Llegas al
Coliseo de Roma o a la
Barcelona" class="entity-link entity-location" data-entity-id="106898" data-entity-type="location">Sagrada Familia de
Barcelona y... ¡Sorpresa! Nada es como parecía en tu móvil (ni en tu imaginación): te encuentras con una multitud de personas apiñadas para hacerse la misma foto que tú. Mismo escenario, misma pose, mismo ángulo... Es la consecuencia de la masificación de algunos sitios turísicos, y parte de la culpa se encuentra en tu bolsillo. Si bien hace unos años (aunque muchos jóvenes tal vez ni lo recuerden) se acudía a las agencias de viajes tradicionales en busca del mejor destino para las vacaciones, ahora se utilizan también las redes sociales, sobre todo
Instagram y
TikTok, las plataformas más visuales y donde hay miles de fotos, vídeos y recomendaciones de escapadas. Tal es su influencia que, según un estudio de
Travel Trends 2026, uno de cada cuatro españoles reconoce que las redes sociales influyen a la hora de elegir dónde ir. Esto se conoce como “efecto
Instagram”, es decir, destinos elegidos por su atractivo visual. “Consiste en viajar a un sitio con la motivación principal de reproducir imágenes ya vistas en redes, generando una forma de viajar condicionada por la imagen donde a veces se prioriza la foto sobre la experiencia en sí”, explican desde
Indhai Travel, una agencia de viajes sostenible afincada en
Bali y fundada por dos españoles. De hecho, en ocasiones esas fotos pueden poner en riesgo su vida, saltándose medidas de seguridad, subiendo a balcones o acantilados no autorizados... Solo por la mejor foto. En otras palabras, las redes funcionan como catálogos vivos. Por eso, tanto agencias como hoteles o aerolíneas se han adaptado a los nuevos tiempos y utilizan cada vez más la figura de los influencers para promocionarse. Pero no solo eso, sino que las propias empresas han aprovechado este fenómeno y han empezado a realizar “tours para
Instagram”. Basta con una rápida búsqueda en Internet para encontrar anuncios de “Tour en
Bali para
Instagram”, “Tour en
Barcelona para
Instagram”... Su auge fue creciendo a medida que se consolidaban las redes sociales, a partir de 2018-2019. “En muchos casos fueron los propios operadores locales quienes detectaron el interés por recorrer los lugares más fotogénicos, por lo que diseñaron estas rutas específicas”, cuenta
Enrique Espinel, COO de
Civitatis. Algo similar le ocurrió a
Alberto Rada, fundador de
Madrid Photo Tour, que empezó en 2013 en Sevilla y poco a poco se fue extiendiendo a otras ciudades. “Viendo la demanda que había de turistas, que se tenían que hacer fotos solos con el móvil, pensé en ofrecer un servicio que les pudiera ayudar, más profesional”, dice, para después apuntar que cada vez hay más empresas de este tipo. ¿Cambio en el turismo? ¿Pero esto es un hecho aislado o generalizado? Rada lo tiene claro: ha habido un cambio en el turismo, ya que, según defiende, hace 20 años “la gente viajaba para conocer la ciudad a través de la cultura, la gastronomía”... Sin embargo, ahora se hace más hincapié en visitar un sitio solo para hacerse fotos. “Más por apariencia y postureo, como que te da caché publicarlo, y esto ha hecho que se pierda la esencia del turismo”, precisa. Ver esta publicación en
Instagram Una publicación compartida de Vy | Travel Tips & UGC Creator 🦭🌴 (@vywherenext) "Creo que la gente viaja más por moda y hacer 'check' que por visitar sitios para conocer de verdad", coincide Carla Castejón, una joven madrileña que suele viajar a través de agencias a sitios que todavía no están tan explotados turísticamente, como Senegal. En la misma línea se posiciona Elena Rodríguez, otra joven de la capital que ha visitado países como Indonesia o Filipinas. “Siento que estamos convirtiendo el mundo en un decorado. Ya no viajamos para ver qué nos ofrece el destino, sino para que el destino nos ofrezca el fondo de pantalla perfecto”, critica, y recuerda cómo en
Bali había gente vestida de “gala" haciendo cola durante dos horas para hacerse una foto en Pura Lempuyang (uno de los puntos más turísticos), “ignorando por completo el significado espiritual del sitio o la vida de la comunidad que los rodea”. Aunque las fotos guardan recuerdos y nos pueden teletransportar al momento captado, estas son estáticas, y si solo se busca el mejor ángulo en vez de disfrutar de la experiencia, se corre el riesgo de que los recuerdos sean solo superficiales. "Hay emociones que una imagen no puede recoger. En la época de la inteligencia artificial, la imagen por sí sola tiene los días contados, por lo que nos parece importante generar vivencias únicas en vez de consumir solo con imágenes", dice Alberto Galloso, CEO de SAÓ Viajes, una agencia de viajes sostenibles. Aumenta el turismo sostenible Entre filtros, fotos y aglomeraciones, en las plataformas se ha colado un pequeño haz de luz: el turismo sostenible. Cada vez hay más personas que piensan como Carla y Elena y evitan los sitios masificados que aparecen en todas las guías, buscando un viaje diferente, sostenible y que conecte más con la esencia. "Cuando veo que un destino se vuelve demasiado viral, me genera el efecto contrario y me dan menos ganas de ir. Busco autenticidad" “Muchos viajeros buscan experiencias más auténticas", explican desde
Indhai Travel, que señalan también que es un cambio progresivo que irá creciendo en los próximos años. No obstante, desde
Civitatis defienden que los viajeros no solo buscan la “foto perfecta”, sino que su motivación principal “sigue siendo descubrir el destino, conocer su cultura y vivir algo diferente”. "Cuando veo que un sitio se vuelve demasiado viral, me genera el efecto contrario y me dan menos ganas de ir, porque lo que busco es la autenticidad. Un destino me atrae por su historia, cultural o gente, no porque haya visto a tres influencers allí", cuenta Elena. A pesar de que las redes sociales pueden dar popularidad a un sitio en muy poco tiempo, también pueden ayudar a mostrar la realidad de los sitios más virales (los conocidos
Instagram vs. reality) y dar visibilidad a experiencias responsables y a rincones menos conocidos. Por ello, muchas empresas trabajan con operadores locales, hacen itinerarios personalizados o recomiendan alternativas a los sitios plagados de gente. No solo para mejorar la experiencia de los usuarios, sino también por los daños y perjuicios que pueden ocasionar en el exositema o en las comunidades locales. De ahí el auge de las empresas de turismo sostenible o que las empresas tradicionales se tengan que adaptar. "No queremos ser catastrofistas, pero tampoco negacionistas de una realidad que todos podemos ver. O viajamos de una manera más consciente o nuestros destinos no podrán soportar la presión a la que les estamos sometiendo", alertan en SAÓ Viajes, que apuntan que sí que empieza a haber un cambio, aunque se sigue priorizando el viajar en función de las ofertas y no de las aspiraciones y deseos de los propios viajeros. "Nos convertimos en viajeros clones", dicen a El Confidencial. Mientras las empresas se reinventan y los usuarios de redes se conciencian sobre las consecuencias del "efecto
Instagram", los habitantes de las ciudades protestan contra las políticas de las ciudades que contribuyen a la masificación. "Tendría que haber cierto límite, bien con tasas turísticas, poniendo coto a los Airbnb...", propone
Alberto Rada, mientras que en Saó Viajes apuestan por la gestión pública. "Es una herramienta imprescindible para conseguir un equilibrio entre la generación de derrama económica del turismo y la minimización de los impactos", apuntan. Algunos países y ciudades ya han tomado cartas en el asunto y cobran a los turistas por el acceso a determinados espacios, pagos por pernoctaciones... Es el caso de Ámsterdam, Venecia, París o Roma, donde han implantado un precio de dos euros a los turistas para acceder a la Fontana di Trevi. La influencia de las redes ha difuminado la línea entre viajar para tener nuevas experiencias e ir solo para tacharlo de la lista. ¿Volveremos a viajar por la experiencia o seguiremos buscando la mejor foto para aumentar el número de 'likes'?