En un momento en el que la sostenibilidad y el respeto al medio ambiente se han convertido en argumentos de venta habituales, el sector agroalimentario se enfrenta a una paradoja: nunca se ha hablado tanto de sostenibilidad y, al mismo tiempo, nunca ha sido tan difícil distinguir qué hay de cierto en algunas afirmaciones. Es lo que se conoce popularmente como greenwashing: estrategias de marketing que presentan productos o prácticas como más respetuosos con el medio ambiente de lo que realmente son.Con el objetivo principal de proteger al consumidor ante la desinformación alrededor de la sostenibilidad, se acaba de presentar una nueva certificación internacional que busca poner orden en este terreno. Se trata de RF+ (Regen Foods), un sello impulsado desde
Catalunya que nace con un objetivo claro: garantizar que los productos que lo llevan proceden realmente de agricultura regenerativa. Su aparición responde a una necesidad cada vez más evidente: poner límites a un discurso medioambiental que, sin reglas claras, corre el riesgo de vaciarse de contenido.“Cuando algo se pone de moda, empiezan a aparecer mensajes confusos, muchos de ellos genéricos y vacíos de contenido”, explica
Francesc Font, ingeniero, agricultor en activo y fundador de
The Regen Academy, una consultoría sobre agricultura regenerativa que también imparte cursos para profesionales y empresas del sector. Es, además, uno de los impulsores de esta iniciativa a través de la entidad sin ánimo de lucro
The Regen Institute. “Estamos viendo que se habla de agricultura regenerativa en casos en los que se siguen utilizando productos de síntesis química. Y eso, desde nuestro punto de vista, no tiene sentido”.La importancia del sueloFont no habla desde la teoría. Hace quince años decidió transformar por completo la explotación familiar
Can Font, en el Alt Empordà, donde cultivan viña, olivo y cereal, aplicando principios regenerativos. Desde entonces, se ha convertido en una de las voces más activas en la divulgación de este modelo agrícola, que busca no solo reducir el impacto ambiental, sino mejorar activamente la salud del suelo, aumentar la biodiversidad y capturar carbono.La agricultura regenerativa parte de una idea sencilla: el suelo no es un mero soporte, sino un ecosistema vivo. Frente a la agricultura convencional —que, según Font, “ha ido extrayendo carbono del suelo durante décadas, empobreciéndolo”—, este modelo apuesta por devolver ese carbono a la tierra mediante prácticas como la reducción del laboreo, la eliminación de químicos de síntesis, el uso de cubiertas vegetales o la incorporación de materia orgánica. “Si el carbono está en el suelo, hay fertilidad; si está en la atmósfera, contribuye al cambio climático”, resume. “La regenerativa lo que hace es exactamente eso: devolver el carbono a la tierra y hacerla más fértil”.El consumidor no se merece que le digan que un producto es regenerativo y saludable si detrás hay prácticas que incluyen químicos.”Franesc FontIngeniero y agricultorEl problema, sin embargo, es que no existe una definición única ni una regulación clara sobre qué puede considerarse agricultura regenerativa. Y ahí es donde entra en juego el nuevo sello RF+, que acaba de ponerse en marcha y que empezará a verse en el mercado en unos meses. “No queremos ser puristas, pero sí claros”, apunta Font. “El consumidor no se merece que le digan que un producto es regenerativo y saludable si detrás hay prácticas que incluyen químicos”.La certificación se apoya sobre la base de la agricultura ecológica —es decir, garantiza la ausencia de productos químicos de síntesis—, pero añade criterios adicionales vinculados a la regeneración del suelo, la captura de carbono y el fomento de la biodiversidad. Además, está auditada por una entidad externa, Certifood, lo que introduce un elemento clave: la verificación independiente.“Una cosa es lo que tú dices que haces y otra lo que realmente haces”, subraya Font. “Por eso era imprescindible que hubiera una auditoría externa. Si no, volvemos a lo mismo: declaraciones que no se pueden comprobar y, en consecuencia, indefensión del consumidor”.La iniciativa llega, además, en un momento especialmente sensible desde el punto de vista normativo. La Unión Europea ha aprobado recientemente una directiva destinada a combatir el greenwashing, que prohíbe expresamente las declaraciones ambientales engañosas. En este contexto, contar con estándares claros y verificables no es solo una cuestión de credibilidad, sino también de seguridad jurídica para las empresas.Lee también“Las marcas y los productores necesitan herramientas que les permitan explicar bien lo que hacen”, señala Font. “Y el consumidor necesita poder confiar en lo que está comprando”. Para ello, el sello RF+ se traducirá en una etiqueta visible en los productos, pero también en una plataforma digital donde se podrán localizar alimentos certificados. “Una de las preguntas que más me hacen cuando explico qué es la regenerativa es: ¿y dónde puedo comprar estos productos?”, comenta.Una iniciativa transversalEl interés, asegura Font, es creciente. No solo entre pequeños productores, sino también entre grandes compañías, “que son las que marcan tendencia”, apunta. “Muchas ya están trabajando para mejorar sus prácticas, ya sea por conciencia medioambiental o porque el modelo actual tiene límites evidentes: los suelos están degradados y la dependencia de insumos externos, como los fertilizantes, cada vez es más problemática”.Aun así, Font insiste en que el objetivo no es convertir la regenerativa en un nicho elitista. La certificación, cuyo coste parte de unos 300 euros y varía en función del tamaño de la explotación, se ha diseñado para ser accesible y ágil.Detrás del proyecto hay también una vocación pedagógica.
The Regen Institute destina el cien por cien de los recursos derivados de esta certificación tanto a la divulgación como a la creación de programas educativos, con la idea de acercar este modelo a las nuevas generaciones. “Tenemos más información que nunca, pero también más desinformación. Por ello, es importante saber explicar qué es la agricultura regenerativa: sin químicos, saludable para las personas y buena para el planeta”.