Hacen falta más millones En contraste con la generosa retribución de la excelencia en nuestro pop o el fútbol, raros son los escritores en español, incluso los más reconocidos, que pueden vivir de su obra. Nuestro sector editorial sobresale entre los europeos en cuanto al número de títulos publicados, más de 90.000 en 1994; pero son contados los que cubren los gastos de edición y un éxito los que superan los 3.000 ejemplares vendidos. Así que premiar, como hace hoy
Aena, un libro en castellano con un millón de euros (poco más de la mitad tras impuestos) no supone un riesgo de desincentivar el esfuerzo creativo (más desincentiva la escasez) y sí una inversión “en soft power –apunta
Lucena – para nuestra cultura en
América y para la capitalidad editorial en castellano de
Barcelona en el mundo”. Para mantenerla hacen falta más millones.¿Cómo puedo ganar el
Aena y, de paso, el millón de euros? Somos más de 20 países y 630 millones los que hablamos español: cualquiera puede escribir la mejor novela del año. ¿Por qué solo un millón de euros? Si Hacienda se va a quedar casi la mitad... El premio en español más conocido y nuestro punto de referencia es el
Planeta, con la misma dotación. Premia obras inéditas, y nosotros, las publicadas. Al ganador no le va a dar para vivir de rentas... Un pisito, quizás, sin parking. Se nos ha criticado de forma un tanto obsesiva ese millón por excesivo. ¿Por el cliché bohemio del genio pobre? Yo encuentro esa crítica poco generosa con la literatura y los escritores. En
España el autor no es que no gane para comer; no gana ni para merendar. ¿Y un millón es demasiado para premiar un libro y
Cristiano gana 200 al año? Si marca goles... Incluso si no marca goles: ¿a alguien le molesta que un escritor gane un millón de euros antes de impuestos por un libro de narrativa excelente ya publicado? ¿Por qué una empresa de aeropuertos invierte en un premio literario? Porque es mecenazgo que sirve a todos. Se trata de una modesta inversión en soft power de nuestra cultura hispana para toda
América, donde este premio ya ha obtenido gran eco mediático. ¿Por el millón o por el prestigio? El prestigio lo tendremos. Y también reforzamos con el premio la capitalidad editorial en castellano de
Barcelona en el mundo, por eso lo concedemos hoy aquí. En
España se publicaron 90.000 títulos en 1994: vender 3.000 libros ya es un éxito. Nuestras tiradas media son bajas en relación con otras culturas. Los anticipos, cuando los hay, para el autor son risibles. ¡Qué nos va a contar! Algún candidato al premio
Aena se nos ha quejado de que no pueden vivir de lo que escriben... ¡y son autores de éxito! ¿Hacen falta más millones? Y los grandes premios literarios europeos: en su origen fueron también mecenazgos. El Booker, una iniciativa de Booker McConell, una empresa británica de distribución alimentaria... Al cabo, la lectura también nutre. El Strega italiano fue iniciativa de Guido Alberti, fabricante del licor Strega. No añadiré nada en este caso. Y el Goncourt, legado de Edmond de Goncourt, era para premiar “el mejor libro de imaginación en prosa entre novelas publicadas en el año en curso”. Y, como soy economista, déjeme citar a Pareto. Bienvenido el padre de la eficiencia. Un acto es una mejora paretiana si no perjudica a nadie, aunque solo beneficie a pocos autores, como este premio
Aena. ¿Qué libro ha cambiado su vida? Tolstói y Ana Karénina resultan contemporáneos en cada lectura, aunque el lector vaya envejeciendo. Cada uno es desgraciado a su modo... Y todos felices del mismo. Por eso, no hay narrativa sin conflicto infeliz. Y Gustave Flaubert y Jane Austen lo dominan y así tampoco han envejecido. ¿Título para los que leen ensayo, aunque aquí venda menos que la narrativa? El estudio profundo de la humanidad , de Isaiah Berlin: sabio liberalismo ilustrado. Confiese qué libro quiso y no pudo. El Ulises de Joyce me resultaba un jeroglífico hasta que me ayudé de un buen manual y de mucha disciplina. ¿El título que le ha decepcionado? Pues un Goncourt: El orden del día . ¿Descubrimiento literario reciente? Llucia Ramis y Jacobo Bergareche, aunque Rodoreda siempre te descubre. ¿Españoles clásicos, aún vivos? Cercas, Rosa Montero, Pérez-Reverte... ¿El que le ha hecho reír? Hasta llorar: Sin noticias de Gurb , de Eduardo Mendoza. ¿Uno que le ayude en la empresa? La invención del bien y del mal: una nueva historia de la humanidad , de Sauer. ¿Y un libro que le gustaría escribir? La biografía de Carlos Solchaga, nuestro ministro de Economía y Hacienda más importante. ¿El que hará leer a sus hijos? Castellio contra Calvino , de Stefan Zweig, lúcido y ameno alegato por la libertad de pensamiento y la tolerancia. ¿Y el que recomienda a su pareja? No sé si me haría mucho caso... ¡Ánimo: inténtelo! Cualquier título de Jonathan Franzen. ¿Para coger el avión? El vuelo largo da para Memorias , de R. Aron, y el corto, Paradero desconocido , de K. Kressmann Taylor, o El último encuentro , de Sándor Márai.