The Boys termina. La serie basada en el cómic homónimo de
Garth Ennis y
Darick Robertson finalizará en su quinta temporada. Ocho capítulos diseñados por su showrunner
Eric Kripke y su equipo, repletos de la marca de la casa: cabezas volando, escatología sin frenos y comentario social y político muy pegado al presente. En CINEMANÍA ya hemos visto los dos primeros capítulos y te contamos nuestras impresiones y qué esperar del resto de temporada. No deja títere con cabeza Si hay algo de lo que se puede enorgullecer The Boys es de no haber dejado jamás de resultar relevante. Se ha burlado de
Marvel, de
Disney, de los influencers, de los políticos; ha retratado el racismo, la crueldad y la hipocresía de nuestra sociedad, de los medios y de las empresas privadas. Ha sido inclemente con el capitalismo o con la fama, e incluso ha tenido tiempo para cuestionar nuestro concepto de amistad y familia. Casi nada. La nueva temporada no quiere ser menos y comienza con fuerza, mostrando un mundo apocalíptico en el que
Homelander tiene agarrado al gobierno por las pelotas. Un país en el que el pánico se ha apoderado de los ciudadanos, con vigilancia sin control, autoritarismo descontrolado e incluso campos de concentración con impagable mención directa a Auswitch. Aunque el rodaje de la serie tuvo lugar antes de la brutalidad a la que hemos asistido en meses recientes, la serie se anticipa y señala inequívoca a Trump y su ejército de matones del ICE. Su compromiso es una gran noticia en tiempos difíciles. Cariño por sus personajes Unos buenos personajes forman la base de cualquier serie que se precie. Más allá de una estética o de un estilo potente, son las historias de un puñado de personas y nuestro amor por ellas lo que nos mantiene enganchados a cada capítulo. The Boys lo sabe bien y llega a esta quinta temporada con los deberes hechos. La decadencia moral en la que están sumidos tanto
Homelander (en español, Patriota, interpretado por
Antony Starr) como
Butcher (Carnicero, al que da vida
Karl Urban) ha sido presentada con la inclinación adecuada para que sintamos auténtico cosquilleo ante el final inevitable al que se enfrentarán ambos personajes. Pese a que ellos sean, quizás, los que mayor hipnotismo produzcan, toda la tropa empieza la nueva temporada con las pilas cargadas y una narrativa coherente a lo que llevamos viendo todos estos años previos. Solo la posibilidad del reencuentro entre
Kimiko (
Karen Fukuhara) y
Frenchie (Tomer Capone) nos hace tremendamente felices, mientras que la situación de Hughie (Jack Quaid) y Starlight (Erin Moriarty), separados por la acción de la policía patriótica de
Homelander, también nos tiene en vilo. Incluso Ashley (Colbi Minifie) tiene reservada una evolución perfecta para su personaje, después de las últimas escenas de la cuarta temporada, en la que parecía estar a punto de obtener poderes. Final por todo lo alto (una vez más) Entiendo que la crítica pueda parecer un publirreportaje, porque no tengo nada malo que decir de la serie. Tras ver los dos primeros episodios, sigo fascinado por su diversión e inventiva. Siempre va más allá. Si un villano puede morir de una forma espectacular, lo hará. Quizás este sea, de hecho, su único lastre. Tras cuatro temporadas en las que hemos visto de todo (¡ovejas voladoras zombis!), ¿serán capaces de terminar a la altura? ¿Habrán condenado su capacidad de diseñar un final sorprendente por, precisamente, la exigencia con la espectacularidad que han mostrado hasta ahora? Sea como fuere, The Boys se recordará como una de las series más sólidas de nuestra generación, aupada por un material original fantástico (una anomalía para una Prime Video que suele errar el tiro). Mientras otras como Stranger Things o El juego del calamar renunciaron a su identidad para seguir adelante, explotando recursos agotados y convirtiéndose en meros escaparates de nostalgia, The Boys parece haber decido irse como vino. Cubierta en sangre, y con un dedo anular en alto, apuntado al mundo.