Once de abril. La relatividad sopla velas (110) y la científica coartada que vino a desmontar ciertos absolutos aún suena más o menos revolucionaria, hasta que nos damos cuenta de que todo permanece (relativamente) igual en nuestro día a día. Más de un siglo después, la formulación einsteiniana supera toda prueba experimental (relojes atómicos, satélites GPS y detección de ondas gravitacionales), pero no es capaz de doblegar los privilegios más caducos. Siguen ahí. Ni se dilatan ni se contraen. Solo se reproducen con una gravedad casi newtoniana.Los tripulantes de la misión
Artemis II NASAEso sí, ahora la mayoría somos mucho más conscientes que nunca de que todo depende del punto de vista. Del contexto. De quién mira y de quién es mirado aunque todo se complica, y demasiadas veces demasiado, con el típico cretino, que se cree que todo va con él, que todo le interpela, que se siente el centro mismo de ese universo que nos hicieron creer que el genio despeinado pensó en solitario. Y seguimos permitiendo que el mundo se lea en clave no relativa sino absolutamente masculina. ¡Es que hasta la vieja historia de la relatividad se sigue contando con la masculinidad por delante! ¡Solo a medias! Con un
Albert Einstein crecido y solo, anunciando el pomposo cambio y una Mileva Marić, su exmujer, censurada hasta en los títulos de crédito a pesar de haber sido coautora imprescindible del proyecto.No basta con enviar a una mujer a la
Luna para sugerir que la igualdad está de caminoY así estamos nosotras. Más que hartas. Porque, aunque con más voz y voto que la invisible Mileva –“ropa limpia, comida hecha y nada de sexo”, era lo que le exigió Einstein para alargar su estado de (in) convivencia antes de largarse con todo el reconocimiento para él solito–, continuamos igual de escoradas en el allende de los privilegios. Es que han pasado 110 años y hasta han llegado los cuánticos para poner en duda todo ese universo relativo, pero seguimos sin encontrar la fórmula para encauzar un desplazamiento femenino auténtico. Más de un siglo después, y no damos con nuestro hueco en esa curvatura del espaciotiempo que Mileva intuyó antes que nadie. Muchos días de la mujer y muchos gritos violeta, y todo respira igual. La vida late como siempre.Y no, no basta con enviar a una mujer a la
Luna para sugerir que la igualdad está de camino (¿tres hombres orbitando y a ella le toca reparar el váter?) si en lo básico permanecemos en el lado oscuro. Haciendo más por menos. Callando más y hablando menos. Aguantando más y reaccionando menos. Sacrificando más y recogiendo menos. Y aparentando, además, no sea que alguien se ofenda, que estamos relativamente satisfechas con la comedia.Margarita Puig (Barcelona). Empezó su carrera profesional en el Diari de Barcelona . Desde entonces la hemos visto y escuchado en programas tan variados como Gol a Gol ; Tot l’esport ; Bonic vespre ; Versió Original; El club; Catalunya, parada i fonda ; Senyores i senyors , en el programa de Toni Clapés Versió RAC1 ; en Els matins de Josep Cuní , en TV3; en 8 al dia , de 8TV; Escletxes en BTV y Blanc sobre Blanc , en el Canal 33. Conocedora de los rincones más recomendables e insólitos de Barcelona, también es autora de guías como Restaurantes de Barcelona donde nunca te han llevado