“No existe
UN mandato divino para ir a la guerra solo cuando no hay alternativa. No hay ningún imperativo moral que obligue a una nación a luchar, o que le dé derecho a hacerlo, únicamente cuando se encuentra acorralada contra el mar o el abismo. Una guerra así puede evitar una tragedia, si no
UN holocausto, para cualquier nación”.Con estas palabras concluía Menájem Beguín, primer ministro de
Israel, el discurso que pronunció el 8 de agosto de 1982 ante la promoción de graduados del Colegio Nacional de Defensa de Irlanda justificando la guerra de Líbano, iniciada por su Gobierno ese mismo mes.La operación, que
Israel denominó “Paz para Galilea”, fue en realidad una ofensiva contra el país vecino con el objetivo de expulsar del país a las milicias de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) comandada por Yasir Arafat en respuesta a sus incursiones en su territorio. Además de tutelar el futuro del país vecino con el apoyo a las fuerzas locales aliadas.Lee tambiénEn principio, la intervención debía limitarse al sur libanés, siguiendo el ejemplo de la operación Litani, cuando las tropas
Israelíes invadieron en 1978 los territorios al sur del río que dio nombre a la campaña hasta que Naciones Unidas creó una fuerza de interposición y exigió a Tel Aviv su retirada. El Tzáhal, efectivamente, se retiró entonces, aunque manteniendo una zona de seguridad en el interior del país vecino y apoyando la creación del denominado Ejército del Sur de Líbano, una milicia cristiana proisraelí.En 1982, sin embargo, el repliegue de la OLP hacia
Beirut llevó a
Israel a mantener su avance y sitiar la capital libanesa. Pese a la presión de la comunidad internacional y la aceptación de Arafat de abandonar el país, el Gabinete de Beguín no dudó en tomar la ciudad apelando a esa filosofía de guerra preventiva.
UN convoy militar
Israelí en el valle de la Beqaa Para justificar la intervención en Líbano, el primer ministro llegó al extremo de compararla con los momentos previos a la Segunda Guerra Mundial, asegurando que si la comunidad internacional hubiese intervenido contra la Alemania nazi cuando Hitler dio por finiquitado el Tratado de Versalles y envió tropas a la desmilitarizada región de Renania el régimen habría caído. Una acción preventiva que habría evitado, según Beguín, 30 millones de muertes.La ocupación de Líbano, que se prolongó tres años, tuvo episodios infames como la masacre de Sabra y Chatila, cometida por las Falanges Libanesas maronitas contra los refugiados palestinos en estos barrios de
Beirut con la anuencia de las tropas ocupantes.
UN genocidio, como lo calificó Naciones Unidas en una de sus históricas declaraciones, que se sumó a las atrocidades, de distinto signo, que habían supuesto en los años previos las masacres de Damour y Karantina.Lee tambiénLa Administración Reagan, que había mostrado su apoyo a
Israel, trató de trazar
UN plan de paz que no detuvo al Ejecutivo de Beguín, al menos hasta concluir las operaciones militares que consideraba estratégicas en el país vecino. Así se lo manifestó el propio primer ministro a su homólogo estadounidense en una carta que Washington hizo pública. Es el documento que reproducimos íntegro.Ronald Reagan había condenado la violencia desatada en Sabra y Chatila y anunciado el envío de marines estadounidenses como parte de una fuerza multinacional para ayudar al Gobierno libanés a restaurar su soberanía.
UN extremo que indignó a Beguín, así como las conversaciones bilaterales que Estados Unidos mantuvo con Jordania y Arabia Saudí, a quienes no consideraba actores legítimos en
UN proceso de paz.Menájem Beguín comparó la invasión de Líbano con los compases previos a la Segunda Guerra MundialLa misiva sorprende por su agresividad hacia
UN aliado necesario para la defensa de los intereses e incluso la integridad de
Israel y sus reproches hacia la Administración Reagan. Además de poner en entredicho sus capacidades militares, asegurando que el ejército
Israelí había sido capaz de destruir en esa campaña armamento soviético que Occidente consideraba imbatible.Menájem Beguín no podía saber en ese momento que su guerra preventiva tendría
UN elemento que no entraba en su guion: el nacimiento de una milicia chií libanesa, Hizbulah, que llevaría a Irán a entrar de lleno en el conflicto regional y que se convertiría en
UN nuevo y agresivo enemigo a sus puertas.La carta“Estimado Ron:”Le agradezco tu carta del 31 de agosto, que el embajador Lewis tuvo la amabilidad de traerme a Nahariya, ahora libre de cohetes y proyectiles, siguiendo instrucciones de su Gobierno. Adjunto la resolución del Gabinete del 2 de septiembre, adoptada por unanimidad. Dado que cada uno de los párrafos se desarrolla con detalle, poco tengo que añadir, salvo afirmar –siguiendo, si me permite, su ejemplo– que el Gobierno de
Israel respaldará su decisión con total convicción.”También he leído su discurso, que precedió en 24 horas a la consulta del Gabinete con mis colegas. Sirve como testimonio adicional de su opinión o resolución. En efecto, amigo mío, se produjeron grandes acontecimientos desde nuestra última reunión en Washington en junio. Permítame, sin embargo, ofrecerle una descripción algo diferente de esos acontecimientos.”El 6 de junio de 1982, las Fuerzas de Defensa de
Israel (FDI) entraron en Líbano no para conquistar territorio, sino para combatir y aplastar a las bandas armadas que operaban desde ese país contra nuestra tierra y sus ciudadanos. Eso fue lo que hicieron las FDI. Recordará que, lamentablemente, no pudimos aceptar tu sugerencia de proclamar
UN alto el fuego el jueves 10 de junio a las 6 horas porque en ese momento el enemigo todavía se encontraba a 18 kilómetros de Metula, en nuestra frontera norte.”Sin embargo, 24 horas después hicimos retroceder al enemigo más al norte, y el viernes 11 de junio, a las 12 del mediodía, proclamamos
UN alto el fuego unilateral, rechazado por los terroristas. Así pues, los combates continuaron, y el 27 de junio sugerimos que todos los terroristas abandonaran
Beirut y Líbano, lo cual finalmente hicieron con la ayuda de los importantes oficios del embajador Habib, muchas semanas después.”En las batallas producidas en ese período
Israel perdió 340 hombres, muertos, a los que se sumaron 2.200 heridos,
UN centenar de ellos de gravedad. También en las batallas, tras el rechazo del ejército sirio a nuestras súplicas de no intervenir, destruimos 405 tanques soviético-sirios (entre ellos, nueve T-72, considerados en los círculos de la OTAN como invulnerables), derribamos 102 MIG soviético-sirios (incluido
UN MIG-25) y destruimos 21 baterías de SAM-6, SAM-8 y SAM-9,
UN arma letal.”Sin embargo, en su carta y en su discurso al pueblo estadounidense, señor presidente, ni siquiera mencionó la valentía del combatiente
Israelí ni los grandes sacrificios del ejército y el pueblo
Israelíes. La impresión que se pudo haber obtenido fue que el señor Philip Habib, con la ayuda de las unidades expedicionarias, logró el resultado. Es mi deber decirle, señor presidente, que me sorprendió esta omisión. Declaro
UN hecho, no me quejo.”De lo que sí me quejo es de la omisión de consultarnos antes de enviar sus propuestas a Jordania y a Arabia Saudí, siendo la primera una firme opositora de los acuerdos de Camp David y la segunda completamente ajena y opuesta a estos acuerdos. Al no haber consulta previa, el Gobierno de Estados Unidos podría haber adoptado la postura de que Cisjordania debería reintegrarse a Jordania. Lo que algunos llaman Cisjordania, señor presidente, es Judea y Samaria; y esta simple verdad histórica jamás cambiará.”Hay cínicos que se burlan de la historia. Pueden continuar con su burla cuanto deseen, pero yo me mantendré firme en la verdad. Y la verdad es que hace milenios existió
UN reino judío de Judea y Samaria donde nuestros reyes se postraban ante Dios, donde nuestros profetas anunciaron la visión de la paz eterna, donde desarrollamos una civilización rica que llevamos con nosotros, en nuestros corazones y en nuestras mentes, en nuestro largo viaje global durante más de 18 siglos. Y, con ella, regresamos a casa.”Mediante una guerra agresiva, mediante la invasión, el rey Abdulá conquistó partes de Judea y Samaria en 1948; y en una guerra de legítima defensa, en 1967, tras ser atacados por el rey Huséin, liberamos, con la ayuda de Dios, esa porción de nuestra patria. Judea y Samaria jamás volverán a ser la Cisjordania del reino hachemita de Jordania, creado por el colonialismo británico después de que el ejército francés expulsara al rey Faisal de Damasco.”En Camp David propusimos –sí, fue nuestra iniciativa– la plena autonomía para los habitantes árabes, o palestinos, de Judea, Samaria y la Franja de Gaza, con
UN período de transición de cinco años. Es una propuesta generosa que ofrece el mayor alcance de autonomía que existe en el mundo en nuestros tiempos, como he tenido ocasión de demostrar a distinguidos invitados que he recibido en Jerusalén procedentes de Francia, Italia y Bélgica, quienes conocen bien el concepto de autonomía.”La cuestión de la seguridad es de suma importancia. La geografía y la historia han determinado que Judea y Samaria sean una región montañosa, y que dos tercios de nuestra población habiten en la llanura costera dominada por esas montañas. Desde allí se puede acceder a todas las ciudades, pueblos, aldeas y, por último, pero no menos importante, a nuestro principal aeropuerto en la llanura.”Antes vivíamos confinados a ocho millas de la costa; y ahora, señor presidente, usted nos sugiere en sus propuestas que volvamos prácticamente a esa misma situación. Es cierto que declara que no apoyará la creación de
UN Estado palestino en Judea, Samaria y Gaza. Pero tal Estado surgirá por sí solo el día que Judea y Samaria pasen a estar bajo jurisdicción jordana. Entonces, en poco tiempo, nosotros y ustedes tendremos una base soviética en el corazón de Oriente Medio. Bajo ninguna circunstancia aceptaremos que se presente una posibilidad así, que pondría en peligro nuestra propia existencia.”Señor Presidente, usted y yo elegimos durante los últimos dos años llamar a nuestros países amigos y aliados. Siendo así,
UN amigo no debilita a su amigo,
UN aliado no pone en peligro a su aliado. Esta sería la consecuencia inevitable si las posiciones que me transmitieron el 31 de agosto se hicieran realidad. Creo que no sucederá.”‘Por amor a Sion no callaré, y por amor a Jerusalén no descansaré’ (Isaías 62).”Atentamente, Menájem”Últimas entregasEsta pieza forma parte de una serie de contenidos que recupera discursos, manifiestos y otras documentos clave de la época contemporánea para contextualizarlos desde una perspectiva histórica y con ánimo divulgativo.Redactor de la sección de Continuidad y colaborador del canal Historia y Vida. Ha trabajado en La Revista del Sábado, Deportes, Magazine y Última Hora y ha coordinado el suplemento económico Dinero. Autor de varias obras divulgativas