Me contradigo? Sí, me contradigo. (Soy inmenso, contengo multitudes)”. Con estos versos celebraba
Walt Whitman en Song of myself el valor de discrepar de uno mismo. Son estas lecturas muy agradecidas y amortizables. Aportan sofisticación y adonan las tertulias, al tiempo que, en este caso concreto, proporcionan coartada poética a las incoherencias.Quizás haya leído el poema épico de Whitman el ministro de Cultura,
Ernest Urtasun, que esta semana ha hablado muy claro en el
Senado: el
Gernika de
Picasso no viajará a
Euskadi. Los técnicos, los especialistas, los gurús y el sursuncorda del
Museo Reina Sofía coinciden en que la obra no está para trotes, por mucho que el
PNV insista en llevárselo a casa una temporada con motivo del 90.º aniversario del bombardeo de la
Legión Cóndor.Los representantes del ministerio en el MNAC sí han avalado la posición catalanaHombre delicado, como se espera de un preboste cultural, ha añadido a su negativa el mimo que la España plural que dice abanderar su partido merece. Algo así como un no es que yo no quiera, es que no se puede porque hay que seguir pies juntillas las prescripciones de los técnicos en sus informes. Celebramos en esta ocasión la claridad expositiva del ministro. A años luz de distancia de lo que ha expresado en público hasta ahora en referencia a la mudanza obligada de las pinturas de la sala capitular de
Sijena que custodia el MNAC. Hay que reconocerle también al ministro sensibilidad en las formas. Otros personajes, tal es el caso de
Isabel Díaz Ayuso, gastan menos diplomacia. Para ella, la petición del
PNV no es más que algo propio de paletos.Pero lo cierto es que para el ministro Urtasun la amenaza de destrucción de las pinturas de
Sijena que representa la sentencia judicial que exige su traslado no merece un posicionamiento tan tajante como el
Gernika . Por mucho que los especialistas, no solo los del propio MNAC, sino cualquiera que merezca tal distinción, afirmen que es una locura el cambio forzoso de ubicación, el ministro se mantiene en este caso fiel al común consejo de que callado uno siempre está más guapo. Unos tanto y otros tan poco.Pinturas y orfebrería de
Sijena en el MNACMuseu Nacional d'Art de CatalunyAPara ser justos con el ministro, habrá que anotar que los representantes del ministerio en el patronato del MNAC sí han avalado con claridad el posicionamiento de la parte catalana. No es en el terreno de los informes que firman sus emisarios en el órgano de gobernanza del MNAC donde se echa de menos. Es ante los micros donde su ausencia resulta clamorosa. Expresando con claridad, por ejemplo, que las pinturas no pueden trasladarse por poco que se tenga en estima el arte y la historia. Insistentes como son, izquierdas y derechas, al opinar sobre asuntos judiciales cuando les conviene políticamente, la mudez del ministro de Cultura en público sobre esta cuestión recuerda al Poncio Pilatos que se lavaba las manos con agua templadita. Sirve también su actitud, por razonamiento inductivo, para establecer certezas sobre las dificultades de la izquierda española, llámese Sumar, Podemos o cualquier otra palabra o combinación de siglas, para afrontar sin dobleces muchas de las cuestiones de índole práctica de la agenda política catalana.Esta tarde Gabriel Rufián, menos sofisticado pero hombre que también alberga multitudes en su interior, ejercerá de anfitrión en Barcelona de Irene Montero. Un acto conjunto para seguir martilleando el clavo de la necesidad de un frente unitario de izquierdas de alcance español en el que él –¿quién sino, espejito mío?– estaría llamado a jugar un papel destacadísimo. Basta pensar en el disimulo de Urtasun en el caso
Sijena, o en la propia Montero hace unos meses, cuando desde Podemos se llamó racistas a los nacionalistas catalanes por la exigencia del traspaso de las competencias en gestión de la inmigración, para entender por qué Oriol Junqueras, al igual que prácticamente toda la dirección de ERC, está ya hasta las narices de su otrora ahijado preferido, ahora que el de Santa Coloma piensa y actúa por sí mismo sin atender a más interés que el suyo propio. Y también por qué, en tanto que presidente de ERC, no acudiría al aquelarre Rufián-Montero ni siquiera en el caso que su único plan alternativo fuese quitar el polvo en su domicilio. Lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible. A las gentes de ERC les basta con mirar unas pinturas románicas para advertirlo.