Actualizado Viernes, 10 abril 2026 - 01:27Hay muchos motivos para recuperar
Kill Bill y probablemente todos culpables. De principio a fin, la obra maestra del siempre pol�mico, siempre impertinente, siempre genial y siempre muy cansino
Quentin Tarantino (obra maestra que sigui� a dos obras maestras del tama�o de
Pulp Fiction y
Jackie Brown) fue concebida como una pel�cula al margen de casi todo, de s� misma incluso. Su vocaci�n de pastiche, de remix, de celebraci�n de la nostalgia cin�fila m�s mostrenca, hizo de ella una especie de objeto de culto cuyo argumento lo compon�an mil referencias ellas mismas de culto. Culto sobre culto, el cine reaparec�a como una experiencia contradictoria tan pagana como m�stica. Entre el onanismo desprejuiciado y el m�s simple y pedestre de los placeres inconfesables, se trataba de elevar lo friki (antes de que lo friki se convirtiera �l mismo en mercanc�a de wallapop) al estatus de categor�a.
Gianni Vattimo, por ejemplo y por posmoderno, hablaba de un pensamiento d�bil (pensiero debole) para designar a una filosof�a que abandona la fundamentaci�n metaf�sica fuerte y que abjura del concepto de historia (o Historia) como progreso unitario y lineal. La idea no es tanto rendirse al relativismo fofo del todo-vale como admitir el reto de aceptar la multiplicidad, lo cambiante, lo trans y lo diferente como fuente de sentido. En rigor, y sin forzar la met�fora m�s que lo justo,
Kill Bill como proyecto se hace fuerte en ese mismo ideario debole del cine entendido no desde la inviolabilidad y seriedad del canon como desde la diversidad l�dica de todas sus formas bastardas, violentas, machistas y explotation (todas culpables) donde lo que cuenta no es tanto la opini�n docta del cr�tico (hombre blanco hetero) como el acto de resignificaci�n y reapropiaci�n (lo que antes era mis�gino, ahora es sangrientamente feminista) para el disfrute emancipador y algo terrorista del espectador libre, libre de cargas y hasta de criterio.Para saber m�sTodo lo anterior, en su feliz confusi�n, qued� claro en el primer y segundo volumen estrenados por cuestiones estrictamente comerciales con seis meses de diferencia (330 millones de d�lares recaudados en todo el mundo son la prueba de lo conveniente de la decisi�n) en 2003 y 2004. Pero en la mente de su creador, la pel�cula de m�s cuatro horas era eso, una pel�cula �nica y sin fracturas. O, mejor, toda ella ten�a que ser una fractura, una fractura con el pasado, con la historia y con el, otra vez, pensamiento �nico. Su duraci�n era arte y parte del ideario. La pel�cula funciona, por as� decirlo, como ese rito suf� empe�ado en quebrar el mismo tiempo mediante una suerte meditaci�n din�mica que busca la uni�n con Dios mediante el giro constante.El argumento ni siquiera es tal.
Kill Bill son simplemente cinco peleas entrelazadas por historias diversas y disruptivas. El origen de O-Ren (Lucy Liu) en formato anime, la larga escena de nuestra hero�na La novia (o Beatrix Kiddo o Mamba Negra o Mami o Arlene Machiavelli) con el fabricante de espadas, Elle Driver (Daryl Hannah) que lee datos sobre serpientes venenosas copiadas de una p�gina web, el mon�logo final de Bill reflexionando sobre Superman... Todo no son m�s que rupturas, una detr�s de otra, en una demente sesi�n DJ cinematogr�fica, musical y memorial�sitca.Por ello, se antoja tan disfrutable y oportuna
Kill Bill: The Whole Bloody Affair, que es b�sicamente
Kill Bill Volumen 1 y
Kill Bill Volumen 2 juntas, pero sin esa fractura en medio que contradice todas las infinitas fracturas originales. Hay, eso s�, pausa de 15 minutos para visitar el selecto ambig� o mear. �Y qu� hay de nuevo? Respuesta r�pida: nada. Si se quieren detalles, ya es otra cosa. En verdad, ya en 2006 Tarantino uni� las dos partes y procedi� a su proyecci�n tanto en Cannes como en los cines de su propiedad en una versi�n de 270 minutos de la historia de venganza de una exasesina embarazada v�ctima de un brutal ataque en la v�spera de su boda por parte de su exjefe y amante (Bill) y sus cuatro letales colegas (recu�rdese la serie ficitica Fox Force Five que asoma en
Pulp Fiction). Lo que hizo en aquella ocasi�n consisti� m�s en restar que sumar. Y eso mismo ocurre ahora.Lo m�s relevante, y que afecta al sentido mismo de la narraci�n, sucede al final de la primera parte. O mejor, no sucede. Se suprime el di�logo de Bill (David Carradine) en el que revela que la hija de La Novia sigue viva. Tanto en la versi�n original como en The Whole Bloody Affair, el personaje de Thurman cobra consciencia de la existencia de su reto�o al final. Ahora el p�blico (o el nuevo p�blico si es que existe) se enterar� de la buena nueva junto a la protagonista. Tambi�n se suprime la introduci�n a modo de resumen en blanco y negro con el que se retomaba el Volumen 2. No es necesario, aunque, la verdad, nos gustaba. Pero no todo es quitar. El cap�tulo animado mencionado incluye una secuencia de acci�n adicional donde una joven O-Ren lucha contra otro m�s. Adem�s, la iniguable escena de la Casa de las Hojas Azules (The House of Blue Leaves) y los Crazy 88 recobra el color original. En todo el mundo menos en Jap�n, se vir� a blanco y negro por aquello de aminorar el efecto de la sangre y escapar a la calificaci�n para adultos NC-17. Una ocasi�n m�s para recrearse en la fotograf�a encendida, dura e hiperrealista de Robert Richardson.
Uma Thurman en
Kill Bill: The Whole Bloody Affair.Por lo dem�s, sorprende que la escena adicional que inclu�a el DVD en la que Bill se luc�a con maestr�a no haya sido insertada. Y sorprende a�n m�s que, despu�s de los cr�ditos, la nueva versi�n pegue otro cap�tulo animado donde Yuki, la hermana gemela de la asesina con aspecto de colegiala Gogo, busca su particular venganza contra, claro est�, La Novia. Venganza por venganza. Esta secuencia, seg�n confes� Tarantino en su momento, figuraba exclusivamente en el primer borrador del guion. La sorpresa llega de la mano de que El cap�tulo perdido: La venganza de Yuki, as� se llama, fue creada el a�o pasado para el videojuego Fornite. Tarantino y Thurman utilizaron tecnolog�a de captura de movimiento y durante ocho discutibles minutos se dejan inlcuso ver algunos personajes del videojuego. Por otro lado, justo es reconocerlo, la ocurrencia o hallazgo, seg�n se mire, a�ade una ruptura m�s al cat�logo de infinitas rupturas que es
Kill Bill.Y dicho todo lo cual, posmodernidades, versiones y fragmentaciones a un lado, lo que queda y no admite duda alguna es
Uma Thurman.
Uma Thurman en la mejor interpretaci�n de su carrera y de muchas otras.
Uma Thurman como un animal herido capaz de las m�s brillantes escenas de acci�n que ha dado el cine sin renunciar a convertir el odio, la amargura y el dolor en el material mismo que conforman las peores pesadillas.
Uma Thurman desencadenada. Recu�rdese: en los cr�ditos aparece la firma Q&U (Quentin y Uma) como autores e ideadores de todo esto. Hay muchos motivos para recuperar
Kill Bill y solo
Uma Thurman es el verdadero. No es Tarantino, es
Uma Thurman.