No es habitual que en el panorama mediático trasciendan relaciones sentimentales en las que la mujer sea mayor. Lo frecuente –y socialmente más normalizado– es el patrón inverso, es decir, hombres que se emparejan con mujeres más jóvenes. Ahí están casos como el de
Leonardo DiCaprio (51), convertido en un meme por encadenar relaciones con mujeres que no superan los 27 años o, en España,
Alejandro Sanz, cuyas últimas parejas han estado marcadas por diferencias de edad cercanas a las dos décadas. También estuvo en el centro del debate la relación entre
Risto Mejide y
Laura Escanes, que empezó cuando ella tenía 19 años y él 41, así como las posteriores relaciones del presentador y publicista, que han seguido un patrón similar.Una relación que rompe con ese patrón se percibe como una “amenaza”Quizá por eso, cuando se invierte el esquema, como ha sucedido recientemente con los encuentros fortuitos entre
Aitana Sánchez-Gijón (57) y
Maxi Iglesias (35), la conversación se amplía al ámbito laboral y social, y acapara Internet, generando todo tipo de cuestionamientos. Es entonces cuando surge la pregunta, ¿por qué la sociedad sigue mirando distinto cuando es ella la mayor en una relación heterosexual?“Lo que cambia principalmente es el juicio y la valoración social. La crítica a la mujer va a estar siempre presente en una cultura patriarcal, así como nuestra hipervaloración”, expresa
Olmo Morales, sociólogo que trabaja con grupos de hombres. Conductas que se celebran en los hombres –como tener múltiples parejas sexuales– se castigan cuando las protagoniza una mujer, simplemente porque no se ajustan a lo que “se espera de ella”. El experto apunta que “los hombres sí son juzgados, pero el juicio no es equivalente”, algo que se evidencia en la vida sexual o en la maternidad, donde se evalúa a las mujeres con mucha más dureza. Este mensaje 'Demasiado mayor para DiCaprio' se popularizó a finales de la década de 2010, y hasta la actualidad, cuando el actor tendía a salir con mujeres en la veintena.
GirlgangMara Mariño, periodista y sexóloga, coincide: “Que los casos que podemos enumerar se cuenten con los dedos de la mano demuestra que siguen siendo una excepción. Esto tiene que ver con el sistema de poder histórico donde los hombres se han beneficiado de poder emparejarse con mujeres más jóvenes, reforzando su atractivo social y su masculinidad”.En cambio, cuando ocurre al revés, “la relación rompe con ese patrón y se percibe como una amenaza”. Un ejemplo de ello es cómo se ha popularizado el término silver fox (zorro plateado, en español) para referirse a los hombres mayores con canas que resultan atractivos, pero no existe un equivalente para las mujeres. “Podemos hablar claramente de un privilegio de género, ya que ellos pueden envejecer sin perder valor social ni sexual”.Lee tambiénPara la psicóloga Cristina Vidal Marsol hemos de tener en cuenta que vivimos en un marco sociocultural histórico que no podemos ignorar. “No es la edad lo que nos atrae, sino lo que proyectamos socialmente en la otra persona. Y ese valor bebe de unas estructuras de poder construidas históricamente”, expresa la directora del Centre PsiCo Lleida. “La sociedad todavía tiende a valorar a las mujeres por su juventud y belleza, mientras que al hombre maduro se le asocia autoridad y reconocimiento”. Ese sesgo edadista se observa tanto en la presión que enfrentan las mujeres para mantener una imagen juvenil como en su representación en industrias como el entretenimiento.Esta psicóloga señala que, en muchos casos, el hombre maduro parte de la expectativa de que una mujer más joven, y con menor independencia económica, cuestionará menos su autoridad. “Que este tipo de relaciones se normalicen revela que el valor de la mujer sigue ligado a su apariencia física y a cumplir determinadas expectativas sociales”.Se tiende a valorar a las mujeres por su juventud y belleza, mientras que al hombre maduro se le asocia autoridad y reconocimientoCristina Vidal MarsolPsicóloga¿Podemos decir que en todas las relaciones con diferencia de edad hay abuso de poder? “No es lo mismo una diferencia de tres años que una de 15, ni se percibe igual una brecha de siete años entre 18 y 25 que esos mismos siete años con 50 y 57”, reflexiona Morales. Y aunque la edad tiene su peso, se impone de forma muy distinta según el género. “Hablar de que la diferencia de edad está ligada a una desigualdad de poder significa que la persona con más experiencia o recursos puede ejercer manipulación emocional o control sobre la otra”, detalla Mariño, quien matiza que no en todas las relaciones con diferencia de edad sucede esto.
Maxi Iglesias y
Aitana Sánchez-Gijón compartieron elenco y romance en la serie 'Velvet' hace 12 años.GTRESAdemás de factores como la clase social, la raza y el sexo, existen otras variables que también influyen en nuestras posiciones y generan distintos niveles de poder. La experiencia, el dinero, el momento vital o la posición laboral (sobre todo si esa persona tiene autoridad o capacidad de decisión respecto a la otra) pueden generar desigualdad. “Aunque no todas las desigualdades de edad implican que se esté dando un abuso de poder, sí que se genera un marco en el que una de las partes tiene más capacidad para modelar la relación que la otra”, aclara Mariño. Lee tambiénLos besos entre Sánchez-Gijón e Iglesias, con una diferencia de 22 años, y el posterior debate que se ha generado en medios, internet y redes sociales han vuelto a evidenciar hasta qué punto siguen arraigadas determinadas normas sociales. Para la psicóloga Cristina Vidal, este tipo de vínculos son positivos: “Hay personas que lo celebran porque rompe con esas normas de género que asocian al hombre con el estatus y el poder, y a la mujer con la juventud y la belleza”. En su opinión, cuando un hombre elige a una mujer de su edad (o similar) “deja de buscar una mujer florero y busca una mujer a la que admirar y que ha pasado por las mismas etapas vitales”.El caso de Sánchez-Gijón se ve como un acto de valentía y una reivindicación de que las mujeres podemos envejecer sin dejar de ser valiosas o deseables”Mara MariñoPeriodista y sexóloga,Mara Mariño incide en el componente simbólico y el coste social de estas relaciones. “Desde fuera se ve como un acto de valentía, de ir en contra de lo establecido, y reivindican que las mujeres podemos envejecer sin dejar de ser valiosas o deseables”, explica, cuestionando así la idea de que el atractivo femenino depende exclusivamente de la juventud.Sin embargo, el sociólogo
Olmo Morales introduce un matiz crítico a la hora de interpretar estas relaciones como una especie de “victoria feminista”. “Esta idea nos empuja a olvidar que la violencia de género y la desigualdad se ejerce también de varones jóvenes a mujeres mayores, que eso no anula la socialización de género ni las subjetividades masculina y femenina ni, por tanto, la socialización en el amor romántico, que tanto perjudica a unas y beneficia a otros”. Más que una transformación real, advierte, responde a una mera fantasía.Periodista especializada en temática social: feminismos, migraciones, salud mental. Antes, en el equipo de Redes Sociales. Doble licenciada en Periodismo y Publicidad y RR.PP. por la UAB