Juan Bautista MartínezBarcelona 09/04/2026 06:00 Actualizado a 09/04/2026 09:00 Un punto de encuentro. Una tradición. Una experiencia. Una cuna. Un álbum infinito. Un clásico. Si el
Barcelona Open Banc Sabadell-Trofeo Conde de Godó fuera una prueba ciclista sería un monumento de esos que enhebra
Tadej Pogacar con su fabuloso golpe de pedal. Porque es una cita ineludible. Un torneo que siempre ha sabido mejorar sin perder su esencia, crecer sin dejar de ser humano y cercano, modernizarse sin abandonar ese aroma que le acompaña todas las primaveras en
Pedralbes año tras año, década tras década.Los genios llegan, triunfan, maravillan y pasan, el Trofeo siempre permanece. A vuelapluma se diría que inalterable pero en la práctica siempre en movimiento, siempre tirando de ingenio y lucidez para reinventarse y sorprender. Lo mejor del Godó es su alma, su presencia indiscutible dentro del tejido social de la ciudad de
Barcelona abierta al mundo, esa capital catalana que atrae a millones de turistas y que nunca deja indiferente. En los días que vienen el Trofeo está marcado en rojo en el calendario, disfrutando de su presencia ciudadana y llegando en esta edición con una principal novedad, la de celebrar algunos partidos en horario nocturno.No es una circunstancia nueva para los tenistas pero sí para una competición pródiga en iniciativas solidarias y que cuida todos los detalles que pueden incumbir a los jugadores. En las encuestas de satisfacción anuales entre los tenistas pocos torneos registran los resultados del Godó. En la actualidad hay muchas competiciones en el calendario que se basan solamente en el talonario, que son un poco artificiales, que se montan y se desmontan solo para esos días en cuestión.En
Pedralbes no sucede esto. El hecho de organizarse dentro de un club con la solera del
Barcelona" class="entity-link entity-organization" data-entity-id="104884" data-entity-type="organization">Real Club de Tenis
Barcelona le da una pátina de excelencia y proximidad que muy pocos torneos tienen dentro del circuito. Los jugadores valoran esa calidez, esas costumbres repetidas, ese encontrar todo como lo recordaban. Es lo más parecido a un hogar para unos jugadores que van saltando de un lado a otro, de avión en avión, de hotel en hotel. Sinónimo de estabilidad.Por eso el Godó es cuna y proyección, un lugar donde vuelven las estrellas y donde nacen otras. En
España los chiquillos que toman la raqueta lo tienen como un objetivo porque aquí vieron vencer a sus ídolos, porque siempre acompaña sus recuerdos desde que albergan el sueño de ser profesionales.Aquí Carlos Alcaraz, bicampeón, vio ganar al hombre récord Rafa Nadal hasta en doce ocasiones, como antes el balear disfrutó de los triunfos de Tommy Robredo, Carlos Moyà o Juan Carlos Ferrero y estos antes de las victorias de Albert y Carlos Costa o Emilio Sánchez Vicario.Pocos torneos en el mundo reciben una nota tan alta por parte de los jugadores, que lo consideran como lo más parecido a un hogarLos que peinen más canas todavía recordarán las epopeyas de Manolo Orantes, Manolo Santana, Juan Gisbert o Andrés Gimeno y así se forja un cordón umbilical que va del pasado al presente para proyectarse hacia el futuro, con la presencia en esta edición del madrileño Rafael Jódar, la última perla de la cantera española y que el pasado domingo conquistó su primer título de la ATP, al imponerse en Marrakech. Un nuevo Rafa en la oficina, a sus 19 años.Del blanco y negro al color, del color a la inteligencia artificial, pero con la tierra batida como perfecta compañera de viaje.Aunque el Trofeo es mucho más que tenis, más que golpes de derecha o de revés, más que voleas imposibles, globos milimétricos o saques angulados. El Trofeo es un cruce de experiencias, de anécdotas, de vivencias.En las gradas se aplaude. En el Village, cada vez más completo, se pasea, se paladean manjares y se intercambian ideas y proyectos. Es un “must”, que dirían los modernos. Simplemente, el lugar en el que hay que estar cada mes de abril, tanto por parte de las instituciones como de los patrocinadores, ese motor imprescindible para una competición que puede presumir de eterna juventud.Aquí aterrizará Alcaraz como cabeza de un lujoso cartel. El murciano quiere recuperar el cetro tras perder la final del 2025 ante el danés Holger Rune. Desafiándole, se encontrará con otros tenistas instalados entre los diez mejores del mundo como Lorenzo Musetti (5), Alex de Miñaur (6) y Felix Auger-Aliassime (7).Sin olvidar al noruego Casper Ruud, campeón en
Barcelona en 2024, o los rusos Andrey Rublev y Karen Kachánov, tenistas los tres del todo consolidados y capaces de sorprender a cualquiera.Cordón umbilical entre el pasado, el presente y el futuro, el Trofeo presenta un lujoso cartel y una gran presencia ciudadanaAquí están y no se los pueden perder. El torneo se descorcha con la preliminares y el sorteo este sábado y se prolongará hasta la gran final del domingo 19 de abril. En un mundo revuelto y repleto de incertidumbres, pocas cosas son más certeras que la calidad y la calidez del Trofeo Godó. Como siempre y como nunca.