Òscar Andreu (
Terrassa, 1975) ha puesto negro sobre blanco su monólogo sobre sociolingüística Crida els ocells de colors llampants con el libro Manual de defensa del català. El comunicador y escritor, que lleva años practicando la sátira —especialmente política— en espacios como La competència de
RAC1 o Està passant de
TV3, analiza la situación actual del catalán con su estilo habitual: directo, irónico y sin concesiones. Y en un momento en que la lengua atraviesa una etapa delicada, propone una medida tan simple como contundente para garantizar su supervivencia: hablarla. Siempre, en todas partes y con todo el mundo. Un primer paso imprescindible —aunque no el único— para revertir la situación.¿Por qué decide publicar este libro?La idea es fijar todas las ideas del monólogo y convertirlas en un manual que puede ser muy útil. Lo que quería es que los catalanohablantes de hoy y los del futuro tengan claras las ideas básicas que la sociolingüística tiene muy asumidas sobre las lenguas minorizadas.¿Cuáles son esos conceptos principales que expone?Que el catalán es la lengua propia del país; que es una lengua diversa, que puede recibir nombres distintos como valenciano; que, si nosotros no lo hablamos, nadie lo hará por nosotros; que no es una lengua minoritaria sino minorizada; y que no deberíamos apoyar ni económica ni políticamente a quienes menosprecian la lengua. Porque quien no está dispuesto a defender algo tan básico como la lengua tampoco defenderá a los ciudadanos. Son puntos clave que todos los que vivimos en
Catalunya deberíamos conocer y que se resumen en este libro y, especialmente, en un decálogo escondido en la cubierta.Sobre el descenso del uso del catalán“Es un fenómeno multifactorial. Por un lado, está el impacto del móvil, de internet y de las redes sociales; por otro, ha habido dejadez e incluso incompetencia de políticos y también de los medios”En el libro utiliza a menudo la sátira y la ironía. ¿Qué papel cree que tienen estos recursos a la hora de abordar estos temas?A menudo me resulta más fácil abordar determinados temas desde la sátira o la ironía que desde la solemnidad o el discurso más convencional. Es también mi trabajo: llevo más de veinte años dedicándome a la sátira política. Es una forma muy natural de explicar lo que nos ocurre como sociedad. Probablemente no sabría hacerlo de otra manera. Tengo tendencia a explicar con humor aquello que parece intocable y a tratar con seriedad aquello que se podría decir con chistes.Tres de sus cuatro abuelos son andaluces. ¿Cree que eso da más fuerza a su mensaje?Me sabe mal decirlo así, pero sí creo que eso me permite conectar con mucha gente. Somos muchos los que, según las estadísticas, tenemos uno, dos, tres o cuatro abuelos venidos de fuera. Paradójicamente, eso hace que pueda interpelar de forma más directa a una mayoría social. Lo explico en el libro: si te piensas que eres especial por ser “charnego”, quizá lo seas, pero no en el sentido que crees. En realidad, somos mayoría. Si entendemos “charnego” como alguien mezclado, la mayoría de la sociedad catalana lo es. Y eso, lejos de ser un problema, es una realidad compartida.Òscar Andreu,con un ejemplar del libro que acaba de ser publicadoNACHO VERA¿Hablar en catalán en
Catalunya conlleva más problemas que hacerlo en castellano?Sí. Venimos de muchos años de represión y de haber asumido relatos que menospreciaban la lengua: que era de campesinos, de burgueses o de determinados grupos. Cuando estigmatizas una lengua durante tanto tiempo, acabas generando autoodio entre los propios hablantes. Llega un punto en que te convencen de que la lengua “normal” es la que se impone, cuando en realidad no debería ser así. Nadie tiene que imponer el castellano en Castilla ni el catalán en
Catalunya: debería ser natural. Pero aquí no lo es, y eso indica que algo no funciona.En los últimos años se ha observado un descenso en el uso del catalán. ¿A qué factores lo atribuye?Es un fenómeno multifactorial. Por un lado, está el impacto del móvil, de internet y de las redes sociales, que funcionan con una lógica muy competitiva: se impone la lengua con mayor alcance. Por otro lado, ha habido dejadez —o incluso incompetencia— por parte de responsables políticos y también de los medios. Durante años se abandonaron espacios clave para la transmisión de la lengua entre los jóvenes, como el Club Super3. Cuando se quiso rectificar, ya se había perdido una generación. Todo ello es consecuencia de decisiones acumuladas durante mucho tiempo.¿Qué valoración hace de la idea de promover una imagen más atractiva o “simpática” de la lengua?Ninguna lengua se habla porque sea simpática. En Estados Unidos no hablas inglés por simpatía, sino porque lo necesitas. En Alemania pasa lo mismo con el alemán. Las lenguas se aprenden porque son útiles y necesarias. Si el catalán no es necesario, la gente no lo usará ni lo aprenderá. Por tanto, la clave es esta: hacerlo necesario en todos los ámbitos.Sobre el futuro del catalán“Soy absolutamente optimista. Si no lo fuera, no me habría puesto a ello. El pesimismo es la herramienta más efectiva de quienes querrían que el catalán desapareciera”En el libro menciona a menudo la figura de Carme Junyent. ¿Qué papel ha tenido en su reflexión?Carme Junyent fue una lingüista con la que tuve relación en los últimos años de su vida. Era experta en lenguas minorizadas y en lengua e inmigración, y impulsó el Grup d'Estudi de Llengües Amenaçades en la Universitat Autònoma de Barcelona. Ella lo decía muy claro: la solución es hablar catalán. Para encontrar soluciones, el primer paso es usarlo.¿Cómo valora la situación de los derechos lingüísticos en los territorios de habla catalana?Los catalanohablantes tenemos derechos lingüísticos, que son derechos humanos, y deberían respetarse en todos los territorios de habla catalana: en la Comunidad Valenciana, en las Islas Baleares, en la Franja, en el Rosellón o en Alguer. Estos derechos no desaparecen por el hecho de moverte dentro de este espacio lingüístico. Y, además de hablar la lengua, hay que exigir que las instituciones la garanticen. Por ejemplo, en ámbitos como la sanidad: hay profesionales perfectamente capacitados que no tienen ningún problema potencial para entender el catalán, pero durante años no se ha exigido ni controlado suficientemente el nivel lingüístico. Esto no se ha supervisado adecuadamente y ahora pagamos las consecuencias. Pero el punto de partida sigue siendo el mismo: para que una lengua se hable, primero hay que hablarla.¿Cuál es su perspectiva sobre el futuro del catalán?Soy absolutamente optimista. Si no lo fuera, no me habría puesto a ello. Hay pocos proyectos colectivos tan estimulantes como recuperar la lengua en todos los ámbitos. No es una cuestión individual, sino de país. El pesimismo es la herramienta más efectiva de quienes querrían que el catalán desapareciera. Por eso a menudo se alimenta el discurso de que “no hay nada que hacer”. Pero se equivocan: somos persistentes y no lo dejaremos. Puede que el catalán desaparezca algún día, pero antes nos habremos agotado intentando evitarlo.Licenciado en Periodismo por la UAB. Redactor de La Vanguardia desde 1987. En la actualidad en las secciones de Series, Televisión y Gente