Isabel Allende ya no hace giras mundiales. A sus casi 84 años, prioriza la calma que le brinda poder hablar desde casa con los más de 180 medios acreditados en una rueda de prensa virtual para hablar de su nuevo libro,
La palabra mágica (Plaza&Janés), un ensayo sobre el oficio de escribir en el que comparte los triunfos, errores y aprendizajes que ha tenido a lo largo de su carrera. El saber que tantos periodistas están pendientes de lo que va a decir no le asusta. Es más, no duda en levantarse, si lo considera, hasta la puerta a su habitación para pedirle a su perro que regrese más tarde, que ahora está ocupada. Tras contestar todo tipo de preguntas, provenientes de un lado u otro del planeta, se toma un tiempo para charlar con
La Vanguardia sobre esta nueva aventura literaria.Su libro empieza por el abc. Por más que a uno le guste leer y que tenga mil proyectos, uno no se puede considerar escritor si no escribe.Exactamente. Pero sí que se puede considerar escritor, en cambio, si escribe pero no publica. No es necesario publicar, de hecho es cada vez más difícil. Uno no debe sentir que la literatura le da fama, solo debe esperar satisfacción del proceso.Dice que escribir es como meditar y que, en la soledad, escucha voces y tiene visiones. ¿Me puede revelar alguna?Hace varios años tenía la intención de escribir un libro sobre los piratas del
Caribe, pues fueron una sociedad democrática que me interesaba. Investigué mucho sobre el tema, luego salió la película y al final terminé escribiendo un libro sobre la revolución de Haití. Y dirás, ¿por qué escribí eso? Pues porque tuve una visión: una bóveda blanca de un convento y, en el centro, sentada, una mujer africana vestida de lino blanco dándome la espalda. Me dijo su nombre: Zarité. Y así bauticé a mi protagonista de
La isla bajo el mar.Los sueños también le inspiran. Tiene uno recurrente en el que aparecen bebés. Si lloran con voz de viejo, debe revisar la voz narrativa.¿Extraño, verdad? Pero así es. Hay que prestarle atención. Los sueños me inspiran, sí, tanto que duermo con un cuaderno cerca. Cuando estoy escribiendo, tengo el libro entero en mi cabeza y, a veces, no sé como resolver una parte. Muchas veces, el inconsciente me lo indica.En sus páginas confiesa que su infancia no fue feliz y que eso le llevó a ser lectora. Y que el exilio es lo que le llevó a ser escritora. ¿Si uno está satisfecho con la vida resulta más complicado que se convierta en un prolífico escritor?Cuesta un poco más, pero por supuesto puede serlo. Solo digo que yo no sé si me hubiera puesto a escribir si no hubiera tenido lugar el golpe militar. Tal vez, seguiría siendo periodista en Chile.
La casa de los espíritus nació de las pérdidas.'
La casa de los espíritus', precisamente, está censurada en algunos estados de EE.UU.En EE.UU. hay más de 7.000 libros censurados, entre ellos el mío, y es un orgullo. Allí se están inventando una realidad paralela, y un pasado que les conviene. Es todo absurdo y un escándalo. Los profesores acaban no tocando ciertos temas porque los cancelan.Su primera novela fue un éxito, pero advierte al principiante que la mayoría de problemas vienen con la segunda.Carmen Balcells me dijo que en el primer libro siempre se pone todo lo que uno sabe y todo lo que es. Yo me esmeré en escribir ese segundo libro para demostrarle que era capaz de no quedarme en un solo libro. Y lo logré, pero ya nunca he vuelto a tener la inocencia y libertad que tuve con el primero.A finales de mes se estrena la serie de esa primera obra.Ojalá eso permita que llegue a más generaciones En 1995 se hizo la película y en aquella época la gente no leía subtítulos, así que para que llegara a Hollywood y, por tanto, a más gente, se rodó en inglés. No tenía el sabor de Latinoamérica. Esto es diferente y el hecho de que se explique en diferentes episodios creo que ayudará a captar mejor la esencia.Lara Gómez (Barcelona, 1993) es licenciada en Periodismo por la Facultat de Comunicació i Relacions Internacionals Blanquerna y está especializada en cultura y género. Aunque lo intentó, nunca llegó a aprender alemán. Su gran pasión es escribir, por lo que todo aquello que ve es material sensible para transformarse en un pequeño relato o en un guion. Sueña con cubrir los Oscars in situ.