Cuando un emisario de la Generalitat irrumpe en el Palau de la Música Catalana, el 18 de julio de 1936, para advertir a
Pau Casals sobre el alzamiento militar contra la
Segunda República, el músico, gran referente internacional, está ensayando el concierto que al día siguiente ha de inaugurar, en el Teatre Grec, las Olimpíadas Populares. Son los Juegos que
Barcelona organiza como alternativa a los de
Berlín, ya en manos nazis. Tras la buena imagen que ha dejado con la Exposición Universal de 1929, la capital catalana es candidata a estos juegos, que al final recaen en una
Alemania aún democrática. Pero Hitler gana las elecciones en 1932 y se inviste Führer en el 33. Ante el cambio radical del régimen alemán,
Barcelona convierte su celebración alternativa en una Olimpiada de protesta.De estos hechos se cumplen 90 años, efeméride que coincide con el 150.º aniversario del nacimiento de
Pau Casals –los actos se darán a conocer el lunes– y con el repunte del fascismo en Occidente. Por lo que la postura cívica y política de Casals en aquella década cobra una nueva dimensión.“Era sábado por la tarde. Casals tuvo dificultades para llegar a
Barcelona desde Sant Salvador, su residencia. Comenzaban a circular informaciones de que las tropas de Marruecos se habían alzado –explica
Jordi Pardo, director de la Fundació
Pau Casals–. El caso es que llegó al Palau de la Música, donde se celebraba el ensayo de la Novena de Beethoven, y un mensajero llevó una misiva de
Ventura Gassol que Casals leyó en voz alta: había un golpe de estado, habría barricadas a la salida... Casals propone despedirse cantando el Himno de la Alegría . Y con gran euforia y ánimo, tiene lugar el final de un ensayo que nunca llegó a concierto”.
Conxita Badia y
Pau Casals en el reencuentro emotivo en Prada de Conflent, donde el maestro y cellista se exilióFons Fundació Pau casalsSerá lo último que haga en vivo con
Conxita Badia, su querida soprano, o el Orfeó Gracienc. Casals sabe que pintan bastos. Hace tres años que ha renunciado a actuar en la
Alemania nazi, el país que era su principal cliente. Ya desde 1917 se ha negado a tocar en la URSS. La coherencia con sus ideas es total. Y en
España no será distinto.Lee tambiénNo hay pruebas de que fuera deliberado, había demasiados factores en juego, pero el alzamiento militar del 18 de julio impedía por los pelos un acontecimiento antifascista que había movilizado 23 delegaciones: de
Estados Unidos,
Francia, Suiza e Inglaterra, y atletas judíos inmigrados de Alsacia, otros de Euskadi, Galicia y Catalunya. Algunos atletas iban a competir tanto en
Barcelona, del 19 al 26 de julio, como luego en
Berlín, del 1 al 16 de agosto. Otros se quedaron para combatir con las milicias, mientras en
Berlín Jessie Owens dejaba en ridículo a los atletas arios ante la mirada estupefacta de Joseph Goebbels.'La Vanguardia' le dedicaba portadas con periodicidad. Esta, en plena guerra, el 18 de noviembre de 1936 ARCHIVO / LA VANGUARDIAEstos juegos alternativos que presidía Companys y cuyo himno compuso Hains Aizlerh con letra de Josep Maria de Sagarra, no podían contar con otra figura que Casals para el acto central. Él hacía 17 años que había abandonado Nueva York (y antes París) para instalarse en
Barcelona con un objetivo claro: elevar el nivel sinfónico de la ciudad y hacer llegar la música a la gente más humilde. Había renunciado casi a actuar en el extranjero por esta prioridad.Comprometido con
Barcelona, iba a dirigir el concierto inaugural de la alternativa a los Juegos del
Berlín naziSí que viajó puntualmente para inaugurar en 1924 las Olimpiadas de París, en las que se anunciaba en el programa como “la Orquestra
Pau Casals dirigida por Pablo Casals”, algo que él mismo aprobó, pues ese era su nombre artístico, ya desde que era discípulo de Jesús de Monasterio en el Madrid del conde de Morphy, consejero de la reina regente María Cristina.“Casals estaba comprometido con todo lo que pasaba en
Barcelona –añade Pardo–. Cuando el 16 de junio de 1934 le entregan la Medalla de la Ciutat, no es solo porque ha conseguido situar a
Barcelona como epicentro musical de referencia internacional, cosa que antes quizás no era así, sino porque, además, se había implicado mucho en la actividad cultural y social de la capital. Impulsó la creación de la Associació Obrera de Concerts y estuvo detrás de la Fira y el proyecto de ciudad con el estandarte musical como eje”.Antes que los violinistas o los pianistas, el más grande solista de la clásica era a principios de siglo el cellista
Pau Casals”Oriol Pérez TreviñoMusicólogoMás allá de la figura pacífica y cívica, en lo musical Casals se había convertido en un icono mundial en aquellos años treinta del auge del fascismo. Ya al acabar la Primera Guerra Mundial, es la imagen viviente de la clásica. Lo sostiene el musicólogo y ensayista Oriol Pérez Treviño, que esta Pascua ha dado una conferencia sobre el Casals menos conocido en el Festival de Cervera: “Antes que los violinistas o los pianistas, el más grande solista de la clásica era a principios de siglo el cellista
Pau Casals. Y es de los primeros que salta el charco para hacer carrera en EE.UU., donde detecta un nuevo mercado. Su figura supone un antes y un después en el cello. Casals lo equipara como instrumento solista al piano o al violín”.Hasta entonces, los conciertos dedicados a este instrumento eran excepción. Él da la dimensión artística. “Con Casals hay una reformulación de la técnica, ganando amplitud de brazo, pues hasta entonces se obligaba a los estudiantes a ponerse un libro en el sobaco que no debía caerse. El hecho de abrir el brazo del arco le permite encontrar más intensidad, volumen y colores”, remarca Pérez Treviño.Con tres primeras espadasUn supergrupo de cámara en los años 30Casals, que en 1919 tuvo que hacerse un hueco en
Barcelona, era una figura referencial para los grandes músicos de la época. “Le tenían un respeto escrupuloso. Toscanini confiesa en una entrevista que las dudas artísticas las solía resolver comunicándose con Furtwängler, con quien, aún siendo el director preferido de Hitler, se entendían en temas musicales. ‘Y si no, preguntábamos a Casals; seguro que lo sabía’”, dice Oriol Pérez Treviño. Junto a Artur Schnabel, Bronislaw Huberman y Paul Hindemith formó un grupo de cámara en los años 30, bastión de la excelencia y resistencia artística frente al ascenso del nazismo. No duró, pero en el Festival de Viena de 1933 hicieron historia. Furtwängler, nombrado director de la Filarmónica de
Berlín, quiso desesperadamente que Casals acudiera a
Alemania. Él se negó.Casals, con gafas, junto a Huberman, Schnabel y HindemithFondo Fundació Pau casalsLa batuta la cogió de manera seria a principios de siglo XX, porque, aun siendo un prodigio, Casals sufría de pánico escénico. Dar un concierto de cello suponía sufrir, explica. Destaca su debut al frente de la Orquesta Lamoureux en París, en 1908-9. Y cuando llega a
Barcelona, diez años más tarde, se ofrece a las orquestas de la ciudad, incluida aportación económica: a la Sinfónica de
Barcelona de Joan Lamote de Grignon y a la del Liceu.Había dirigido formaciones importantes de Nueva York,
Alemania... Y pensaba que en
Barcelona tendría el apoyo de las instituciones musicales pero encontró un frío recibimiento”Jordi Pardodirector de la Fundació
Pau Casals“La orquesta suponía para él tocar el instrumento más grande. Había dirigido en muchas ocasiones formaciones importantes de Nueva York,
Alemania... Y pensaba que en
Barcelona tendría el apoyo de las instituciones musicales pero encontró un frío recibimiento”, puntualiza Pardo. Así, decide montar un proyecto que lleva su nombre –cosa que no sucedía a menudo–. Tenía 44 años y toda la autoridad para hacerlo. La suya sería, durante los 16 años de existencia, una de las grandes orquestas europeas.El músico
Pau Casals ensayando en Prada en una imagen de archivoFUNDACIÓ
Pau Casals / Europa PressMención aparte merece la nueva dimensión que Casals dio a las suites para cello de Bach. “Él encuentra una edición del siglo XIX y se pone a estudiarlas, no ya como obra pedagógica, como se entendía hasta entonces, sino como música extraordinaria. Y pasa 12 años estudiándolas antes de tocarlas en concierto. Y, ojo, las graba con 60 años, en 1936, cuando ya ha estallado la guerra civil”, explica Treviño. La 2.ª y la 3ª las graba en los famosos estudios Abbey Road de Londres, y el resto, entre 1938 y 1939, principalmente en París. Casals ve ahí un testamento espiritual.Lee tambiénEn 1946 pronuncia un discurso en la BBC diciendo que sus armas son únicamente la batuta de director y el arco de cellista. Pero que protestaría con su silencio ante el abandono de
España por parte de los aliados, que mantienen al régimen de Franco. De las cuatro invitaciones que recibe para acudir a la ONU, hoy cobra mayor sentido la de 1958, cuando pronuncia un discurso de seis minutos y medio que parece hecho hoy.Las fuerzas en conflicto deberán tener como base de sus discusiones lo inhumano e inútil de la guerra”Pau CasalsDiscurso de 1958 en la ONU“Agradezco la oportunidad que me dan de dirigirme a los pueblos del mundo para hablarles de lo que preocupa (...) Nunca como ahora el mundo se ha encontrado más cerca de la catástrofe. Los extraordinarios descubrimientos científicos son explotados para la fabricación de instrumentos cuya capacidad de destrucción es monstruosa. La confusión y el temor han invadido al mundo entero. El nacionalismo mal concebido, el fanatismo, los dogmas políticos y la falta de libertad y de justicia alientan la desconfianza y la hostilidad que agravan aún más el riesgo que corremos. Pero aun así todos los seres humanos desean la paz... (...) Todos los experimentos nucleares deberían cesar inmediatamente (...) Las fuerzas en conflicto deberán tener como base de sus discusiones lo inhumano e inútil de la guerra”. Y acaba rogando a sus colegas de todo el mundo que pongan el arte al servicio de la humanidad con la música, el lenguaje universal. Y deseando que en todo lugar se ejecute conjuntamente el Himno de la Alegría de la Novena de Beethoven, “un himno de amor”, como una plegaria por la paz “que todos esperamos”.Es redactora de La Vanguardia desde 1989, responsable en los últimos años de las áreas de ópera, danza y música clásica para la sección de Cultura. Anteriormente se especializó en temas de igualdad entre sexos y solidaridad. Ha publicado series sobre la prostitución y la evolución de las costumbres sexuales. Nacida en 1967 en Tortosa, en la comarca del Baix Ebre, es licenciada en Periodismo por la Universitat Autònoma de
Barcelona y en fotoperiodismo por el International Center of Photography de Nueva York