Carmen Valero BudapestActualizado Jueves, 9 abril 2026 - 22:44Hungr�a celebra este domingo unas elecciones generales que podr�an marcar un cambio hist�rico. Por primera vez desde que Viktor Orban regres� al poder en 2010, la oposici�n lidera las encuestas. El
Fidesz, el partido gubernamental, tiene sin embargo un as en la manga: en el sistema electoral que el actual jefe de Gobierno ha ido modelando desde entonces, ganar en votos no se traduce necesariamente en m�s esca�os. El primer ministro juega con ventaja.Orban no ha cambiado tanto la arquitectura formal del sistema -que sigue siendo mixto, con una combinaci�n de esca�os por listas y por distritos- como las reglas que determinan c�mo se traduce el voto en poder. La reforma de 2011 redujo el n�mero de diputados y dio m�s peso a los distritos uninominales, donde basta con ser el m�s votado, al tiempo que redibuj� esas circunscripciones de forma favorable al partido gobernante. Elimin� la segunda vuelta, que antes permit�a a la oposici�n reagruparse, e introdujo mecanismos de compensaci�n que, en la pr�ctica, tambi�n benefician al ganador. El resultado es un sistema que, sin romper con modelos comparables en Europa -y con elementos que recuerdan en parte al espa�ol en su l�gica proporcional-, est� calibrado para amplificar la ventaja del partido dominante y convertir mayor�as relativas en mayor�as parlamentarias muy amplias, dificultando as� la alternancia.Ese es el nudo gordiano h�ngaro. Orban no ha necesitado eliminar las elecciones para mantenerse en el poder durante 16 a�os, encadenando cuatro legislaturas consecutivas. Le ha bastado con transformar su funcionamiento. En 2014 habl� abiertamente de la construcci�n de un "Estado iliberal". M�s que una consigna, la expresi�n describe un modelo donde las reglas democr�ticas se mantienen, pero se reorganizan para dificultar la alternancia. Como explica el jurista e historiador austr�aco
Peter Techet, en una democracia liberal la minor�a puede convertirse en mayor�a en cualquier momento, mientras que en una democracia iliberal ese tr�nsito se ve obstaculizado por barreras legales e informales. Las elecciones siguen existiendo, pero el paso de minor�a a mayor�a deja de ser una posibilidad real en igualdad de condiciones.El sistema electoral es una pieza central de ese engranaje. Hungr�a combina circunscripciones uninominales con listas proporcionales, pero la mayor�a de los esca�os se deciden en distritos donde basta una mayor�a simple. Durante a�os, esa f�rmula ha favorecido a
Fidesz en las zonas rurales, mientras una oposici�n fragmentada se repart�a el voto sin capacidad de imponerse. A ello se suma un mecanismo menos visible pero decisivo: los votos "sobrantes" del partido ganador en cada distrito no se pierden, sino que se trasladan al c�mputo nacional, amplificando la victoria. Ganar por mucho no solo asegura el esca�o, sino que a�ade ventaja adicional en el reparto global.Ese funcionamiento explica tambi�n la l�gica pol�tica de la campa�a. En Hungr�a no basta con ganar en votos: hay que ganar en los distritos, y estos est�n en gran medida en las zonas rurales. El pa�s cuenta con 106 circunscripciones uninominales, de las cuales solo 18 se concentran en
Budapest, mientras que la gran mayor�a se distribuye por el resto del pa�s, en �reas rurales y semiurbanas, donde
Fidesz mantiene una fuerte implantaci�n. De ah� que la oposici�n haya adaptado su estrategia. P�ter Magyar no intenta movilizar �nicamente al electorado urbano, sino penetrar en el espacio pol�tico de
Fidesz con un lenguaje nacional y centrado en problemas cotidianos. La batalla no se libra tanto en
Budapest como en las peque�as circunscripciones del pa�s, porque es ah� donde se decide la mayor�a parlamentaria.Esa l�gica se reflejar� tambi�n en la noche electoral. Los primeros resultados llegar�n previsiblemente de las grandes ciudades, donde el recuento es m�s r�pido y donde la oposici�n es m�s fuerte. Pero a medida que avance la noche y se incorporen los distritos rurales —m�s lentos en el escrutinio y tradicionalmente favorables al partido de Orb�n— el equilibrio puede cambiar. En Hungr�a, m�s que en otros sistemas, la elecci�n no termina cuando se cuentan los votos, sino cuando se traducen en esca�os.Ese dise�o institucional se completa con un entorno medi�tico profundamente desequilibrado. Seg�n la Organizaci�n para la Seguridad y la Cooperaci�n en Europa, las elecciones en Hungr�a son libres en lo formal, pero no equitativas. Cerca del 80 % del ecosistema medi�tico, incluidos los medios p�blicos, est� bajo influencia gubernamental. La competencia existe, pero en condiciones asim�tricas.En este contexto, el momento actual introduce un elemento de incertidumbre que el sistema no hab�a enfrentado hasta ahora. La nueva fuerza opositora liderada por P�ter Magyar encabeza desde hace meses las encuestas de institutos independientes. En algunos sondeos recientes, Tisza alcanza en torno al 39% del apoyo total frente al 30% de
Fidesz, y supera incluso el 50% entre los votantes decididos, frente a cerca del 37% del partido gubernamental. Pero el dato m�s revelador es otro: alrededor de un 20% del electorado sigue indeciso, lo que mantiene abierto el resultado y explica las divergencias entre encuestas.Magyar, antiguo insider, ha evitado los errores de la oposici�n tradicional: no confronta frontalmente el marco pol�tico dominante, sino que lo ocupa. Utiliza una ret�rica nacional, se dirige tambi�n a votantes conservadores y centra su discurso en problemas cotidianos, esquivando los temas m�s divisivos. Esa estrategia le ha permitido ampliar su base electoral, pero no resuelve el obst�culo estructural.Porque en Hungr�a no est� en juego solo un cambio de gobierno, sino la sustituci�n de todo un sistema pol�tico. Y para eso no basta una mayor�a simple. El actual entramado constitucional y legal solo puede desmontarse con una mayor�a de dos tercios en el Parlamento. Sin ella, un eventual gobierno de Magyar tendr�a que operar dentro de unas reglas dise�adas para perdurar, con un margen de maniobra muy limitado.Incluso en el caso de que la oposici�n alcanzara esa mayor�a cualificada, la transici�n no ser�a autom�tica. Como advierte
Peter Techet, el sistema podr�a reaccionar tras una derrota electoral. Existen mecanismos para retrasar la validaci�n de los resultados mediante recursos judiciales encadenados, que podr�an prolongar durante semanas la incertidumbre institucional. Pero el punto m�s delicado se sit�a antes incluso de la constituci�n del nuevo Parlamento. Hasta ese momento, la actual mayor�a parlamentaria mantiene intacta su capacidad legislativa. En ese intervalo, podr�a modificar las reglas del juego, endureciendo los requisitos para futuras reformas o reforzando el poder de instituciones que siguen bajo su control, como el Tribunal Constitucional.La alternativa ser�a aceptar ese marco o desafiarlo, con el riesgo de abrir un escenario de confrontaci�n pol�tica, jur�dica y bloqueo institucional que no solo pondr�a a prueba los l�mites del propio sistema h�ngaro, sino tambi�n la capacidad de la Uni�n Europea para responder cuando esa crisis se produce dentro de sus propias fronteras.