Seis días. Este es el tiempo que tendrán los jugadores del Barça para hacer un cursillo acelerado pero necesariamente efectivo de madurez. No es que los futbolistas del primer equipo no tengan, de hecho ya se necesita mucha para jugar en un club de las dimensiones del Barça con la juventud de muchos integrantes de la plantilla. Pero hay situaciones donde una madurez más consolidada te permite salir airoso y esta eliminatoria de Champions contra el Atlético es un clarísimo ejemplo. Y en madurez los de Simeone van un paso por delante.La barrera del FC Barcelona en el primer gol del Atletico de Madrid Joan Monfort / Ap-LaPresseLa madurez te permite rebajar los altos niveles de excitación que rodean un partido como el del miércoles en el
Camp Nou y mantener el foco en los 180 minutos que dura el global de la eliminatoria. Sin prisa, sin ansia, con paso firme y seguro. Todo lo contrario de lo que pasó en las postrimerías de la primera parte. Pau Cubarsí se pasa de frenada, acaba viendo la roja y
Julián Álvarez pica magistralmente la falta para hacer el 0 a 1. Todos los pecados de la falta de juicio y la precipitación concentrados en poco más dos minutos que dejan al Barça en inferioridad y por detrás en el marcador. La madurez también implica firmeza y dominio de la situación. Y, ante una acción clamorosamente injusta, como la de
Marc Pubill cogiendo la pelota con las manos cuando Musso ya la había puesto en juego, los jugadores del Barça tienen que mostrar su implacable determinación dentro del terreno de juego. Con respeto, pero con obstinación hasta que el árbitro sienta la vergüenza propia de un error tan garrafal, imperdonable en la competición más prestigiosa del continente. No vale esperar a ver qué pasa. Si la acción hubiera pasado al revés, Simeone habría enloquecido como un diablo de Tasmania ante el cuarto árbitro en la banda y sus futbolistas habrían reclamado incansables al árbitro obligando, como mínimo, el VAR a intervenir. Eso no es ser un marrullero, eso es defender lo que dice el reglamento y evitar una injusticia catedralicia que habría podido cambiar, o no, el transcurso del partido.Si la acción hubiera pasado al revés, Simeone habría enloquecido como un diablo de TasmaniaSea como sea, entonces el Barça estaba perdiendo por la mínima. Y, llegado a un determinado minuto de juego, la madurez te da el punto de calma necesario para valorar y priorizar tu objetivo global. El Barça no sabe jugar a defenderse, cierto, pero teniendo en cuenta que la eliminatoria tiene que ir a Madrid a resolverse, blindar la retaguardia quizá se habría convertido en la decisión madura clave para evitar el gol de Sorloth.Lee tambiénEn el Metropolitano, pues, el Barça necesitará exhibir madurez para explotar unas virtudes que en el
Camp Nou ya afloraron ante un Atlético que no querrá jugar a nada. Antes de este examen los de Flick pueden hacer una primera prueba de madurez mañana contra el Espanyol. Hay pocos equipos que tengan tantas ganas de hacer saltar por los aires la unidad de los blaugrana como el de Manolo González.