Son muchas las bandas que, de un tiempo a esta parte, saben lo que es llenar hasta los topes el
Palau Sant Jordi o el
Movistar Arena de
Madrid. Pero ninguna de ellas lo ha conseguido cantando en euskera, trofeo que este próximo sábado recogerá en
Barcelona En Tol Sarmiento, más conocidos como ETS (ojo, no confundir con enfermedades raras), la formación de moda en el País Vasco después de reunir a 45.000 personas en
Bilbao con rock, bachata y reguetón en el que se presentó como el mayor evento musical en euskera. Música de fiesta mayor con el que la banda formada en
Yécora, entre viñas alavesas, ha hecho añicos un muro que separaba el euskera de la música mainstream para recordar que el arte no entiende de idiomas.Nacidos a principios de los 2000 como banda de ska-punk que cantaba en castellano, los ETS han protagonizado una evolución, empujados por el deseo de abrir público y fomentar el euskera. Las fiestas mayores de
Euskadi han sido el caldo de cultivo de este quinteto, cuya última visita a
Barcelona fue tres años atrás a la pequeña sala La Nau, aunque la primera se remonta a diez años atrás. “Estuvimos en el Euskal Etxea, no se si habrían 60 personas”, recuerda con una sonrisa
Iñigo Etxezarreta, vocalista, compositor y líder de la formación, que visitaba
Barcelona días atrás con casi todas las entradas para el Sant Jordi ya vendidas.Aunque la banda ha publicado recientemente su séptimo disco, Konkista, los de
Barcelona y
Madrid no serán un mero concierto de presentación. “Estamos viviendo un momento muy dulce, y planteamos estos conciertos como proyectos únicos, dedicaremos a cada uno lo que dedicamos a una gira entera”, explica el vocalista con orgullo. No en vano, estas actuaciones son la culminación a dos décadas de carrera, de crecimiento progresivo hasta que llegó la pandemia, y con ella la aparición Zurekin batera, una canción cuyo título se puede traducir como “junto a ti”, y que se convirtió en el himno oficioso de
Euskadi durante aquellos años duros.La aparición en el 2022 de Guretzat, donde se abrían a los sonidos latinos, la electrónica o el reguetón, confirmó el éxito en la apuesta de ETS por renovar la música en euskera aplicando las recetas de producción de los sonidos más populares, tal y como hacían al mismo tiempo en Catalunya
Oques Grasses o
Búhos, formación que se encargó de adaptar al catalán Zurekin batera para convertirla en T’he trobat a faltar, con la colaboración del propio
Iñigo Etxezarreta, quien de vuelta adaptó Volcans, de la banda de Calafell, para convertirla en Sumendiak.“He tenido bastantes experiencias con grupos catalanes, desde hace años hemos entendido cuál es su funcionamiento, qué cosas nos unen”, explica Iñigo, quien apunta que el productor de la gira es catalán, lo mismo que la diseñadora, la fotógrafa o la estilista. “Siento que el tipo de música que hacemos también se entiende en Catalunya porque el compromiso de la sociedad y las instituciones con las fiestas mayores es parecido”, reflexiona.“La sociedad ha evolucionado, y las propuestas artísticas son un fiel reflejo de lo que se está viviendo ahora”, apunta el vocalista. “Nosotros también hemos variado en estos 21 años, la excentricidad que podíamos utilizar en algunas letras ya no están, ahora decimos las cosas de otra manera por mucho que el significado sea similar. Hace años decidimos que nuestra música no fuera panfletaria y sí más poética”.Otra decisión que tomaron tiempo atrás fue la de apostar por el Euskera, una lengua que apenas se habla en el sur de Álava, donde se encuentra
Yécora, y que ni siquiera hablaban todos los miembros de la banda, que al principio cantaban los coros de memoria. “Fue una decisión consciente para apoyar la normalización del euskera”, explica sobre una decisión que, con el paso del tiempo, les ha ayudado a entender “que las singularidades culturales pueden marcar la diferencia en un mundo globalizado”. Por eso consideran que cantar en euskera ya es de por sí una decisión política, “de resistencia”, sobre todo por el pasado de prohibiciones. “Me parece bonito que el idioma se vincule también a lo social, a lo cultural más allá de lo educativo”.En el caso de Iñigo, cuyo idioma materno es el castellano, el paso al euskera fue sencillo, “desde el principio me decían que sonaba más natural en euskera”, recuerda, “y yo también lo siento, se me hace más fácil porque lo veo más auténtico, mas nuestro. Cantar en castellano también está genial, pero no nos veíamos tan identificados”. Este cambio supuso adaptar las rimas y acostumbrarse a las erres y los sonidos “tz”, abundantes en su lengua, “pero al final la música son melodías, y cuando entiendes un poquitín las reglas ya está”. Lo mismo sucede con las letras, que con el tiempo se han vuelto “más sencillas y accesibles” para que lleguen mejor al mayor y más variado número de personas.En esta línea se mueve el último disco de la banda, Konkista, donde la banda apuesta por innovar en su sonido. “Me encantan diferentes estilos de música, y necesitaba retos para sentir que el proyecto seguía vivo, que éramos capaces de plantear diferentes estilos musicales”, comenta Iñigo, responsable de los temas de la banda. “Este disco habla del contraste de la vida, del dolor y la felicidad, por lo que era necesario hacer una fotografía de la vida con todos sus contrastes y contradicciones”. De ahí que plantearan once canciones con once estilos diferentes, del rock a la electrónica, el reguetón o la bachata, un concepto sonoro basado en la variedad aunque con el objetivo siempre de crear música popular y el rock originario allá al fondo. “Hay un par de canciones que tienen todavía bastantes guitarras, y quizá disfruto un poco más con ellas, lo otro es para sentir que estoy vivo y aprendo, y porque me gusta escuchar de todo”.