Ramon Súrio 10/04/2026 16:58 Actualizado a 10/04/2026 17:35
Tame Impala ★★★★✩Lugar y fecha:
Palau Sant Jordi (8/IV/2026)El grupo australiano
Tame Impala vino a presentar su quinto álbum, Deadbeat. Aunque quizás sería más adecuado decir que
Kevin Parker –cantante, guitarrista, compositor y líder absoluto– y su grupo aterrizaron en
Montjuïc para ofrecer un rotundo espectáculo de sonido y luz que contribuyó a engrandecer un repertorio no exento de altibajos. Ni la sofisticada puesta en escena logra disimular que el nuevo disco ha supuesto un bajón creativo en su carrera, pero los temas recientes, insertados entre los clásicos, disimulan las carencias y más servidos con tamaño despliegue audiovisual. Los seis músicos están situados en una plataforma circular, iluminada con barras y circulos de focos que suben, bajan y se inclinan y potentes rayos láser en constante cambio cromático, todo ello en un alarde de ingeniería sincronizado con la música que deja al respetable boquiabierto desde la inicial Apocalypse dreams. Un título muy adecuado para ilustrar un espectáculo que supera las dos horas.La música de
Tame Impala sigue conservando las características lisérgicas iniciales pero con el tiempo se ha ido volviendo cada vez más electrónica, hasta lograr que por momentos esté más cerca de una rave que de un concierto de rock al uso. Y en medio de ambos polos, como perfecta ancla de las canciones, está la emotiva voz de un
Kevin Parker que la modula a placer, recurriendo con naturalidad a falsetes y tonos agudos para lograr rotundos temas, como el sedoso y funk Borderline que no tiene nada que envidiar a las canciones que
Daft Punk hicieron con
Pharell Williams. Los determinantes falsetes también van como anillo al dedo a los momentos de psicodelia blanda como Loser. Los puntos culminantes del primer segmento del concierto fueron la glam Elephant, el único momento hard-rock cien por cien guitarrero, y sobre todo Feels like we only go backwards, rescatada del álbum Lonerism, una maravilla melódica que nos hizo flipar en colores, literalmente. Tras eso la nueva y sintética Dracula sonó, por decirlo suavemente, meliflua.Lee tambiénEl prescindible interludio, con parada en el baño incluida mostrada por la cámara, evidenció un exceso de ego de Parker, tumbado en la alfombra de un pequeño escenario central, decorado con lámparas a lo salón casero, para demostrar que también sabe hacer de DJ. Fue una debilidad perdonable antes de una segunda tanda de canciones con el primer clímax proporcionado por la psicodelia total de Let it happen, con autotune, rayos láser y lluvia de confeti. Ante esto la nueva Osbolete poco pudo hacer. Pero hasta lo menos eficaz llega a brillar con su soberbia voz, que en la calmada Yes I’m changing mostraría la influencia de The Flaming Lips. Además sabe hacer canciones, como Eventually o New person, same old mistakes, que suenan grandiosas y a la vez íntimas, en un gran final otra vez envuelto en confeti. Faltaba rematar la faena con un suculento bis en el que no podía faltar The less I know the better –supera los dos billones de audiciones en Spotify–, antes de culminar con el trance de End of summer y su deslumbrante colorido.