Nueva York pierde costa por la subida del nivel del mar. El rápido hundimiento de
Manhattan es una de las grandes preocupaciones en la Gran Manzana, y algunos de los mejores remedios están llegando desde el Jardín Botánico de la ciudad. Su director científico, el colombiano
Mauricio Díazgranados, es un fan del cactus cola de mono y lleva cicatrices de cinco balas en el cuerpo —recuerdo del conflicto en su país—. Se mudó de los reales jardines ingleses de
Kew a
Nueva York dispuesto a impulsar proyectos que incitaran a la sociedad a interesarse por los hongos y las plantas.Aún le pasma el menosprecio con el que mucha humanidad trata a unos seres tan decisivos que pueden resultar claves para salvaguardar
Manhattan. Donde muchos perciben catástrofe, él intuye oportunidad. Pero, ¿cómo llega alguien a pensar así?Durante lustros exploró el globo hasta que aceptó liderar una de las instituciones más poderosas dedicadas al mundo vegetalPrimero, se enamoró del frailejón. “Fue como un amor a primera vista —dice—. No hay plantas más maravillosas y espectaculares. Cuando la ves, te quita el aliento. Cuando tocas la hoja, no lo puedes creer. El ecosistema de páramo donde vive es sobrecogedor; las comunidades indígenas lo reconocieron como sagrado. Y el primer encuentro que tuve con el frailejón…”.Fue a los quince años. Terminó el libro Yanomami, supervivencia en la selva, de
Rüdiger Nehberg, “y pedí permiso a mis papás para sobrevivir en la selva. No me lo dieron y me escapé”. Tomó un cuchillo, una linterna, un pequeño saco de dormir, chaqueta y subió “al colectivo”. En el páramo, la lluvia empantanaba el suelo. “Y entonces los encontré: yo, tiritando de frío; los frailejones, en paz. Impresionantes. Estuve allí tres días con sus noches, a la intemperie. Me volví caminante”.Imagen de lareciente exposición ‘Wonderland’Jardin Botánico de Nueva YorkDíazgranados creó tres grupos de ecoturismo, se hizo guía de montaña, coronó picos nevados, exploró zonas remotas, se perdió en la selva y en montañas. Mientras cumplía un voluntariado en el herbario de
Cambridge con la idea de mejorar su inglés, descubrió que nadie había clasificado a los frailejones del planeta. “Me convertí en uno de los expertos mundiales”. Habla sentado en un butacón de su oficina en el
Bronx, entre fotografías de frailejones y libros científicos de tapa dura. Tras las ventanas titilan las luces del herbario, porque ya ha oscurecido.Viste corbata, americana y zapatos que brillan, aunque desprende un aire deportivo. Añora las expediciones. Durante lustros exploró el globo hasta que aceptó liderar una de las instituciones más poderosas dedicadas al mundo vegetal, con un equipo de 120 personas que igual rastrea especímenes en Vanuatu que reverdece espacios urbanos o presenta un espectáculo de orquídeas ideado por Mr. Flower Fantastic.El botánico muestra una exposición de orquídeas ideada por Mr. Flower FantasticGabi MartínezEl Botánico de
Nueva York ha impulsado una estrategia para convertir a la megalópolis en emblema del manejo y restauración de áreas verdes urbanas. Así, Eric Sanderson, “la persona que más sabe de ese tema en el mundo”, ha creado un modelo virtual que permite apreciar la biodiversidad de cualquier enclave, se llame Grand Central Station o Central Park. Los mapas de The Welikia Project y Layers of the Past revelan la flora y la fauna tanto de hoy como de hace, por ejemplo, 500 años, indicando si ahí había una quebrada, un río o un humedal. Ya puede descubrirse la historia ecológica de la ciudad a base de clics. “Es información clave para entender muchos problemas”.Y ha permitido que el Botánico diseñe planes contra la inundación.Vemos a las plantas como alternativa. Habrá que repensar el uso del suelo en zonas inundables, generar barreras de protección con plantas y tal vez tomar decisiones muy duras. Algo muy interesante es que, si quieres comprar casa en
Nueva York, vas al mapa y ves qué riesgo de inundación tiene. Esa información ya se encuentra en las inmobiliarias.¿Qué plantas emplearían como barreras?Una porción debería ser vegetación nativa. Hay varios tipos de comunidades vegetales: vegetación riparia o marismas muy grandes, como las que rodean al aeropuerto de JFK o a La Guardia, que siempre han actuado como ecosistemas de amortiguación. Muchas de esas marismas fueron colonizadas y se construyó encima. Son de las zonas que más se inundan.Antes, un jardín botánico era un lugar donde ibas a ver plantas, pero estamos hablando de promover transformaciones urbanas. ¿Qué papel juegan los jardines botánicos hoy?Están tradicionalmente en ciudades y son un puente directo entre el ciudadano y la biodiversidad. El de
Nueva York ha sido fundamental para el reconocimiento de las plantas y los hongos. Tratamos de educar y capacitar sobre la necesidad de conservar la diversidad. Hay intervenciones a gran escala, como la celebración del otoño, que reúne a 15.000 personas en el Jardín, o una carrera de 5.000 metros que se celebra aquí durante la Semana del Cambio Climático; cuando los corredores llegan a la meta, los científicos les explican el Jardín.¿Cómo se convence a la mayoría de que hay que cambiar dinámicas?Aquí tenemos la plataforma educativa de botánica más grande del planeta. En 2024 superamos las 400.000 personas. Manejamos más de 300 huertas urbanas y ofrecemos una academia de plantas comestibles, con huerta. Los niños aprenden el proceso de siembra, cuidado de la planta, cosecha, preparación y cocción, y luego invitan a sus papás a comer sus platos.La gastronomía es una de sus grandes apuestas.Hay 26.632 especies de plantas con usos reportados como alimento, pero solo quince de ellas proveen el noventa por ciento de las calorías que consume la sociedad. En los últimos cien años hemos perdido el 75 por ciento de variedades. Por eso hemos impulsado el Consorcio Global de Conservación para Plantas Comestibles. Queremos involucrar al sector de la gastronomía y tenemos el apoyo de chefs muy relevantes.En el marco estadounidense y global, ¿qué papel juega este jardín botánico?
Nueva York es un caso bastante singular en Estados Unidos por ser una de las ciudades más densas y tener complicaciones urbanísticas que vienen de muchas décadas atrás. Asimismo, es vanguardista al recobrar algunos espacios para traer naturaleza. Por ejemplo, la High Line (corredor verde elevado paralelo al río Hudson) ha sido muy exitosa, y se está pensando en construir una segunda High Line. Cada vez se escuchan más proyectos de jardines con especies nativas, techos verdes, balcones…También avanzan con inteligencia artificial.En cómo usarla para desbloquear el poder de las plantas y los hongos, usarla de manera responsable y positiva. La Fundación de Jeff Bezos nos ha elegido para un proyecto con IA. Ese edificio —señala al que titila enfrente— es el herbario más grande del hemisferio occidental, con ocho millones de especímenes de plantas prensadas sobre cartulina. El problema es que recibimos entre 30 y 40.000 especímenes al año; hay 18 personas trabajando full time, pero no logramos procesar todas las muestras. Desde el momento que ingresa una planta hasta que se identifica pasan 16 años de promedio. ¿Podré usar IA para acelerar el proceso? La respuesta, en dos años. Estamos entre los pioneros de los jardines botánicos usando inteligencia artificial, pero queremos estar a la vanguardia.