El particular calvario de
Jessica, una madre a la que arrebataron a su hijo cuando la criatura tenía solo 17 días, acaba de escribir un nuevo capítulo. Los servicios sociales le quitaron a su bebé tras una denuncia de una amiga. Acusó a
Jessica de no estar capacitada para criar a su hijo y aseguró que el bebé corría peligro. Semanas después se comprobó la falsedad de esa denuncia. Pero el daño ya estaba hecho.La maquinaria burocrática de los servicios sociales no se ha detenido, a pesar de reconocer los jueces que esa acusación era falsa, y el grito de
Jessica para recuperar a su hijo –entregado hace más de cinco años a una familia de acogida– sigue sin ser escuchado. Vive en
Barcelona y asegura tener trabajo y casa para criarlo.La madre llega ahora al Constitucional, tras haber agotado en su desesperada cruzada las vías de todos los juzgados ordinariosTras agotar la vía de todos los juzgados ordinarios el caso acaba de llegar al
Tribunal Constitucional. Ese alto tribunal tiene ahora la llave para evitar, in extremis, que la familia que tiene en acogida al hijo de
Jessica pueda adoptarlo. Si eso ocurre, jamás podrá recuperarlo. “Consideramos que durante todo este largo procedimiento se habrían vulnerado derechos fundamentales, como el derecho a la tutela judicial efectiva, el derecho a la vida familiar y el principio de proporcionalidad en la intervención de los poderes públicos”, indican desde el despacho
Boza Rucosa, que lleva el caso.Una amiga con la que compartió piso denunció que su bebé corría peligro; más tarde se desdijo, pero ya era tardePara entender la pesadilla de esta madre hay que ir al principio.
Jessica, con nacionalidad francesa, viajó embarazada a
España semanas antes de que nuestro país quedara paralizado por la pandemia. Parió en
Granada a su hijo en marzo de 2020. Se lo arrebataron a los 17 días de nacer, cuando se había ido a vivir a
Almería. Una joven con la que compartía piso denunció que
Jessica no estaba preparada para ser madre y que ese bebé corría peligro. Esa acusación bastó, sin más investigaciones, sostienen sus abogadas, para arrebatarle a la criatura.La denunciante, con antecedentes y que se había peleado días antes con
Jessica, admitiría semanas después habérselo inventado todo. Pero eso no paralizó el proceso, después de que ese bebé fuera entregado en 2021 en acogimiento temporal a una familia.
Jessica junto con su abogada,
Marta Boza (derecha) y el resto del equipo de abogadas que lleva su caso.Llibert TeixidóEl mundo de
Jessica se derrumbó y la única salida, ante la falta de respuesta de los servicios sociales, era acudir a los tribunales. Ha sido un viacrucis judicial y seis años después, tras agotar todas las vías ordinarias, ha llegado al Constitucional. Ese alto tribunal tiene ahora la última palabra.Hoy está fijada la vista para la adopción; si se consuma la madre teme perder toda posibilidad de poder criar a su hijoLa defensa de
Jessica pide, mientras el Constitucional revisa el caso, que se paralice la adopción de ese niño solicitada por la familia de acogida. Hoy está fijada esa vista, así que esta es ya una lucha contrarreloj. “Una decisión prematura, como dar ahora en adopción a esa criatura, podría privar a la madre biológica de sus derechos y generar inseguridad jurídica y emocional para el menor”, alertan las abogadas de
Jessica.Las abogadas de la joven argumentan que se han vulnerado los derechos fundamentales de esta madreDesde ese despacho se insiste, y así se relata en la apelación al Constitucional, que la decisión de arrebatarle a esta mujer a su hijo “estuvo totalmente fuera de lugar, sin que existieran indicadores de riesgo o desprotección del menor (al margen de esa denuncia, que se ha comprobado era falsa) y basada, por tanto, en informaciones no contrastadas y en un contexto extraordinario de confinamiento, con falta de recursos de apoyo”.Se recuerda que cuando esta madre parió a su hijo “estaba sola en
España, sin red familiar ni apoyo social, desconocía el idioma y afrontaba su primera maternidad en medio de una gran incertidumbre sanitaria”.Lo único que se reconoce, desde la defensa, es que “tras dar a luz sufrió una leve depresión posparto, habitual en muchas mujeres y comprensible dadas las circunstancias extraordinarias del momento”. El Supremo admitió que la denuncia era falsa, pero consideró que el bebé debía seguir con la familia de acogida por su bienLo que no se comparte esa parte, como sentenció el Supremo – que no entró a valorar la falsedad de la denuncia que ha abocado a
Jessica a esta situación– es que lo mejor para el bienestar de ese niño, por el tiempo transcurrido, es permanecer con su familia de acogida, más que volver con su madre biológica.
Jessica considera esa decisión como una flagrante vulneración de sus derechos fundamentales. Que no es otra cosa que los tribunales y servicios sociales le prohíban ejercer de madre de su hijo, cuando se considera, desde hace años, plenamente capacitada para asumir esa responsabilidad. Algo que no ha podido demostrar, porque se lo quitaron cuando aún no había cumplido sus primeros veinte días de vida. Licenciado en Periodismo por la UAB. Redactor de La Vanguardia desde 2000. Fue corresponsal en LLeida y Pirineos. Actualmente adscrito a la sección Sociedad. Autor del libro 'Acoso escolar' (RD Editores)