Vida SaludableEn 'Comprende, conf�a, vive' (
Espasa), la mujer que populariz� la pr�ctica del yoga en
Madrid nos ayuda a tratar de desactivar la 'jaula de grillos' con la que convivimos en nuestra cabeza y a contemplar los golpes de la vida como oportunidades de crecimientoActualizado Mi�rcoles, 8 abril 2026 - 00:03Mercedes de la Rosa, en ZUY Retiro (
Madrid).
Javier Barbancho Es inevitable. Cuando la vida nos golpea con la mano abierta no podemos evitar preguntarnos ese maldito "�por qu� a m�?" que, sin darnos cuenta, nos coloca en el peor de los lugares posibles para volver a alzar el vuelo. A
Mercedes de la Rosa la bofetada le lleg� cuando acababa de empezar la Universidad, pero, a pesar de su juventud, tuvo la madurez de comprender que incluso de eso que tanto dolor la estaba causando pod�a aprender algo: "Algo que podemos poner en pr�ctica y que transforma radicalmente la manera que tenemos de vivir es modificar nuestro papel en el teatro de la vida, cambiar el rol de v�ctima que tan naturalmente adoptamos por el papel protagonista de esa gesta que por alguna raz�n nos ha tocado vivir. Desde all� nos es m�s f�cil aventurarnos a descubrir qu� es lo que esa nueva posibilidad nos ha venido a ense�ar y tratar de convertir ese por qu� a m� en un para qu� a m�", asegura. Licenciada en Periodismo y Relaciones Internacionales, fruto de aquella experiencia, dio un giro a su vida que la convirti� no solo en el aut�ntico referente del yoga y la meditaci�n en Espa�a, sino en el faro que alumbra a muchas personas en su camino 'de vuelta a casa' tras sufrir un rev�s. Fruto de todos estos a�os de introspecci�n, trabajo y acompa�amiento, la fundadora en 2005 de Zentro Urban Yoga (ZUY), una plataforma f�sica y virtual en la que se imparten clases de yoga, meditaci�n y otras pr�cticas para reconectar y fomentar el bienestar, publica ahora 'Comprende, conf�a, vive' (
Espasa), "una invitaci�n a regresar a ese lugar dentro de nosotros donde habitan la calma, el amor y la sabidur�a". Arrancas el libro con el acontecimiento familiar que cambi� tu vida para siempre y que, sin duda, te reorient� hacia el camino por el que hoy transitas... Efectivamente, a lo largo de la vida surgen momentos que suponen puntos de inflexi�n que denominamos crisis, pero que no tienen por qu� ser algo negativo. De repente, te ves en una situaci�n que no esperabas, que no buscabas y para la que tampoco est�s preparado. Nunca hab�as estado ah� y, de pronto, te quedas un poco paralizado. Porque, como explico en el libro, una crisis puede significar un momento clave de transformaci�n o de cambio, una oportunidad para paralizarte y quedarte en ese mismo lugar inc�modo, encorsetado y peque�o o, por el contrario, una ocasi�n para abrirte, tomar conciencia y transitar esa incomodidad soltando todo lo que has adoptado y cargado como propio, pero que en realidad no te pertenece. Cada uno reacciona a su manera. A m� lo que me pas� es que, de pronto, me encontraba ante una dicotom�a. Por un lado, me enfrentaba a una situaci�n que cre�a que no pod�a controlar, marcada por la angustia, la ansiedad y el insomnio... Pero, por otro lado, sab�a que la vida no pod�a reducirse a eso, que aquello solo era un trance por el que deb�a transitar. Y ah� comenz� mi b�squeda.�Qu� edad ten�as? �No eras demasiado joven para llegar a esa conclusi�n por ti misma? Ten�a 17 a�os, pero siempre hab�a sido muy buscadora. Empec� psicoan�lisis muy joven y fui desde entonces una lectora voraz. Mi propia experiencia vital me llev� a reflexionar, desde muy temprano, sobre aspectos que, por desgracia, a menudo nos pasan desapercibidos. En aquel momento de crisis, volv�a una y otra vez a c�mo hab�a sido mi vida hasta entonces, especialmente a mi infancia, que es cuando de verdad nos sentimos felices, libres y plenos. Sab�a que esa forma de vivir segu�a existiendo en alg�n lugar. Y esa fue una gran ense�anza.Comprend� que, cuando atraviesas una experiencia que te aleja de ese estado —y no me refiero a situaciones m�s graves, como una enfermedad, donde quiz� no hay tanto margen—, sabes que existe un camino capaz de devolverte a esa plenitud, a esa alegr�a, a esa libertad que sent�as en la infancia.Al d�a siguiente de que sucedi� todo, fuiste a la facultad y estaban analizando noticias relacionadas con tu padre. �C�mo se vive eso? Como cualquier otro episodio de tu vida. No lo eliges y te pone a prueba en muchos aspectos. Pero, como tienes algo dentro de ti que es la verdad, tienes que anclarte a eso. No tienes que convencer a nadie ni justificarte: sabes qui�n eres, sabes lo que has vivido y, desde ah�, lo �nico que puedes hacer es seguir adelante.�De verdad se aprende m�s de los 'golpes'?La vida nos da oportunidades de crecimiento. Todo lo que nos trae la vida son ocasiones para despertar y crecer. No tengo ninguna duda. Lo que pasa es que muchas veces son cosas que nos hacen sufrir mucho, porque acarrean dolor e incomprensi�n. Te preguntas "�por qu� a m�?". Pero, al menos en mi experiencia y por lo que he visto a mi alrededor en todos los a�os que llevo acompa�ando a mucha gente, todo lo que nos trae la vida puede servir para ayudarnos a vivir desde otro lugar: a crecer, ser m�s libres y conscientes. En situaciones como esa, nuestra cabeza puede ser nuestro peor enemigo. �No es as�? La mente nos lanza constantemente mensajes: genera ruido y proyecta miedos. En el libro cuento que tenemos entre 60.000 y 90.000 pensamientos diarios; de ellos, apenas un 10% son nuevos, mientras que el resto se repite, y, curiosamente, cerca del 80% es de poca o nula calidad y no hacen m�s que generarnos ruido mental. �Te imaginas la jaula de grillos con la que convivimos dentro de la cabeza? Vivimos creyendo que ese estado —agitado, confuso, disperso— es lo natural; que sentir ansiedad o estr�s es habitual o, al menos, algo con lo que se puede convivir y que sabemos gestionar. Pensamos que no dormir o sentirnos superados por la vida es algo pasajero. Sin embargo, nada de eso es normal ni deber�a cronificarse.Lo f�cil —y tambi�n lo explico en el libro— es evitarlo: ponernos una serie, refugiarnos en las redes sociales, comer o beber en exceso con tal de no sentir. Pero lo que evitamos no desaparece; permanece ah�, aunque intentemos esquivarlo. Aprendemos a vivir semianestesiados, con ruido constante, yendo de un lado a otro para no detenernos en la incomodidad.Por eso es tan importante parar, sentir e intentar comprender c�mo funciona la mente para entender, de verdad, c�mo nos afecta. �Y eso c�mo se hace?Pues, por ejemplo, a trav�s de la meditaci�n. Meditar no es poner la mente en blanco. Es conocerla, como conoces a una persona, y aprender a convivir con ella. Ese ruido que aparece a las tres de la ma�ana... �C�mo se gestiona? Se trata de darte cuenta de qu� es ese ruido, de comprender que es tu mente la que te bombardea. Y eres t� quien puede elegir si dejarse arrastrar por �l o no. Existe un espacio entre los pensamientos desde el que es posible observar. El secreto est� en detectarlo: cuando lo haces, recuperas la libertad de elegir. Pero para lograrlo necesitamos herramientas que nos ayuden: parar, escucharnos, sentir y comprender qu� est� ocurriendo. En el d�a a d�a vivimos acelerados, casi en piloto autom�tico, y as� resulta muy dif�cil tomar conciencia de que podemos decidir si seguir un pensamiento o soltarlo. El problema es que no le damos a la mente el tiempo de escucha que necesita y eso nos deja atrapados en din�micas mentales que terminan por arrasarnos.No suena f�cil...Obviamente, hay distintos niveles. Pero creo que, en todo lo que son emociones o relaciones, a veces pensamos que no tenemos opci�n, y s� la tenemos. Solo que hay que hacer un trabajo previo, igual que si quieres correr una marat�n tienes que entrenar. Esto es igual. El problema es que nos hemos alejado tanto de todo esto que tenemos que volver a aprender a sentir. �Esa misi�n de acompa�ar a las personas en los momentos de crisis es algo que te sale de forma natural o lo desarrollaste? Creo que siempre lo he tenido. De peque�a, mi �dolo era la Madre Teresa de Calcuta. �Imag�nate! Desde muy joven he hecho obra social: ayudaba a ni�os, daba clases... Ayudar a los dem�s es algo tremendamente gratificante. Tambi�n es verdad que he tenido la suerte de encontrar herramientas que me permiten acompa�ar a la gente en sus procesos de vida. Porque, al final, yo no hago nada: simplemente acompa�o. �Qu� crees que nos pasa que andamos todos tan 'tocados'?Nos hemos 'inventado' un tipo de vida que realmente no podemos asumir. Creemos que podemos llegar a todo, hacerlo todo bien. Queremos ser los mejores padres, los mejores profesionales, las mejores parejas... Vivimos con un nivel de exigencia irreal. Es una pel�cula y adem�s muy mala. El yoga, la meditaci�n o cualquiera de estas t�cnicas llevan m�s de 2.000 a�os practic�ndose. En los antiguos textos fundacionales del yoga —los Yoga Sutra— ya se habla de parar las fluctuaciones de la mente. El problema es que ahora, adem�s, hemos a�adido un ritmo de vida que no podemos sostener. La mayor�a de la gente llega cuando ya no puede m�s. O ponemos freno o acabaremos enfermando. �Por qu� el yoga remueve tanto? El otro d�a, precisamente, habl� de ello con una alumna que se acaba de quedar viuda. Me cont� que, despu�s de mucho tiempo sin practicar, hab�a vuelto a hacerlo y hab�a llorado todo lo que no hab�a sido capaz tras la muerte de su marido. �Por qu�? Por lo que hemos comentado: porque el yoga te brinda ese tiempo de escucha y un espacio para sentir. Y cuando te permites sentir, sale todo lo que tienes dentro encapsulado. Al final, sin darnos cuenta, vamos tirando hacia adelante cargando con todo a la espalda, como los burros, porque no queremos sentir ni hacer sufrir a los dem�s. Sin embargo, cuando nos permitimos observar lo que nos pasa es cuando todo empieza a movilizarse. Y eso es lo que nos brindan estas t�cnicas —yoga, meditaci�n o chikung—: ese tiempo para parar, sentir, bajar revoluciones. La respiraci�n es clave, �no? Es brutal. Y resulta incre�ble que no se nos ense�e a utilizar una herramienta tan potente como ella. Regula el sistema nervioso: te calma o te activa. Pensamos en grandes haza�as sin darnos cuenta de que las cosas m�s sencillas son las m�s transformadoras. Nuestra mente es una aliada poderos�sima, pero hay que entrenarla. Y eso es lo que nos cuesta. Yo recomendar�a a todo el mundo que empiece el d�a meditando. Primero cinco minutos, luego diez... Yo medito todas las ma�anas porque, si no, hay d�as en que la vida me arrasa. En vez de ser yo quien maneja mi vida, es al rev�s.Ysi no somos capaces, �qu� hacemos?Algo muy sencillo: hacer 10 respiraciones conscientes. Inhalar y exhalar. Si te distraes, vuelves a empezar. Hazlo por la ma�ana y por la noche. Es transformador. Ultimas noticias