Son tiempos de contrastes. Mientras una guerra en Oriente Medio amenaza con provocar un nuevo agujero de profundidad indefinida en las economías de medio mundo, una parte de las familias españolas han podido disfrutar de unas placenteras vacaciones de Semana Santa. Las ciudades, playas y paisajes de la península Ibérica han sido en la última semana una especie de ocioso refugio ante un continente que contiene el aliento por lo que está sucediendo y lo que puede llegar en los próximos meses. Hay que recordar que la inflación se llevó por delante a los gobiernos de media
Europa.
Pedro Sánchez con la camiseta de la selección española InstagramUna noticia ha sido muy comentada estos días en las redes sociales. La nueva ley de servicio militar de
Alemania que ha entrado en vigor y que plantea que los hombres de 17 a 45 años deban solicitar permiso a las autoridades federales para salir del país más de tres meses. El objetivo es tener listo un despliegue de tropa inmediato en caso de necesidad. En las calles alemanas el término rearme es muy comentado. ¿Se imaginan que el
Congreso aprueba una ley en estos términos?En
España el verbo reclutar no está ni mucho menos en las conversaciones habituales. La guerra es algo lejano, aunque sus consecuencias se llevan notando ya unas semanas, especialmente a la hora de repostar. Si un alemán y un español se encontraran por la calle y hablaran de sus preocupaciones, su forma de vivir el momento sería muy diferente. Incluso antagónica.
España es un lugar seguro y eso se nota en los aeropuertos y estaciones de transporte, que no paran de aumentar su tráfico. El turismo sigue siendo la gallina de los huevos de oro y lo es más en estos tiempos de incertidumbre.Los españoles tienen temas de conversación y preocupación muy distintos a los de los alemanes. Aquí se habla de trenes que tienen que funcionar mejor, de corrupción, del apagón, de fútbol, de procesiones… Y del 22. El número ha irrumpido esta semana en la conversación pública en otra notable estrategia de comunicación en redes sociales por parte de la
Moncloa.“22”, posteaba
Pedro Sánchez, ataviado con la camiseta de la selección de fútbol, minutos antes de las 9 de la mañana el pasado lunes. Más tarde se desvelaba el enigma:
España ha superado por primera vez los 22 millones de afiliaciones a la Seguridad Social en términos desestacionalizados. Más de 523.000 en el último año.
Rajoy soñaba con los 20 millones de afiliaciones y Sánchez ya tiene 22. Es importante distinguir el término afiliaciones de afiliados.Todos los gobiernos celebraron los datos de empleo: desde el nacional hasta el de Ayuso, por mencionar dos formas dispares de entender la política. Para Sánchez, las grandes cifras económicas son la piedra de toque. Si la macroeconomía no le acompañara, el Gobierno tendría muy complicado continuar. En minoría parlamentaria y sin números para convalidar unos presupuestos, se puede concluir que el pilar macro sostiene a la coalición. O, al menos, no provoca las condiciones que le harían caer.Pero los 22 millones de afiliaciones han de analizarse con cuidado. El Gobierno ha dejado de hablar de que
España va “como un cohete” o “como una moto”, para emplear términos más comedidos. Nadie es ajeno a que muchas familias lo siguen pasando mal, que muchas de ellas no han podido irse de vacaciones esta Semana Santa y que, como destacaba Gabriel Rufián, no les da para pagar la vivienda ni llenar la nevera como les gustaría. Cautela con el triunfalismo económico.En X varios usuarios trolearon a Sánchez y su post del “22”. Que si ese fue el último año en el que el Gobierno presentó presupuestos o los años que se necesita de salario para poder pagar un piso, fueron algunos de los comentarios. La oposición hace bien en intentar erosionar políticamente a Sánchez, es su obligación, pero con la economía está pinchando en hueso. Debatir con Carlos Cuerpo en el Parlamento no va a ser sencillo, y más si tiende la mano al PP, como ya ha hecho.Mientras en
Alemania se prepara al Ejército, en
España se camina hacia el pleno empleo. Contrastes entre el norte y el sur de
Europa. La calidad de vida en nuestro país es de las mejores del continente y, aunque eso no siempre se reproduce en las condiciones de vida de muchas familias, sí es un motivo más para entender el momento histórico. Problemas haberlos, haylos, como las meigas. Pero el instante es muy distinto.
España está funcionando como una especie de oasis y es, además, el único país de
Europa donde un partido de ultraderecha no amenaza la hegemonía de las viejas formaciones. Vox surfea la ola del malestar, pero sus expectativas están lejos de las de sus colegas alemanes, franceses o italianos. Quizá algo tenga que ver en ello que los ciudadanos en nuestro país no ven un futuro tan oscuro como el de sus vecinos. Redactor de la sección de Economía de La Vanguardia en la redacción de Madrid. Autor del libro 'El año que vivimos sin Gobierno' (Libros.com) y colaborador de varios programas de televisión y radio.