces podrá sentirse decepcionada, pero eso es inevitable.¿Le ha hablado de los peligros que suelen correr las actrices?Está claro que siempre es complicado. Pero ella tiene la cabeza sobre los hombros. Para las escenas más íntimas de la película, les propuse un coordinador de la intimidad, pero no lo necesitaron. A mí ya me fue bien porque necesito hablar mucho con las actrices.¿Tiene alguna otra película en mente como directora?De momento no, estoy tratando de disfrutar al máximo de todo lo que pasa con esta, y sigo trabajando como actriz, claro. Hice otras dos películas después de la mía.Estaba genial en 'Borgo', ¿disfrutó disparando aquella ametralladora?Más bien pasé miedo. Pregunté cincuenta veces si eran balas de verdad, porque no paraba de pensar en Alec Baldwin cuando mató accidentalmente a aquella directora de fotografía. La verdad es que las armas no son mi rollo. My favourite thingsUna marca de ropa. En
Cannes iba de Dior, pero la verdad es que uso mucha ropa de deporte, porque hago mucho para mantenerme en formaUna joya para la alfombra roja. Soy embajadora de la joyería Messika, que lucí en
Cannes y en la Fashion Week de ParísUn aroma favorito. Cuando llega el buen tiempo igual me pongo Slogan de Courrèges, pero también puedo llevar Shalimar, de Guerlain, como mi madre. Cambio mucho de perfume. Algo que no puede faltar en su maleta. Mi cepillo para el pelo. Lo tengo muy largo, y por él he perdido algunos papeles. Cuando me piden que me lo corte, digo que ni hablar.