Hacer testamento ya no es una decisión excepcional ni algo reservado a grandes patrimonios. En
España se ha convertido en un gesto cada vez más habitual, casi cotidiano, dentro de la planificación familiar. Los datos lo confirman: en 2024 se autorizaron 741.831 testamentos, según el
Consejo General del Notariado, el nivel más alto de la serie reciente y la constatación de una tendencia sostenida al alza.Dentro de ese mapa, hay una comunidad que destaca de forma recurrente.
Catalunya volvió a situarse en cabeza con cerca de 140.000 testamentos, concentrando una parte muy significativa del total. No es un fenómeno puntual ni una anomalía estadística: es el reflejo de una realidad más profunda, en la que confluyen tradición jurídica, mayor capacidad de decisión sobre la herencia y una cultura social en la que testar forma parte de lo habitual.
Catalunya lidera en volumen;
Galicia, en proporciónEl mapa cambia según cómo se mire. En cifras totales,
Catalunya se mantiene en primera posición, seguida de
Andalucía,
Madrid y la
Comunitat Valenciana. Solo
Catalunya sumó 139.858 testamentos en 2024, por delante de los 129.344 de
Andalucía o los 86.941 de la
Comunitat Valenciana.Sin embargo, cuando se corrige por población, el liderazgo pasa a
Galicia, con 195 testamentos por cada 10.000 habitantes. Ese contraste es clave para interpretar los datos.
Jaume Tarabal, profesor de derecho civil de la
Universitat de Barcelona, introduce ese matiz desde el principio: “Los datos hay que interpretarlos teniendo en cuenta el contexto: estamos hablando de cifras absolutas”. Aun así, añade que hay una pauta clara: “Más allá del volumen de población, sí parece que existe una tendencia creciente en el otorgamiento de testamentos en
Catalunya”.Meritxell Gabarró, directora de
Gabarró Advocats Herències, va más allá y pone el acento en la continuidad: “
Catalunya lidera el ranking de forma constante, no es algo puntual”. A su juicio, no se trata de un pico estadístico, sino de un patrón sostenido en el tiempo.Una tradición con raíces históricas: del comercio mediterráneo a la cultura de hacer testamentoLa explicación, según los expertos, no empieza en 2024 ni en los últimos años, sino mucho antes. Gabarró lo resume en una idea sencilla: “Tenemos una tradición muy fuerte con los testamentos; es, sobre todo, una cuestión de costumbre”. Y añade: “Si en tu entorno la gente hace testamento, tú también lo haces, porque es lo que has visto en casa”.Pero esa normalidad, sostiene la abogada, tiene raíces mucho más profundas. “La explicación es histórica.
Catalunya es una sociedad abierta al mar, con todo el litoral volcado en el comercio por el Mediterráneo. Los comerciantes se movían constantemente y eso les obligaba a adaptar sus normas a las necesidades de cada momento”, señala. Esa necesidad de regular las relaciones económicas tuvo también su reflejo en la herencia: “Una sociedad que comercia, que genera riqueza y que necesita regularse, también necesita regular sus herencias”.Según Gabarró, ese contexto favoreció el desarrollo de una cultura jurídica especialmente sólida. “
Catalunya ya tenía leyes propias desde antes de la unión de los reinos y estaba acostumbrada a legislar y a adaptarse a los cambios sociales. Cuando en una sociedad es normal legislar, también es normal hacer testamento”, afirma. De ahí que la práctica se haya transmitido de generación en generación: “Si vienes de una tradición en la que se ha testado durante siglos, continúas haciéndolo”.Más libertad para decidir, más incentivo para testarA ese factor cultural se suma una diferencia jurídica relevante. “En
Catalunya hay más libertad de testar que en el régimen común, lo que da más margen de decisión a la persona”, explica Tarabal. “Cuanto más margen tienes para decidir, más incentivos tienes para ordenar tu herencia mediante testamento”.La clave está en la legítima. Mientras que en el derecho común la ley reserva por regla general dos tercios de la herencia a hijos y descendientes, en
Catalunya esa reserva se reduce a una cuarta parte del valor de la herencia. Esa configuración permite una planificación más flexible y refuerza la utilidad práctica del testamento.Tarabal lo formula de forma directa: “El derecho civil catalán permite una planificación más flexible, y eso fomenta que la gente quiera dejar las cosas bien atadas”. En ese contexto, el testamento no es solo una previsión, sino una herramienta para decidir activamente cómo se distribuye el patrimonio.El notario: seguridad y bajo costeEl auge del testamento en
España tampoco se entiende sin el papel del notario. “
España es uno de los países donde más testamentos se otorgan dentro de nuestro entorno cultural”, señala Tarabal. Y una de las razones, dice, es clara: “La figura del notario aporta seguridad jurídica preventiva en un ámbito tan delicado como las herencias”.El testamento abierto ante notario es el instrumento más habitual. Permite comprobar la identidad y la capacidad del testador y garantiza que su voluntad quede correctamente reflejada. “El testamento notarial es eficaz por sí mismo: no necesita actos posteriores”, subraya Tarabal.A ello se suma un factor decisivo: el coste. “Además, en
España hacer testamento es barato”, recuerda. En la práctica, suele situarse en el entorno de los 40 o 50 euros, una cifra que elimina barreras de acceso y facilita que el trámite se generalice.En
Catalunya, ese peso del notariado ha tenido además un recorrido histórico propio. “El papel del notariado ha sido muy importante, y eso ha generado una confianza social muy consolidada”, apunta Tarabal. Gabarró coincide: acudir a notaría forma parte de la normalidad en una sociedad acostumbrada a formalizar jurídicamente sus decisiones.Familias más complejas, herencias más complejasEl aumento de testamentos también refleja un cambio social más profundo. “Antes muchos testamentos respondían a esquemas muy simples: cónyuge y, después, hijos”, explica Tarabal. “Hoy la realidad es mucho más compleja, con familias reconstituidas, hijos de distintas relaciones y nuevas estructuras familiares”.Ese cambio obliga a planificar más. “Ese cambio hace que cada vez sea más necesario ordenar la sucesión”, resume. El testamento se convierte así en una herramienta para anticipar conflictos y dar claridad en entornos familiares menos lineales.A ello se suma el envejecimiento de la población. “Vivimos en una sociedad envejecida, o incluso superenvejecida, y eso tiene un impacto directo en las herencias”, advierte Tarabal. En ese contexto, aparece una preocupación creciente: “Hoy preocupa especialmente la figura del testador vulnerable”.El notario sigue siendo una garantía, añade, “pero no es un médico, y ahí hay un límite evidente”. Esa tensión ayuda a explicar por qué aumentan también los litigios relacionados con la capacidad o la posible influencia sobre personas mayores.Una combinación de factoresEl liderazgo de
Catalunya no responde a una sola causa. Los datos apuntan a un volumen elevado y sostenido, pero las explicaciones van más allá de la estadística: tradición, marco jurídico, confianza en el notariado y transformación de las familias.Tarabal lo resume en una fórmula clara: “El liderazgo de
Catalunya se explica por una combinación de factores: cultura jurídica, papel del notariado, mayor libertad de testar y cambios en la estructura familiar”.Gabarró lo traduce a una imagen más sencilla: “En
Catalunya, testar es algo que se ha normalizado”.Y esa normalidad, más que cualquier cifra puntual, es lo que explica por qué la comunidad sigue liderando el ranking año tras año.