La calle de Isla Soledad, en
Madrid, desemboca cuesta abajo en una cl�nica psiqui�trica. A la soledad no deseada conducen, sin embargo, numerosas circunstancias. "No te puedes expresar, sientes a veces que es como una muerte en vida", dice
Loli sobre esa soledad asfixiante que sufr�a. Ha cumplido los 64 y vive en Catalu�a. "Aunque ten�a gente a mi alrededor, no sent�a que me tuviesen en cuenta", apostilla.Hace ocho a�os
Loli se integr� en los grupos 'Acompa�ando a la soledad' impulsados por Jordi Ram�n en el Parc Sanitari Sant Joan de D�u. "Ven�a mucha gente mayor con diagn�sticos de depresiones, de trastornos de �nimo, que ten�a un problema de soledad", explica este enfermero especializado en salud mental. Su iniciativa, reconocida con cuatro premios, re�ne en total a unas 350 personas en diferentes barrios de Cornell� (Barcelona)."Cuando estamos arriba no pensamos que vamos a caer", cuenta
Veva, 61 a�os, desde Andaluc�a. "Ten�a una vida superc�moda y de la noche a la ma�ana todo eso se rompi�", a�ade. Encontr� un asidero en la asociaci�n 'Te necesitas', fundada por el sacerdote Joaqu�n S�nchez y la escritora Magdalena S�nchez Blesa en la provincia de
Murcia en 2023. Hoy despliega unos 400 voluntarios que atienden telem�ticamente a miles de personas de 45 a 80 a�os dentro y fuera de Espa�a."La soledad en la masa es un drama del siglo XXI", como define Joaqu�n S�nchez. Magdalena, diputada socialista en la Asamblea Regional, hab�a tomado conciencia del problema al compartir su tel�fono en las redes sociales. "Llamaban con depresiones, ansiedad, mucho miedo". As� descubri� la soledad de las madres ninguneadas. "Llega un momento en que ven que su vida se escapa". Les dedic� el poema que da nombre a la asociaci�n. "Y no se te pregunta por tu risa / que se fue diluyendo con la tarde / Y siempre los dem�s y para cu�ndo / una cita contigo en cualquier parte".Pero hay muchas soledades que ni pisan la calle. Seg�n el Bar�metro de la Soledad No Deseada (2024), que elaboran la Fundaci�n ONCE y la Fundaci�n Axa, un 20% de la poblaci�n espa�ola la sufre y un 13'5%, desde hace m�s de dos a�os. En febrero el Gobierno aprob� una Estrategia Nacional para detectarla y crear en diferentes �mbitos un tejido comunitario que, como estas iniciativas, sirva de red para combatirla.Victoria RoviraAraba Press"Nacemos con una necesidad desesperada de conectar. Sin ese v�nculo no podemos desarrollar nuestro sistema nervioso y no podemos mantener la supervivencia. La ausencia de otra persona est� se�alada en el cerebro como el peligro m�ximo". Son palabras del psiquiatra Rafael Benito, coautor junto a Ic�ar Garc�a-Varona del libro 'El cerebro solitario' (Editorial Sentir). Dibuja un contexto: al envejecer muchas personas tienden a retraerse "por incremento de la desconfianza o de la inseguridad".A esa evoluci�n natural se suman factores que erosionan la salud mental y las relaciones interpersonales. Los enumera Alicia M�guez, doctora en Psicolog�a, del Colegio Oficial de Psicolog�a de Vizcaya: las enfermedades y las limitaciones que suponen, el aislamiento social, los problemas econ�micos, las diferencias culturales y un bajo nivel educativo.Las dolencias mentales a veces afloran en la consulta del m�dico de cabecera. Las personas mayores presentan de forma prevalente "s�ndromes depresivos, ansiosos, distimias, que son depresiones muy mantenidas en el tiempo", especifica Luis Fern�ndez-Pacheco, coordinador de Salud Mental de la Sociedad Espa�ola de M�dicos Generales y de Familia. Algunos pacientes pueden expresar "una tristeza mantenida, sin un motivo claro". Cuando indaga en la esfera emocional emergen "conflictos personales o familiares, y la sensaci�n de abandono, de quedarse descolgados".Tanto el m�dico de familia como la psic�loga remarcan la estrecha relaci�n entre la evoluci�n f�sica y la ps�quica. "Es como un c�rculo vicioso", ilustra Alicia M�guez, con amplia experiencia en residencias de ancianos y colaboradora de la asociaci�n de geriatr�a y gerontolog�a Zahartzaroa. Apunta s�ntomas que pueden reflejar los problemas mentales. "El autocuidado se deja de lado. Cambios en rutinas, una persona activa deja de salir a la calle, de relacionarse. O al rev�s, alarga mucho las conversaciones con desconocidos o va de forma reiterada al ambulatorio, la farmacia o a una tienda".Para saber m�sLa sombra de soledad no deseada que acent�a esas circunstancias y dolencias se hace densa, envolvente. "La degeneraci�n de las conexiones neuronales es m�s temprana y acelerada en las personas que han vivido soledad no deseada durante largo tiempo", explica el psiquiatra Rafael Benito. Y ese deterioro, certifica, alimenta el aislamiento.La soledad deja entonces de ser una calle para convertirse en callej�n sin salida. "Duele mucho m�s cuando te haces mayor", cuenta
Veva. "Eres un cero a la izquierda, dejas de sentirte persona", recapitula tras a�os con depresi�n, demasiados d�as sin levantarse de la cama. "Sent�a que no era nadie", dice
Loli, con id�ntica enfermedad. "Un d�a dije 'aqu� no hago nada'", contin�a. El dolor de ambas confluye. "Hab�a pensado en quitarme la vida", admite una. "Intent� suicidarme", reconoce la otra. En las dos conversaciones se hace un silencio.Jordi Ram�n, del Parc Sanitari Sant Joan de D�u, aporta una cifra: 46 personas de una muestra de 265 que participaban en los grupos 'Acompa�ando a la soledad' hab�an hecho un intento autol�tico. Los datos del INE para toda Espa�a recogen una media de 8,1 muertes por suicidio por cada 100.000 habitantes en 2024, con una tasa masculina (12,1) que triplica a la femenina (4,2). La tasa m�s alta en mujeres se sit�a entre los 50 y 59 a�os, con m�s de 7 fallecimientos por 100.000 habitantes; en hombres, sube al 23,9 entre 80 y 84 a�os, y a partir de los 85 a�os supera las 40 muertes por cada 100.000 personas."Los varones somos mucho m�s parcos en expresar esto, ha habido varones en edad geri�trica que han hecho un intento de suicidio, incluso consumado, y en muchas ocasiones nadie sospechaba nada", comenta el m�dico de familia Luis Fern�ndez-Pacheco. "Dan menos se�ales previas y utilizan m�todos m�s letales", completa la psic�loga Alicia M�guez. Ante el escaso margen para prevenir, reclama atenci�n a circunstancias desencadenantes como s�ntomas depresivos previos o la viudedad reciente. Lo cierto es que en los grupos 'Acompa�ando a la soledad' y en la asociaci�n 'Te necesitas' participan sobre todo mujeres. "Los hombres no suelen venir mucho, da mucha verg�enza decir que uno est� solo", corrobora el enfermero Jordi Ram�n.
Loli junto a Jordi Ram�n, enfermero e impulsor de los grupos 'Acompa�ando a la soledad'Victoria RoviraAraba Press"Siempre me he comido el mundo y ahora el mundo me come", lamenta
Veva. Se ve�a ya "en el suelo", cuando por consejo de una amiga escribi� a Magdalena S�nchez Blesa. Desde entonces y, pese a la distancia f�sica, cuatro "�ngeles" voluntarias y un psic�logo han apuntalado su estado de �nimo. En la actualidad conecta con talleres de lectura, de escritura creativa, de habilidades e intenta asistir a los encuentros presenciales. "Estoy saliendo del hoyo, he dado grandes pasos", asegura, y recomienda la poes�a de Magdalena a otras mujeres en soledad. "Hay que despertar a la sociedad", comenta la escritora, "cuando te distancias no eres capaz de contarte nada". Incide en dos conceptos: acompa�ar y v�nculo."Me da la vida", confirma
Loli sobre el grupo de personas en soledad al que se uni�, como parte del tratamiento, en Cornell�. Una vez por semana desarrollan actividades sencillas y gratuitas como alfabetizaci�n, pintura f�cil, cine f�rum. Prolongan las clases con un caf� y se juntan a comer los viernes. "Hemos creado como una familia", describe sonriendo.Jordi Ram�n, impulsor de esta iniciativa, agrega que los asistentes eligen las actividades pero pone el acento en la relaci�n. "Lo importante es escuchar, la gente no son diagn�sticos, no son pastillas". Plantea una atenci�n m�s comunitaria que sanitaria. "La idea era no medicalizar el malestar de vivir. Acompa�ar es importante. Sobre todo lo que necesitan es un sentido pertenencia". Y as�,
Loli reparte tr�pticos para invitar a m�s personas. Al igual que
Veva, es cuidada y ahora cuidadora, una mano tendida a tantas soledades encerradas en s� mismas.La actual directiva de la Asociaci�n 'Te necesitas', con Joaqu�n S�nchez (cuarto por la izqda.) y Magdalena S�nchez Blesa (tercera por la dcha.)Alicia M�guez, psic�loga, apela a la empat�a para derribar barreras. "Que todas las personas sientan que podemos estar en esa situaci�n". A las familias les pide que no caigan en el abandono ni en la sobreprotecci�n. "Que esa persona mayor se mantenga activa, se relacione, que conserve amistades anteriores va a enriquecer su vida y ser un factor de protecci�n".Para el m�dico de familia Luis Fern�ndez-Pacheco tan importante como la parte sanitaria resulta la parte comunitaria. "Que las personas mayores no se sientan un mueble en el desv�n, sino realmente �tiles, tienes que darles una participaci�n". Pone como ejemplo a los abuelos que detienen el tr�fico cuando los ni�os salen del colegio.�Pueden aprender las personas mayores? "Nuestro sistema cerebral nunca pierde plasticidad, el inter�s por algo diferente", apostilla el psiquiatra Rafael Moragas. Lamenta que en esta �poca "de idolatr�a de la juventud" olvidemos que las personas mayores son "expertos en la vida que pueden transmitir muchas cosas". Sobre las relaciones interpersonales, sentencia, es m�s importante la calidad que la cantidad, hacer ver a los mayores que tienen un lugar en nuestra cabeza y nuestro coraz�n. "Evitar que se sientan solos: si conseguimos que tengan un acompa�amiento, vamos a tener oportunidades de monitorizar su estado".La calle de la Esperanza, en
Madrid, es empinada pero en ella irrumpe la luz desde la contigua calle de la Primavera. "Tenemos que complicarnos la vida, activarnos", demanda la escritora Magdalena S�nchez Blesa. "Que no nos dejemos hundir, que busquemos ayuda", reclama
Veva, amparada por su asociaci�n. "Si yo dejo el grupo vuelvo a caer en picado", confiesa
Loli. Pone el punto final el enfermero Jordi Ram�n, impulsor de esos grupos de acompa�amiento. "�Qu� previene la soledad, el suicidio? A veces la pastilla es un beso, un abrazo, una llamada, cualquier peque�o gesto es mayor protector que otra cosa".Este reportaje forma parte del proyecto 'Once vidas' impulsado por EL MUNDO para la prevenci�n del suicidio, del que forman parte Rafael �lvarez, Yaiza Perera, Rebeca Yanke y Santiago Saiz.