Desde hace ya algunos años, una preocupación invade al aficionado al golf: los grandes pegadores se han convertido en la norma de este deporte. La capacidad de los deportistas para alcanzar largas distancias con sus golpes ha provocado que sea cada vez más habitual ver cómo los campos se han ido alargando, una situación que da lugar a que la habilidad quede en un segundo plano. Son varias las voces que piden cambios. La última, en el
Masters de Augusta. Recién comenzado el torneo con más solera del circuito internacional. Ha sido su presidente,
Fred Ridley, quien aprovechó el discurso inaugural para expresar la preocupación que tiene por este nuevo estilo de juego que se está imponiendo. Aumentar la distancia de cada hoyo no está solucionando la sobreabundancia de pegadores y, por el contrario, lo que ha provocado es la desaparición de esos geniales golpes que eran los que cambiaban un campeonato. "Hasta hace pocos años, el golf había sido un juego de imaginación, creatividad y variedad. El juego se ha vuelto mucho más unidimensional", expresaba Ridley al respecto. "En lo que respecta al golf profesional, mantenemos nuestra firme convicción de que los grandes de este deporte no se definen únicamente por la distancia que alcanzan con la bola, sino por su extraordinaria habilidad en todos los aspectos del juego", confesaba. Y, por esa razón, aboga por cambios. Ridley considera que el problema de que algunos jugadores sean capaces de utilizar hierros cortos para asumir distancias superiores a los 300 metros tiene una doble dimensión: por un lado, que el golf se ha convertido en un deporte donde no saca más ventaja el habilidoso, sino el que tiene el golpe más potente, lo que le quita cierta belleza; y, por otro, que repercute directamente en una serie de costes que cada vez complican la gestión de los grandes clubes. McIlroy, de acuerdo con las propuestas de cambio. (Gary A. Vasquez-USA TODAY) Aumentar la longitud de los campos es problemático no solo a nivel de juego, sino también porque eso provoca que los torneos duren más tiempo, lo que provoca sobrecostes, y también que su cuidado aumente el impacto medioambiental. Por todo ello, jugadores como
Rory McIlroy o
Tiger Woods ya se han pronunciado a favor de realizar una serie de cambios, que pasan desde el cambio de bolas a abogar por la reducción de las dimensiones de juego. "Le esencia del golf siempre se ha basado en la capacidad de los jugadores para dar forma a los golpes, asumir riesgos y ejecutar acciones bajo máxima presión. Aquel que es capaz de tener un amplio abanico para realizar golpes, salía ganador. Tenemos que hacer un esfuerzo por preservar la esencia de lo que hace del golf el gran deporte que es", afirmaba Ridley. Es un paso adelante importante para tratar de volver a la tradición más clásica de este deporte. Eso sí, manda un mensaje de tranquilidad al aficionado. "Los datos que se han compartido con todas las partes interesadas dejan algo claro: el impacto en el juego recreativo será insignificante. Tanto los que estamos aquí como millones de golfistas aficionados de todo el mundo difícilmente notaremos los efectos de este cambio y no creo que nuestro disfrute se vea afectado", confesaba. Una idea en marcha que no tardará en ejecutarse. Desde hace ya algunos años, una preocupación invade al aficionado al golf: los grandes pegadores se han convertido en la norma de este deporte. La capacidad de los deportistas para alcanzar largas distancias con sus golpes ha provocado que sea cada vez más habitual ver cómo los campos se han ido alargando, una situación que da lugar a que la habilidad quede en un segundo plano. Son varias las voces que piden cambios. La última, en el
Masters de Augusta.