Vivimos en la era de la confesión femenina. Allí donde mires encuentras artistas, escritoras, músicas o actrices que desnudan sus almas y susurran sus secretos más íntimos al oído de desconocidos. Están por todas partes. Pero a diferencia de los pecadores arrepentidos que hasta no hace tanto acudían en masa a las iglesias en busca de absolución, las artistas no mendigan el perdón, y menos aún la penitencia, sino que sus confesiones públicas son una autopista hacia la sanación. Transforman el dolor personal (traumas, transgresiones culposas, celos, miedos, humillaciones, la locura) en himnos colectivos que, de paso, abren conversaciones sobre temas difíciles como los abusos, las manipulaciones y las infidelidades de los demonios con los que alguna vez todas hemos dormido.
Aitana y
Rosalía en el confesionario del Lux Tour LVAntes de casarse con una roca (“No va a irse a ningún sitio. Estará allí, esperándome, nunca me decepcionará”),
Tracey Emin levantó un monumento al desamor ( My bed ) con los escombros de las cuatro noches de sexo y borrachera (sábanas revueltas, condones usados, bragas manchadas de sangre, antidepresivos...) con las que trató de ahogar el dolor de una ruptura amorosa. Entre la rabia y la esperanza, Beyoncé compuso una ópera pop, Lemonade , sobre la traición de su pareja, el rapero
Jay-Z (“Lo llevas escrito en la cara, ¿qué diablos estás haciendo, mi amor?”).
Shakira le dio una buena paliza a Piqué en Las mujeres ya no lloran y
Rosalía golpea con gracia y sin piedad a un ex novio ególatra y detestable, un “ladrón de paz”, “terrorista emocional” que merece la “medalla olímpica de oro al más cabrón” (La Perla ).
Rosalía acoge la vulnerabilidad de
Aitana y, entre risas, nos ofrecen consuelo al mal de amoresLas confidencias (esto no va de venganza) hoy se ofician sobre el escenario, por lo que era cuestión de tiempo que alguien resucitase aquel cubículo de madera en el que a través de una celosía podíamos liberarnos de los pecados del amor. En el del Lux Tour, no hay autoflagelaciones emocionales ni padresnuestros, sino una
Rosalía que acoge la vulnerabilidad y la vergüenza de la penitente y, entre risas, la transforma en algo valiente y radical que quita lastre y ofrece consuelo al mal de amores. El público ruge y aplaude a rabiar ante la revelación de
Aitana: “Cuando ya íbamos a hacer un año… Se acabó. Me lo dijo: ¿es que sabes qué pasa? A partir del año, yo puedo llegar a ser infiel”.
Rosalía le contesta aguantándose la risa: “Él sabía que tenía caducidad”. Las miro hipnotizada y veo mujeres del siglo XXI que usan sus vidas para revocar la estupidez sexista que causa heridas colectivas. Ahí está pasando algo.Lee también“En un mundo de pecado, la absolución nunca estuvo tan cerca”, predica también estos días el artista Maurizio Cattelan, que ha abierto un casting a través de una línea telefónica (+ 1 601 666 7466) para quienes deseen confesar sus pecados. Los elegidos, los que a su juicio estén “más necesitados”, formarán parte de una retransmisión en directo, el 23 de abril, en la que el propio Cattelan les concederá el perdón. No parece buscar una conexión sino solo jugar a ser Dios.