Prost�bulo, burdel, manceb�a, lupanar, puticlub, romer�a, quilombo, casa de putas, puter�a, chongo... El espa�ol, el idioma, es vers�til, ocurrente, original y rico, y el espa�ol, el hombre, es putero. As� lo dicen tanto el acerbo popular como la academia —la Real de la Lengua para ser precisos—, sin descuidar distintos estudios que afirman que Espa�a es uno de los principales consumidores de prostituci�n en Europa, con estimaciones que sit�an entre 100.000 y 150.000 las mujeres explotadas o v�ctimas del lenocinio (otro sin�nimo m�s). Digamos que �ste es el contexto. Espa�a es putera.La Nacional 401 une
Toledo con
Ciudad Real. Es ah�, en un punto sin identificar del todo, donde arranca El castillo. "El tr�fico es constante", se lee en el guion. "Un hombre fuma y mira un edificio abandonado con el cartel de una inmobiliaria", contin�a el libreto. Ese hombre —descrito como "corpulento, feo, manipulador, expansivo y analfabeto"— ronda los 40 a�os, se hace llamar Suizo y es encarnado por un in�dito Ra�l Ar�valo que aparece con el cr�neo rapado, con casi 20 kilos sobre su peso habitual y con una perilla que recuerda al inefable Walter White. Inmenso, intimidante. Esa es la primera impresi�n que recibir� el espectador a la vuelta del verano, cuando se estrene en Movistar+ Plus la serie creada por Isabel Pe�a y
Eduardo Villanueva y que dirigen Elena Mart�n y
Sandra Romero. Los dos primeros son socios, coguionistas y c�mplices de
Rodrigo Sorogoyen (juntos idearon, entre m�s cosas, Antidisturbios); la tercera es responsable de pel�culas tan crudas y vibrantes como Creatura, y la cuarta, que no necesariamente �ltima, sorprendi� en 2024 con un debut de pedernal en el cine Por donde pasa el silencio. La serie, basada en el libro de
Mabel Lozano El proxeneta, se empez� a filmar en noviembre de 2025 y ahora, a finales de marzo del a�o siguiente, se encamina a su �ltima semana de rodaje m�s tres d�as de trabajo en Cali,
Colombia.El lugar preciso de la acci�n hoy ha cambiado desde aquella primera indicaci�n del guion, pero se dir�a que el paisaje permanece id�ntico. Ahora, un viernes de finales de marzo, estamos cerca de Santa Olalla, en la provincia de
Toledo, pero en la carretera de Extremadura, que no en la N-401. Siempre en La Mancha, tierra de molinos... y de puticlubs. El tr�fico sigue siendo constante con su monocorde y sucio aliento de asfalto y v�mito. El edificio abandonado que antes fue burdel (Joy, se lee en el hueco fantasmal de unas letras inexistentes) es ahora un improvisado plat� convertido en, precisamente, otro burdel. Suizo-Ar�valo sigue ah� en un remozado e imaginario Club Zamora. Y, enfrente de �l y de todo el equipo de la serie, otro prost�bulo, manceb�a, lupanar, puticlub, romer�a, quilombo, casa de putas, puter�a, chongo..., como se quiera. �ste, perfectamente real, perfectamente activo, perfectamente lleno de coches a su vera y tan perfectamente espa�ol como el toro de Osborne que se adivina en el horizonte unos kil�metros m�s all�. Se llama Hey. Debajo del rotulo se lee: "Entre y ver�". Un burdel falso para una serie que cuenta una historia verdadera y, al otro lado de la autopista, un burdel verdadero que cobija, con toda probabilidad, un grupo de vidas fracturadas y, por ello, falsas en su sentido genuino. "Lo que no queremos", precisa Villanueva, "es dar dinero al negocio de la trata. Podr�amos rodar en los locales ahora mismo abiertos, pero preferimos crear de cero, o casi, los decorados". Puticlubs abandonados que remozar y convertir en escenario no faltan. Digamos que �ste es el contexto. La Espa�a putera.En la orden de rodaje, se lee, a modo de encabezamiento, Ed�n. Ese es el t�tulo de trabajo, que no original. Hace referencia al nombre de uno de la media docena de locales entre los que discurre la serie. Hasta que se cambi� por el definitivo. "El castillo", explica Pe�a, "habla de un sistema establecido y muy viejo que nadie es capaz de tirar abajo. Por otro lado, designa algo muy masculino, en el que un rey lo domina todo. Es f�cil entrar y muy complicado salir". Tiene sentido. A su lado, Villanueva le da la raz�n y a�ade un campo sem�ntico m�s al poder�o feudal del nombre: "Las mujeres captadas, todas vulnerables y menores, en pa�ses de Sudam�rica como
Colombia llegaban, y llegan, convencidas de venir a trabajar a un pa�s moderno y, cuando aterrizan en uno de los locales de carretera de La Mancha o de la costa de Valencia, una de las im�genes que m�s les llaman la atenci�n es la de esos castillos que jalonan el paisaje, que apelan a un pasado de conquistadores y colonizaci�n, y que se presentan como fortalezas inexpugnables. Al fin y al cabo, la trata de mujeres es otra forma de colonizaci�n". Vuelve a tener sentido.Ra�l Ar�valo, Laia Marull y Omar Ayuso en el rodaje de El castillo.Para situarnos, la serie discurre a finales de los a�os 90. Lo explica justo al final de la primera de las seis entregas un r�tulo: "El primer macroburdel de Espa�a se empez� a construir en 1999. No existen datos oficiales del n�mero de mujeres de deuda [en referencia al sistema para retenerlas] que han llegado a nuestro pa�s entre 1996 y 2023. La trata ilegal de mujeres no se consider� delito en Espa�a hasta 2010". Digamos que este es el contexto. Toda la aventura, que tambi�n es revelaci�n de una palmaria injusticia, discurre en tres escenarios con tres protagonistas en cada uno de ellos. Suizo-Ar�valo encarna al proxeneta que en la Espa�a del boom —en la Espa�a del "Espa�a va bien y del volquete de putas"— descubre la posibilidad del m�s rentable (y ni siquiera fuera de la ley del todo) de los negocios. Claudia, a la que da vida la actriz colombiana, debutante y aut�ntico descubrimiento Valentina Vidal, gu�a el relato de la verdadera protagonista, la v�ctima. Y luego est� la trama policial, la que animan Omar Ayuso y Laia Marull desde la UCRIF (Unidad Central de Redes de Inmigraci�n Ilegal y Falsedades Documentales), que pasa de cuerpo despreciado y apodado "el de las putas" a aut�ntico vengador del mayor y m�s cruel de los delitos.El sistema, el de la deuda, es sencillo. Y cruel muy cerca de la esclavitud. Una mujer, probablemente menor y con toda seguridad en situaci�n de indefensi�n, es tentada a viajar a Europa para all�, hacer dinero y devolver algo de prosperidad a los suyos. Todos los gastos pagados. La libertad llegar� cuando, en efecto, abone una deuda que crece, y crece. "Los pa�ses de procedencia", explica Villanueva, "van cambiado. Primero, la mayor�a de las mujeres ven�an de
Colombia. Cuando limitaron la emigraci�n dentro del espacio Schengen por culpa de narcotr�fico colombiano, fue Panam�. Antes Brasil. Siempre Nigeria y Ruman�a. Digamos que para los proxenetas trabajan abogados que ven el telediario". "El problema", habla ahora Isabel Pe�a, "es general. Esto no va de buenos y malos. Esto va de pobreza y de un sistema que convierte todo en mercanc�a y, especialmente, el cuerpo de la mujer. Ll�malo patriarcado, capitalismo o las dos cosas juntas". Queda claro. Queda la deuda."Esto no va de buenos y malos. Esto va de pobreza y de un sistema que convierte todo en mercanc�a y, especialmente, el cuerpo de la mujer. Ll�malo patriarcado, capitalismo o las dos cosas juntas""Recuerdo", comenta Elena Mart�n, "que cuando me llamaron para incorporarme, lo primero que confes� es que no cre�a que fuera la persona adecuada. No me ve�a repitiendo los t�picos de una historia demasiadas veces contada y siempre de la misma manera. Y eso, mis dudas, es lo que precisamente le gust� a Isabel y Eduardo. Cuando le� el guion, tambi�n vi que las cosas se contaban de otra manera. Esta serie no va de sexo. La vida dentro de los burdeles no tiene nada de er�tico. El mismo sitio en el que duermen las mujeres es donde trabajan. Los zapatos de tac�n y los rollos de papel higi�nico conviven con las zapatillas de Hello Kitty. Es tierno y desolador a la vez". Pausa. Y es ahora cuando la directora explica lo que podr�a considerarse el libro de estilo de todo esto: "Lo que se ha procurado es no romantizar ni al criminal ni a la prostituci�n. Detr�s de este negocio, siempre hay alguien que sufre. �ramos conscientes de que demasiado verismo se pod�a interpretar como un deseo casi obsceno de epatar al espectador. Pero, por otro lado, todo tiene que resultar veraz. Sin estetizar nada, es muy f�cil caer en el fe�smo porque s�. Y no es eso", comenta did�ctica minutos antes de ser llamada al set para la siguiente escena. "El compromiso con la verdad te salva de ser paternalista con los clubes", a�ade a la carrera y para despejar las dudas de antes Fran Bassi, el director de arte.Sobre la barra del ficticio club Zamora, Claudia-Valentina se acerca al propietario del local para anunciarle su firme voluntad de dejarlo. No sabe c�mo reaccionar� el proxeneta, pues eso es pese a que se autopresente como empresario de la noche. Se respira tensi�n en una escena entre el miedo, la verg�enza y la liberaci�n. "Lo m�s importante", toma la palabra Omar Ayuso, "es no dejarse llevar por el estereotipo. Putas, polic�as y chulos. Es imposible imaginar tres clich�s m�s evidentes en la historia del cine y de la tele. Y, sin embargo, cada uno de ellos son, de alguna manera, tipos de personas muy normales". A su lado, Ar�valo, ya desvestido de Suizo, le da la raz�n. "Mi personaje, por ejemplo, no es un villano en el sentido tradicional. �l es un hombre cualquiera que, desde su concepci�n machista de la �poca, ni siquiera tiene claro que est� haciendo nada malo. Hablamos de un delito que ni siquiera se consider� delito hasta hace nada. De alguna manera, desde la mentalidad de los 90, es relativamente f�cil identificarse con �l. Y es eso lo que da miedo", dice. "Siempre que se habla de prostituci�n, se piensa en top models y camioneros desaseados tipo Torrente. Y no es as�, todo es mucho m�s natural", insiste ahora Isabel Pe�a por aquello de cerrar la conversaci�n con un escalofr�o. Es decir, y por continuar el razonamiento, Suizo es un monstruo, s�, pero demasiado parecido a cualquiera de nosotros. Digamos que �ste es el contexto.Valentina Vidal en un momento del rodaje de El castillo.Para la directora de fotograf�a de la serie, el reto es mirar donde han mirado tantos y tantas pel�culas, pero con otra mirada. Alana Mej�a dice haber rellenado antes de iniciar el rodaje una carpeta entera con todo lo que no se pod�a hacer. Algo as� como la carpeta Anti Pretty Woman. "Ayuda saber exactamente en lo que no hay que caer para dar con lo que quieres", dice. Podr�a decirse que buena parte el trabajo ya estaba medio organizada despu�s del rodaje junto a Elena de Creatura [la cinta que rodaran juntas en 2023] que iba exactamente de eso, del cuerpo de la mujer contemplado desde otros ojos m�s justos, m�s ciertos, m�s transparentes y civilizados. "Hay una serie de constantes siempre que se retrata el cuerpo de la mujer en contextos, digamos, er�ticos. Hay una obsesi�n, en primer lugar, por fragmentarlo: aqu� el tobillo, aqu� el culo, aqu� los labios... Como si se despiezara. Por otro lado, hay un plano recurrente en el que aparece el plano del hombre mientras mira una parte del cuerpo de la mujer, las piernas o las tetas. Digamos que de todo eso hemos huido", concluye medio rotunda, medio orgullosa incluso.El cap�tulo primero acaba con una serie de acotaciones casi impresionistas: "Obreros extranjeros y maquinaria de construcci�n. Est�n colocando un enorme cartel luminoso: Club La Playa. Suizo fuma y observa c�mo avanzan las obras de su gran proyecto: el macro burdel m�s grande de Espa�a. Apura su cigarro y emprende la marcha hacia su coche. Dentro espera Alison (20, colombiana). Acaba de recogerla del aeropuerto. El negocio no se detiene". Mientras, ya avanzada la tarde, el puticlub Hey, justo en enfrente del set de rodaje, enciende las luces. Arranca la jornada. "Entre y ver�", se lee. No es ficci�n. Prost�bulo, burdel, manceb�a, lupanar, puticlub, romer�a, quilombo, casa de putas, puter�a, chongo... Digamos que �ste es el contexto.