Los especialistas han dibujado una serie de perfiles criminales atribuibles mayormente a las mujeres. La fisiología y -aseguran- también la estadística señalan que las féminas optan con mayor frecuencia por modelos criminales alejados de la violencia física. De este modo, se llega fácilmente al entendimiento de que el uso del veneno sea el mecanismo homicida predilecto de ciertas mujeres. Sus casos han tenido históricamente una gran relevancia. Una de estas envenenadoras de la crónica de suscesos española es
Margarita Sánchez, también conocida como la viuda negra de l'Hospitalet porque usó la química de un modo criminal incluso contra personas de su familia. Lo contamos en la última entrega de Dossier Negro.La sofisticación que alcanzó
María Ángeles Molina Fernández para matar a su amiga
Ana Páez ha entrado ya en los anales de la historia criminal española. Atrajo a su víctima hasta una apartamento donde la dejó inconsciente mediante algún fármaco y la asfixió. La desnudó y virtió en su boca y vagina semen que había comprado a dos gigolós. Quiso simular que Páez llevaba una doble vida. Ocurrió en
Barcelona en 2008.
Ana Julia Quezada, a las puertas de los juzgados EP· Vil interpretación.
Ana Julia Quezada asesinó al hijo de su pareja en la provincia de
Almería en 2018. El pequeño fue dado inicialmente por desaparecido y su búsqueda se prolongó por espacio de 12 días en los que la asesina se mostró especialmente activa en las labores de rastreo y hasta se dirigió a los medios de comunicación para expresar el dolor y la tristeza de la familia y de ella en particular. La Guardia Civil la descubrió cuando trataba de cambiar de lugar el cadáver del menor.· Víctimas vulnerables. La gallega Remdios Sánchez se ganó el alias de mataviejas o matayayas por la serie de crímenes que cometió en
Barcelona y Mataró en 2006. Se ganaba la confianza de las ancianas y las asesinaba en el domicilio de las propias víctimas. Fue condenada a 144 años por tres asesinatos consumados y cinco en grado de tentativa. Actualmente, se la investiga por un posible homicidio cometido durante un permiso carcelario.· Contra natura.
Francisca González estranguló a dos de sus hijos de cuatro y seis años con el cable de un cargador de móvil. Los hechos ocurrieron en
Santomera (
Murcia) en 2002. Tras el arresto como principal sospechosa, admitió los crímenes con total frialdad y los achacó al alcohol y las drogas. El jurado la declaró culpable sin observar eximente alguna y el tribunal le impuso 40 años de prisión.· Asistenta maligna. La castellonense Pilar Prades sentía predilección por el arsénico como arma homicida. Entró como sirvienta en Valencia en casa de los dueños de una tocinería y acabó matando a la señora de la casa. Tras dejar ese domicilio se empleó en el de un médico donde trató de matar a la cocinera y a la esposa del doctor. Fue detenida en 1957. Sus crímenes la condujeron a la pena de muerte por garrote vil, la última mujer así ajusticiada. En La huella del crimen, de TVE, se recrea el suceso.Redactor de La Vanguardia desde 2005 en áreas de Sucesos e Internacional. Codirector del podcast Dossier Negro. Antes en El Mundo y en Antena 3 Radio. Últimos libros: 'A la velocidad del hachís' y 'Mala gente'